La extraordinaria ceremonia inaugural de los Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrada anoche constituye mucho más que el brillante comienzo de una competencia deportiva. Fue una demostración del talento, la creatividad, la capacidad organizativa y la hospitalidad de la República Dominicana, proyectando ante la región una imagen moderna y orgullosa de su identidad.
El espectáculo ofrecido, cuidadosamente concebido y ejecutado, evidenció que nuestro país posee la capacidad de organizar eventos internacionales con altos estándares de calidad. Cada elemento de la ceremonia transmitió un mensaje de confianza, profesionalismo y sentido de pertenencia, confirmando que el deporte también puede convertirse en un poderoso instrumento de política exterior.
Precisamente ahí radica su mayor trascendencia.
En el siglo XXI, las naciones no solo fortalecen su prestigio mediante acuerdos diplomáticos o relaciones comerciales. También lo hacen a través de la cultura, el turismo, la ciencia y el deporte. A esta forma de proyectar una imagen positiva hacia el mundo se le conoce como diplomacia pública, tema central de mi reciente libro Diplomacia Pública para la República Dominicana.
El profesor Joseph S. Nye Jr. denominó soft power o "poder blando" a la capacidad de un país para influir mediante la atracción y el prestigio, más que por la fuerza. Los grandes acontecimientos deportivos representan una de las expresiones más eficaces de ese poder, porque permiten mostrar al mundo no solo las capacidades organizativas de una nación, sino también sus valores, su cultura y el carácter de su gente.
La historia ofrece ejemplos elocuentes. Barcelona 1992 proyectó una España moderna y abierta al mundo; Seúl 1988 fortaleció la imagen internacional de Corea del Sur como una nación innovadora y en pleno desarrollo. Esos eventos trascendieron el ámbito deportivo para convertirse en hitos de su proyección internacional.
La República Dominicana tiene hoy una oportunidad similar.
Cada atleta, periodista, dirigente deportivo y visitante que participa en estos Juegos conocerá mucho más que nuestras instalaciones deportivas. Descubrirá la calidez de nuestro pueblo, la riqueza de nuestra cultura, nuestra gastronomía, nuestra música y la estabilidad de nuestro país. Cada experiencia positiva se transformará en un testimonio que contribuirá a fortalecer la imagen internacional de la nación.
Por ello, el éxito de estos Juegos no debe medirse únicamente por el número de medallas conquistadas. Su verdadero legado será el prestigio que logremos consolidar y la confianza que inspiremos en quienes nos visitan y en quienes siguen el evento desde el exterior.
La excelente ceremonia inaugural de anoche dejó claro que la República Dominicana sabe presentarse con dignidad, creatividad y orgullo ante el mundo. Ese mensaje posee un valor estratégico que trasciende lo deportivo y fortalece nuestra reputación internacional.
Cuando concluyan los Juegos, las medallas ocuparán un lugar en la historia del deporte. Pero la imagen de un país organizado, hospitalario, seguro y capaz permanecerá en la memoria de miles de personas.
Ese será, sin duda, uno de los mayores triunfos de la diplomacia pública dominicana.
Compartir esta nota