Cada persona tiene su Experiencia personal y comunitaria con el Ser Trascendente, aunque sea negativa, negándolo…

¿Dónde y cuándo, a qué edad, se inicia mi experiencia, nuestra experiencia de Dios?  ¿Por qué?

Aquí y Ahora, algún día, y por algún motivo, se ha dado en mi interioridad esta experiencia. Así como un día inicié el camino de la alimentación corporal o el camino de mi escuela. Ordinariamente recordamos el primer día de escuela o colegio.

Recordemos, que tanto el cuerpo necesita alimentarse con el pan material y con el pan de la enseñanza; como también, mi espíritu, desde mi interioridad, necesita alimentarse con la oración, el discernimiento y los sacramentos para poder crecer y desarrollarse plenamente.

¿En la escuela…?, ¿en la Iglesia…?, ¿viendo una película…?, ¿en mi casa cuando mamá nos iba a acostar, que rezábamos…? ¿A partir de mi cuestionamiento personal? ¿Leyendo? ¿Cuándo comienza mi experiencia de Dios…? Positiva o negativa…, ¿con alguien que vi actuar?

Cierto, todos y todas iniciamos nuestras relaciones con el Ser Trascendente, con el Otro y con la Naturaleza en algún momento específico de nuestra existencia. ¿No es verdad?

¿Y nuestra mamá conocía a Dios? “Sí, yo conozco a Dios por su Palabra”, dice Aurora. “Por medio de la Palabra y sus Hechos conocemos las personas…”, dices tú, y yo también. El Ser Trascendente es Persona y tiene Palabra y tiene Hechos… Estamos hecho a imagen y semejanza del Ser Trascendente, Gen. 1,26. Él es un Espíritu Corporal y Nosotros somos un Cuerpo Espiritual. Aquí está la base de mi espiritualidad personalizada, mi relación con el Ser Trascendente, mi experiencia de Dios, y la base de mi amistad, de mi relación con el Otro y con la Naturaleza.

Conocer la palabra de una persona es conocer su persona. Sí. Sea verdad o mentira lo que nos diga, o lo que haga por servicio o mercantilería. Además, Dios es un Espíritu Corporal…

Como vemos, también, nuestras mamás nos enseñan a relacionarnos con alguien Trascendente, que ellas conocen por su experiencia personal, y por lo que Jesús ha dicho de Él; nosotros mismos podemos comprobar…

Nosotros tenemos experiencia de Dios, lo conocemos desde chiquitos porque nos hablan de Él, nos mandan a misa, al culto, a prepararnos para la primera comunión, para confesarnos, y para confirmarnos… Con esas actividades simbólicas nos ponemos en relación con Dios y tanto a nivel personal como en la Comunidad, unidos y organizados con otras personas, nos alimentamos y nos fortalecemos con los sacramentos, la oración y el discernimiento.

Así alabamos, bendecimos y agradecemos al Dios de la vida todo lo que hemos recibido de él; ¡ojo!! con el tiempo…, que nos rutiniza, llegamos a identificar a Dios con el culto e individualizamos esa relación Dios/yo, anulamos la relación Dios/Nosotros; y más aún, despersonalizamos la palabra que nos identifica y nos quedamos con una idea vacía…. Vgr.: Ya la palabra “Iglesia” no somos las personas reunidas para continuar la obra de salvación de Jesús, sino que iglesia son las tablas, los blocks, cemento, arena y varillas con que se hace el edificio donde nos reunimos para el culto. Además, mantenemos unas relaciones con el Ser Trascendente, Dios, comercializada y mecánica. Es decir, pago una actividad cultual para que Dios me resuelva una necesidad personal, familiar o un mal generado por nosotros los humanos…; o recitamos palabras de memoria que hacen alusión a Dios o a alguien que esté cerca de él para que me resuelvan… Nuestra relación con el Ser Trascendente queda desconectada de nuestro comportamiento y de nuestra relación con el otro. El “Yo” queda dueño absoluto de todo lo que hay y es el centro de todo.  Ahora cultivamos una “yoicidad”, más que una espiritualidad personalizada… Ya no es “al otro como a mí”, sino “Yo primero y el otro después…”

Hoy, tenemos que denunciar la “participación hipócrita en el culto divino porque viviendo legitimando un sistema de injusticias participamos alegremente en el culto divino…

Hubo  una época que los profetas denuncian que a Dios no le agradan los sacrificios de animales. Sí, existió una época muy importante en la historia del antiguo Israel en la que los profetas denunciaron con firmeza que a Dios no le agradaban los sacrificios de animales. Este período se concentró principalmente entre los siglos VIII y VI a.C., una era marcada por la corrupción social, la injusticia y la hipocresía religiosa. El mal de la sociedad actual: corrupción, injusticias, clientelismo político, impunidad… no es nuevo en la humanidad. A nosotros corresponde iniciar un proceso de “purificación social”, comenzando por mí, continuando en el otro, dicho proceso. Sólo comenzando se transforma la realidad;

los profetas aclararon que el problema no era el ritual en sí, sino la falta de coherencia moral de quienes los ofrecían. El pueblo cometía crímenes y oprimía a los pobres durante la semana, y luego pensaba que un sacrificio animal podía comprar el perdón de Dios automáticamente.

Pasajes bíblicos clave de la denuncia profética:

  • El profeta Isaías: Fue uno de los más directos al transmitir el rechazo divino: «¿Para qué me sirve la multitud de vuestros sacrificios? Harto estoy de holocaustos de carneros y de grasa de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos» (Is. 1,11). Dios les exigía en su lugar que defendieran al oprimido y buscaran la justicia.
  • El profeta Amós: En el reino del norte, denunció con severidad el culto vacío: «Aunque me ofrezcan sus holocaustos y ofrendas… no los aceptaré ni miraré sus sacrificios de paz de animales engordados» (Am. 5,22). En cambio, pedía que «corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo».
  • El profeta Oseas: Resumió la verdadera prioridad de Dios con una frase célebre: «Porque misericordia quiero yo, y no sacrificio; y conocimiento de Dios más que holocaustos» (Os. 6,6).
  • El profeta Jeremías: Recordó al pueblo que en el desierto, tras salir de Egipto, Dios no les dio mandamientos enfocados principalmente en holocaustos, sino en la obediencia y la fidelidad a su voz (Jer. 7,22-23).

En resumen, los profetas actuaron como la conciencia ética de su tiempo.

Denunciaron que los sacrificios de animales se habían convertido en un "amuleto"

religioso para tapar la maldad, recordando que Dios prefiere la justicia, el amor al prójimo y la honestidad antes que la sangre de cualquier animal.

¿Qué tiene que acontecer para que cambiemos de comportamiento? La experiencia propia de un Dios Vivo y dueño de la Vida tiene que cuestionarnos e iniciemos el proceso de conversión personal y comunitario. Es a cada quien, que nos toca responder, si somos coherentes con nuestra fe…, con la experiencia de Dios, que vive en Mí y en el Otro.

Cada uno de nosotros, humano, tiene su memoria histórica. Tenemos riquezas y debilidades; por igual, a nivel espiritual, tenemos una experiencia de Dios, memoria histórica, no un invento…, lo divino y lo humano se funden en MÍ Y EN TÍ  y somos  un cuerpo espiritual, que tenemos que cultivar con esmero y dedicación durante tengamos cuerpo espiritual. Luego, de esta vida, pasaremos a ser Espíritu Corporal  y continuaremos creciendo porque participamos de a infinitud del Ser Trascendente…

Regino Martínez S.J.

Sacerdote

El sacerdote Regino Martínez es el coordinador del Servicio Jesuita para los Migrantes Refugiados en Dajabón.

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