Cuando el profesor Juan Bosch renunció del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) por considerar que había cumplido su misión histórica, la sociedad dominicana quedó sorprendida, particularmente el litoral de la izquierda revolucionaria por su cercanía con el doctor José Francisco Peña Gómez. Tuvo que trabajar con mucha dedicación para explicar los principios ideológicos y políticos, éticos y morales, y su extraordinario paso hacia la construcción de una nueva organización política: El Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

Muchos pusieron en duda las aseveraciones de don Juan y la posible desaparición del PRD, por la fortaleza del liderazgo del doctor José Francisco Peña Gómez. Las instituciones políticas con el arraigo emocional, como el del “jacho prendió” y “el buen que más hala”, ralentizan su tiempo para su descomposición ética y moral. Lo que queda son residuos residuales cuyas siglas todavía, en estos tiempos, generan dinero suficiente para que sus propietarios mantengan el negocio.

El Partido Revolucionario Moderno (PRM) es la continuación histórica del PRD, descalificado por el profesor Bosch. El inolvidable maestro argumentaba que ese partido político ya no servía como instrumento adecuado para transformar el país. Idéntico camino recorre el nuevo partido moderno, que de moderno no tiene nada, dirigido por el actual presidente Luis Abinader Corona y el expresidente de la república Hipólito Mejía Domínguez. Pero también recibe el apoyo electoral de sectores de la izquierda revolucionaria que viven enamorados, un amor platónico, del pensamiento democrático heredado del viejo partido presidido por el doctor José Francisco Peña Gómez.

El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) ha dejado de ser el partido de Juan Bosch al entregarse en cuerpo y alma a la corrupción administrativa, de todo tipo, y servil sin escrúpulos al poder extranjero

El PRD en una primera etapa y el PRM en la siguiente se convirtieron en piezas de la armadura capitalista para detener el avance de la revolución dominicana. Ambas convirtiéndose en la tumba de los revolucionarios. Hoy como ayer, vulneran la soberanía nacional poniéndola al servicio de los EE. UU. Lo hizo el expresidente Hipólito Mejía con el envío de tropas militares en la guerra de Irak. Y, ahora, el actual presidente Luis Abinader, entregando la Base Militar de San Isidro y el Aeropuerto Internacional de las Américas para que sirvan de abastecimiento en sus agresiones contra la hermana República Bolivariana de Venezuela.

El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) ha dejado de ser el partido de Juan Bosch al entregarse en cuerpo y alma a la corrupción administrativa, de todo tipo, y servil sin escrúpulos al poder extranjero. Es una ofensa al legado de don Juan relacionar semejante especie corrupta con una figura histórica de las estirpes y dimensiones nacionales e internacionales demostradas por el recio profesor. El expresidente doctor Leonel Fernández Reina y el expresidente licenciado Danilo Medina Sánchez son responsables de la degeneración ética y moral del viejo partido de la estrella amarilla y la bandera morada.

Ni el PLD de Danilo Medina, ni tampoco la nueva versión del PLD, Fuerza del Pueblo, de Leonel Fernández, se atreven a pronunciarse en contra de la enajenación del territorio nacional. Para que sirva de enclave y agredir a un país, Venezuela, integrante de la región latinoamericana y caribeña. El principio de la no injerencia en los asuntos internos de otros países está consagrado en nuestra Constitución de la República. La autodeterminación de los pueblos es otro fundamento universal. Ni así se deciden. Por sus compromisos, colas que les pisen y lealtades al poder del norte, que no “come cuento” a la hora de imponer sus voluntades, tienen que comportarse como fieles súbditos.

Don Juan Bosch no se está revolcando en su tumba, como se acostumbra decir. Nada de eso. Se encuentra feliz y contento de que, ante la burda traición, no lo asocien a los actos de corrupción e impunidad que han estremecido a la sociedad dominicana. Y a la vulneración de los sagrados principios en la defensa de la soberanía nacional. La población conoce muy bien la conducta impecable que acompañó al líder y fundador del PLD.

Ninguno de los partidos tradicionales que nos han gobernado representa la dignidad y el decoro del profesor Juan Bosch. El pensamiento democrático de Peña Gómez es inexistente en los gobiernos del PRD y el PRM. Sentimientos políticos subjetivos que solo estimulan a sectores de las izquierdas y los progresistas para justificar sus alianzas y pactos electorales en búsqueda de nombramientos y otras miserias. La partidocracia ha quedado atrapada en la telaraña de la corrupción y la impunidad, agravado por la penetración del narcotráfico y las ambiciones tentaculares de los países poderosos en lo político, económico y social. Y los movimientos geopolíticos que acomodan las fichas en el tablero internacional y regional.

Fortune Modeste Valerio

Economista

Estoy de regreso a la patria después de permanecer más de 35 años en el exterior. Estudié Contabilidad Superior, Auditoria Interna y Economía en la O y M.

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