Cuando el petróleo sube, no solo aumenta el combustible; se encarece el transporte, la electricidad, los alimentos y, finalmente, el costo de vida en general. Esta dependencia convierte parte de nuestra inflación en “inflación importada”, es decir, una inflación que se origina en vulnerabilidades estructurales externas. Mientras no diversifiquemos la matriz energética ni fortalezcamos la producción local de alimentos, insumos y bienes de capital, seguiremos siendo sensibles a esos choques.
La cuenta corriente de la balanza de pagos cerró al mes de septiembre del año 2025, con un déficit de US1,891.1 millones, inferior en un 62% a los resultados del mismo periodo del año 2024, y en un 50% al valor de todo el año. La dos causas fundamentales de este déficit son de carácter comercial y por déficit en la renta de inversión originado en la inversión extranjera y en la inversión de cartera.
La balanza comercial cerró con un déficit de US10,719.1 millones, en tanto la balanza de servicios logró un superávit de US6,410.3 millones. De hecho la diferencia entre ambas balanzas resultó en un déficit de US4,308.8 millones,
Con relación a la balanza comercial destaca el valor de las importaciones que casi duplican a las exportaciones. En República Dominicana la estructura de las importaciones se agrupan en tres componentes: bienes de consumo, materia prima y bienes de capital.
Los bienes de consumos son el 46%, las materias primas el 39% y los bienes de capital el 15%. Se infiere que los dos principales efectos del crecimiento de los precios internacionales en material comercial se originan en las importaciones de bienes de consumo, los cuales afectan directamente a la población y los costo de producción de las empresas, los cuales al final también se traducen en mayores precios a los bienes del consumo, afectando al mismo tiempo la competitividad de nuestras exportaciones, debido a que parte de nuestras exportaciones requieren de insumos importados.
En los bienes de consumos la importación de productos blancos derivado del petróleo son el 14% del total de las importaciones, en tanto que para materia prima el petroleo crudo y reconstituidos es el 2% del total de los bienes comprados en el exterior. Esto indica que el crecimiento de los precios del petroleo y sus derivados afecta estructuralmente los precios del petróleo y como se sabe los precios del petroleo impactan de manera altamente sensible en automóviles, electrodomésticos, herramientas, repuestos de vehículos, estufas y otros.
La suma del resultado en la balanza comercial y el de la renta de inversión ascendieron a un déficit de US17,063.8 millones. Este es un enorme déficit que se financia con entradas de divisas originadas en diversas fuentes, siendo una de ellas las remesas internacionales, inversiones extranjeras, deuda externa, entre otros.
La existencia de una inflación importada tiene múltiples causas, dentro de ella el comportamiento de los precios internacionales, debido cambios de la oferta y la demanda, en donde se produce un déficit de oferta o producto de situaciones críticas internacionales asociados con los conflictos internacionales, que afecten el comportamiento de la oferta. También, puede se impacto por costos logísticos, políticas comerciales restrictivas, factores climáticos, entre otros.
En otro orden, existen elementos estructurales de los mercados. Se debe destacar que en algunos sectores estratégicos existen grados de concentración que limitan la competencia efectiva. Mercados con pocos oferentes pueden reaccionar más rápidamente al alza que a la baja. Es decir, los precios suben con facilidad ante choques, pero si bajan lo hacen lentamente cuando las condiciones mejoran. Además, existen rigideces logísticas y regulatorias que encarecen la distribución, almacenamiento y comercialización, que a su vez afectan los niveles de eficiencias.
La ausencia de eficiencia en la cadena logística internacional o en la cadena de distribución interna, se traduce en presiones inflacionarias. La inflación, en este sentido, también es un síntoma de fallas estructurales en el funcionamiento del mercado. En el mundo actual, la inflación también se construye en la mente de los agentes económicos. Si empresarios y trabajadores anticipan que los precios seguirán subiendo, ajustan salarios y precios preventivamente, generando un círculo que se autoalimenta.
La inflación puede convertirse en un mecanismo silencioso de ampliación de desigualdad, deteriorando el salario real y afectando más a los sectores vulnerables. Por eso, hablar de inflación no es solo hablar de dato; es hablar de bienestar social. El escenario internacional actual muestra mayor fragmentación comercial, tensiones geopolíticas persistentes y mercados financieros más sensibles a riesgos fiscales y monetarios.
Uno de los indicadores que se utiliza para medir la desigualdad es el coeficiente de GINI. Este depende de factores fundamentales como: nivel salarial, distribución salarial, la tasa de desempleo, la informalidad y el nivel educativo. También, influyen la crisis económicas, situaciones de pandemia, guerras, crisis energética, nivel de desarrollo tecnológico, entre otros como la productividad, la diversificación productiva, cuales son los sectores lideres del crecimiento económico.
Los estudios indican que la inflación puede influir en el comportamiento del coeficiente de GINI, pero no como determinante. Más bien el efecto de la inflación es por medio de los ingresos reales donde la relación es negativa y más fuerte.
Resulta evidente, que en el período analizado, para el país, reducción de la desigualdad en la última década parece estar más vinculada al aumento de los ingresos reales de los trabajadores que al crecimiento del PIB por sí solo.
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