Cada día escuchamos más voces que proclaman que es tiempo ya de que nuestro país abrace la sostenibilidad como principio esencial para el crecimiento y desarrollo de todos los sectores productivos del país. Sobre todo, el sector turismo, que es una de las industrias con mayor impacto ambiental, debido al consumo intensivo de recursos naturales, la generación de residuos y la huella de carbono asociada al transporte y la infraestructura.
En los últimos años ha emergido la economía circular, que no es más que un modelo clave para enfrentar los desafíos ambientales y económicos del siglo XXI. Su enfoque está basado en la reducción, reutilización y reciclaje de recursos, que busca minimizar el impacto ambiental y maximizar el aprovechamiento de materiales.
Definitivamente, la implementación de este modelo en el sector turístico puede generar beneficios significativos, tanto para las comunidades locales como para la industria en general.
La economía circular fomenta la reutilización de materiales y productos para prolongar su ciclo de vida, siendo esto un sistema de producción y consumo. A diferencia del modelo lineal tradicional (producir, usar y desechar), la economía circular busca cerrar los ciclos productivos, minimizando los residuos y promoviendo la eficiencia en el uso de los recursos.
Estamos seguros de que este modelo puede transformar el sector mediante la adopción de estrategias sostenibles como:
- Implementación de políticas de reciclaje y reducción de desechos en hoteles, restaurantes y zonas turísticas.
- Optimización del consumo de agua y energía, mediante tecnologías sostenibles.
- Promoción del uso de productos locales para reducir la dependencia de importaciones y apoyar a las comunidades.
- El uso de materiales reciclables y construcción con bajo impacto ambiental.
- La implementación de transporte público ecológico, bicicletas y vehículos eléctricos para reducir las emisiones de CO2.
Muchos destinos turísticos, han incursionado en la aplicación de este modelo, que no sólo beneficia al planeta, sino que también impulsa el desarrollo económico y social de las comunidades que lo implementan. Entre estos podemos citar algunos casos de éxito.
Las Islas Baleares han implementado estrategias de economía circular en el sector turístico a través de la Ley de Residuos y Suelos Contaminados del 2019, que prohíbe el uso de plásticos de un solo uso en hoteles y restaurantes. Además, han promovido la reutilización del agua y la reducción del desperdicio de alimentos en la industria hotelera.
En Ámsterdam, Países Bajos, han desarrollado un modelo turístico sostenible, y se han fijado como objetivo ser totalmente circular para el año 2050. Un ejemplo es el hotel QO Amsterdam, que utiliza un sistema de circuito cerrado para la gestión del agua y la energía, posee un vivero en el techo para abastecerse de alimentos, además de emplear materiales reciclados en su construcción.
Costa Rica, un país reconocido por su liderazgo en el ecoturismo y la sostenibilidad, ha aplicado la economía circular en el turismo a través de la certificación de hoteles ecológicos y la promoción de prácticas sostenibles en parques nacionales. La reutilización de residuos orgánicos en agricultura y la generación de energía renovable son pilares de su estrategia.
Copenhague, Dinamarca, ha integrado estrategias de este modelo económico en su sector turístico con iniciativas como el reciclaje de bicicletas, hoteles con certificación ecológica y la reutilización de aguas residuales tratadas en sus instalaciones turísticas.
Definitivamente, la economía circular representa una oportunidad idónea para transformar el turismo en una industria más sostenible. A través de estrategias innovadoras y el compromiso del gobierno, el sector privado y los turistas que nos visitan, puede ser posible reducir el impacto ambiental sin comprometer la experiencia del viajero. Adoptar la economía circular en el turismo es un paso esencial hacia un futuro sostenible y responsable.
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