Es una gracia y un signo de esperanza para la Iglesia y el pueblo cubano la ordenación episcopal de Monseñor Osmany Massó Cuesta, Obispo electo de la diócesis del Santísimo Salvador de Bayamo-Manzanillo. Cuando todo se vuelve tan oscuro en estos tiempos de incertidumbre global por las guerras en Oriente donde mueren tantas personas inocentes a causa de la codicia de territorios siempre existe una luz que ilumina el camino para seguir peregrinando con esperanza.

Agradezco de corazón a la Iglesia de Cuba por invitarme a la consagración episcopal de mi hermano Mons. Osmany Massó Cuesta en la Iglesia Catedral de Santiago de Cuba el 14 de marzo pasado. Además de vivir un momento fuerte de sinodalidad entre las iglesias hermanas de Cuba y República Dominicana he palpado con emoción la profunda fe de un pueblo que tiene firmemente enraizada en Dios el ancla de su esperanza. Fue una gracia acompañar al consagrante, Mons. Dionisio García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba y co-consagrantes: Mons. Álvaro Beyra Luarca, Obispo emérito de Bayamo-Manzanillo y el Cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez, Arzobispo de La Habana.

Esta celebración de consagración de mi hermano Mons. Osmany Massó me afianza en la esperanza de la fraternidad. Contemplar la fe ferviente del pueblo cubano y, conociendo los obstáculos que limitan su vida diaria, me impresiona ver cómo los fieles viven tan esperanzados aportando sus dones a la construcción del Reino de Dios. El Espíritu, en su labor de renovar la faz de la Tierra, sopla donde quiere, suscitando sabiduría y entusiasmo para recoger sus semillas y sembrar el futuro. Tenemos el privilegio de asistir a este parto de vida nueva ofrecida hoy en nuestra región para un mundo en crisis.

Estamos en el tiempo de Cuaresma preparándonos para vivir el Misterio del amor de Dios con la Humanidad. Aunque es difícil anunciar la resurrección de Jesús estando inmersos en una realidad de calvario, es vital comunicar la alegría del Evangelio para que no desfallezca la esperanza. La resurrección de Jesús es invitación a mirar el cielo y la tierra nuevos impulsando a las personas en su ilusión por el perfeccionamiento de ellos (GS 39) y afrontar el compromiso por crear con el esfuerzo de sus manos un futuro nuevo. En nosotros está la semilla de la esperanza, los talentos que Dios nos ha dado, la fuerza de la gracia.

Es muy sugerente la Carta Pastoral del Episcopado Dominicano del 21 de enero de 2018 donde se nos dice que la Eucaristía tiene una dimensión social henchida de esperanza: "la Eucaristía, celebrada en comunidad, nos enseña acerca de la dignidad humana, nos llama a tener una relación recta con Dios, con la naturaleza, con nosotros mismos y con los demás, nos invita a la comunidad y a la solidaridad y nos envía en misión a ayudar y transformar nuestras comunidades y al mundo entero. La Eucaristía no debilita, sino que más bien estimula nuestro sentido de responsabilidad respecto a la tierra presente. Ante el rostro de pecado e injusticias que vemos presentes en nuestras comunidades y en nuestro mundo, la Eucaristía pone una semilla de viva esperanza en la dedicación cotidiana de cada uno a sus propias tareas", retándonos a vivir vidas "eucarísticas" y afirmando nuestro papel, tanto como ciudadanos como hombres y mujeres de distintas profesiones y en distintos niveles de la sociedad, cuyo cometido es contribuir con la luz del Evangelio a la edificación de un mundo habitable y plenamente conforme al designio de Dios". Son palabras que animan a seguir anunciando el evangelio a la vez que estar alerta reconociendo y confrontando las estructuras de pecado que tienen oprimidas a nuestras Comunidades.

Encontramos numerosas razones para afirmar que Dios vela siempre por nosotros. El Emmanuel (Mt 1, 23), el "Dios con nosotros" da sentido a nuestra vida. Nos fortalece la esperanza de saber que Dios está siempre con nosotros, sobre todo en estas situaciones tan difíciles que nos toca vivir. Siempre hay una luz preñada de esperanza y alegría después de un tiempo de penuria donde todo deja de tener sentido. La perseverancia en la lucha, la resiliencia frente a la adversidad y el optimismo ante el fatalismo son las mejores actitudes que alientan a las personas y comunidades de todos los tiempos. Solo quienes tienen la mirada más allá de sí mismos poniendo como horizonte a los otros viven la alegría del encuentro y de la fraternidad. Y si este camino de la vida se transita sabiéndose acompañado por el aliento de Dios todo cambia significativamente pues es un gran gozo sentirse amados por él como dice el profeta Sofonías: "El Señor, tu Dios, está en medio de ti, valiente y salvador; se alegra y goza contigo, te renueva con su amor; exulta y se alegra contigo como en día de fiesta" (So 3, 17).

Hay que abrir bien los ojos y darse cuenta de que hay muchas personas y comunidades que se están moviendo para que otros vivan. Se va consolidando la nueva conciencia, los nuevos movimientos y actores sociales que están construyendo laboriosamente la sociedad civil inspirados en las grandes utopías bíblicas como la del profeta Isaías: "he aquí que yo creo cielos nuevos y tierra nueva" (Is 65, 17).

Que nuestras Madres de la Caridad del Cobre y de la Altagracia nos sigan señalando cuándo falta el vino de la alegría para que nunca falte la esperanza en nuestros pueblos.

Mons. Jesús Castro Marte

Sacerdote

Monseñor Jesús Castro Marte. Labores Pastorales: Obispo de La Diócesis Nuestra Señora de La Altagracia, Presidente de la Fundación del Museo de La Altagracia, Gran Canciller de la Universidad Católica del Este (UCADE), Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Dominicano, Presidente del Pensamiento Altagraciano. Maestrías: Magíster Tecnología Educativa, en la PUCMM, 2009; Magíster en Historia Aplicada a la Educación, en la PUCMM, 2012; Máster en Gestión internacional de Universidades, en la Universidad Alcalá de Henares, España, 2014; Máster Internacional en Bioética, Fundación Jérôme Lejeune.

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