Los asombrosos hechos ocurridos recientemente, como son la intervención de Rusia en Ucrania, la destrucción de Gaza por Israel y la injerencia de los Estados Unidos en Venezuela y otros países, ponen en evidencia que se está produciendo una transición de una era democrática neoliberal a otra autoritaria y posliberal, con consecuencias imprevisibles para todos las sociedades del mundo.

A finales de la Segunda Guerra Mundial, las sociedades de Europa (occidental y oriental) quedaron divididas entre dos sistemas políticos: el socialismo encabezado por la URSS y el capitalismo hegemonizado por los Estados Unidos. Dos modelos de filosofía política y de gestión del Mercado y, el Estado que se disputaban la legitimidad y el control del poder político a nivel mundial.

En la URSS, la ideología socialista, como discurso y práctica, se legitimaba a partir de la estatización o colectivización de la propiedad, la ausencia de un mercado libre competitivo y una mayor intervención del Estado en la sociedad. Mientras que la ideología de la socialdemocracia Europea y Norteamericana de los años cincuenta se legitimaba a partir de garantizar la propiedad privada, el libre mercado y propiciar una mayor intervención del Estado (de bienestar), como garante de una mejor redistribución de las riquezas.

Desde finales de la segunda guerra mundial, hasta bien entrados los años setenta, los países de Europa y Estados Unidos vivieron la experiencia de un proceso de modernización dinamizada y organizada por la libertad de Mercado, el Estado de bienestar y el fortalecimiento de la esfera civil. Los gloriosos treinta años, tres décadas de desarrollo económico, inclusión social y libertad política, hizo posible el fortalecimiento de la sociedad civil, los derechos de los ciudadanos y las luchas de los movimientos sociales.

Durante este período, se produjo el desarrollo del movimiento obrero, dando lugar al Estado social de bienestar y el aumento de los derechos laborales. El desarrollo del movimiento feminista, las luchas por los derechos civiles, el movimiento juvenil –estudiantil- el ecologista y se incrementaron las demandas por el reconocimiento cultural de los grupos minoritarios étnicos y sexuales.

Es decir que, durante este período (socialdemócrata) se produce un giro cultural en las luchas por las identidades, pues se configuró una cultura woke –progresista- en la esfera civil y, se incrementaron las luchas por el reconocimiento de la diversidad cultural y el multiculturalismo.

Además, tras el desastre de la segunda Guerra Mundial y la inestabilidad política mundial durante el período de guerra fría, se reconoció la necesidad de foros políticos permanentes transnacionales para evitar conflictos a gran escala y regular el comercio mundial. Se fortalecieron los organismos multilaterales que rigen hoy en día, mediante los cuales se garantizaba la paz política, la no intervención en los Estados nacionales, como también el libre comercio y la estabilidad económica global.

Sin embargo, en la actualidad, las conquistas logradas durante el periodo socialdemócrata en materia de equidad social, los derechos civiles de los ciudadanos, en particular de los migrantes y extranjeros, los derechos de protección de la soberanía de los Estados nacionales, la organización mundial del comercio (OMC), como también, el progresismo de la cultura woke de la esfera civil y los movimientos sociales, se están descalabrando bajos los ataques de los nuevos fundamentalismos y neopopulismos de las élites políticas y empresariales, que se han fortalecidos como consecuencias del fracaso de las políticas económicas neoliberales y, la crisis de legitimidad de las instituciones políticas tradicionales.

Y, uno se pregunta: ¿qué es los que ha pasado? A finales de los años setenta, se produjo una cadena de acontecimientos económicos, políticos, sociales y culturales que repercutió en la transformación de las sociedades a nivel global. La crisis política en el Medio Oriente, debido a la revolución iraní en el 1978 y, la guerra entre Irán e Irak, dio lugar al aumento de los precios del petróleo, inflación e incremento de los déficits fiscales en los países desarrollados.

Coyunturalmente, la crisis del petróleo a finales de los años setenta, desató una crisis económica, caracterizada por un proceso inflacionario que afectó el mercado mundial, obligando a los países a iniciar una serie de medidas de políticas económicas para disminuir el gasto público, bajar la inflación y reducir los déficits fiscales de los Estados.

En 1979, la primera ministra del Reino Unido, Margaret Thatcher, sube al poder y en 1980, Ronald Reagan es elegido presidente de los Estados Unidos, ambos con la promesa de superar la inflación, reducir el déficit fiscal y dinamizar la economía. Durante sus períodos de gobiernos, implementaron una política económica de reducción del gasto público, desregulación de las actividades económicas y desmontes de las conquistas sociales y laborales del Estado social de bienestar.

A partir de la década de los ochenta, se inicia el transito del desmontes del Estado de bienestar en los países desarrollados, en particular en Inglaterra y los Estados Unidos y, la implementación un modelo económico neoliberal que se fundamenta en la propiedad privada, la libertad empresarial, la privatización de la propiedad pública, la desregulación del mercado y el deterioro de las garantías laborales de los trabajadores más precariados.

En la URSS, debido a la crisis económica mundial, la falta de competitividad por el bajo nivel de desarrollo tecnológico y la presión de la sociedad civil por la autonomía y democratización de los países de la esfera socialista, se produjo la caída del Muro de Berlín en 1989. Este hecho fue un punto de transición significativo en la historia geopolítica mundial: simbolizando el colapso del Estado socialista en Europa del Este y el auge del modelo Capitalista neoliberal a nivel mundial.

Con la desaparición del sistema socialista de la URSS, los países de Europa del Este y otras regiones, adoptaron las reformas económicas neoliberales, la privatización de los recursos públicos del Estado, la democracia representativa, en un intento -para muchas personas fallido- por modernizar la sociedad, obtener prosperidad y garantizar los derechos civiles y políticos de los ciudadanos.

Con el desarrollo del programa neoliberal a escala mundial, se configuró un fundamentalismo de mercado y adquirió protagonismo una cultura libertaria (el caso de Argentina). El papel del Estado se achicó y se redujo a la creación y preservación del marco legal-institucional que garantiza la propiedad privada, la economía de libre mercado y la libertad individual, sin ninguna protección institucional y/o solidaridad social del Estado.

Durante el periodo de consolidación del neoliberalismo, los datos de los organismos internacionales señalan que se ha incrementado la pobreza y la desigualdad social, produciendo una enorme concentración de las riquezas en las élites políticas y empresariales a nivel mundial. Se han disparados las migraciones de los países menos desarrollados a los más desarrollados. El trabajo para toda la vida ha desaparecido y, los trabajos son, actualmente, más precarios y flexibles debilitando los derechos laborales de los trabajadores.

En términos políticos se han reavivados los sentimientos e imaginarios soberanista, nacionalista e imperialista (caso Trump) como una reacción en contra de las normas del mercado mundial, las regulaciones internacionales en la protección del medio ambiente, en contra de los derechos humanos de los migrantes y, la soberanía de los Estados nacionales.

Por otro lado, se ha estructurado un nuevo fundamentalismo antiwoke (conservador), que busca retroceder los derechos de las mujeres y las minorías sexuales a partir de querer imponer los valores de sus creencias religiosas y su visión tradicional de la familia a todos los ciudadanos.

En esta nueva coyuntura histórica, que se ha fortalecido con la llegada de Donald Trump a los Estados Unidos, se presagia el advenimiento de un mundo posliberal y autoritario, donde reina la incertidumbre, ningún país está seguro y parece que todo es posible. Y nos preguntamos: ¿qué pasará en el futuro? Si estamos condenados a perder las conquistas democráticas logradas y, retroceder a época autoritaria ya pasada o, por el contrario, si vendrán nuevas fuerzas, nuevos actores y, nuevos imaginarios sociales que les darán un nuevo impulso a la evolución de las sociedades.

Wilson Castillo

Sociólogo, profesor.

Wilson Castillo es un sociólogo dominicano, investigador y docente universitario, reconocido por sus aportes al estudio de la sociedad dominicana, particularmente en las áreas de teoría social, sociología política, cultural y, su impacto en la juventud dominicana. Es egresado de la Escuela de Sociología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), institución en la que también ha desarrollado una destacada trayectoria como profesor e investigador.

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