La inflación por su naturaleza afecta de manera desigual las condiciones materiales de vida de los seres humanos, expresándose en la distribución de poder adquisitivo, bienestar y riqueza. Esto es mucho más pronunciado en los países de elevada inflación, pero evidente en países de baja inflación, en especial cuando no viene acompañada en ajustes equivalentes en los ingresos del consumidor.
Históricamente, la República Dominicana se ha caracterizado por inflación moderada o baja. En el país la inflación meta es un 4%, con un 1% hacia bajo y otro porcentaje similar hacia arriba. Este comportamiento visto como un indicador relativamente sano, pero al final del túnel, toda inflación tiene sus daños.
Es relevante connotar, que si bien la República Dominicana es un país que ha logrado un ambiente de estabilidad macroeconómica, caracterizado por inflación dentro del rango meta y economía en crecimiento, el gran problema es la sostenibilidad estructural, la distribución del ingreso y la escasez persistente de crecimiento de la productividad, influyendo en la débil movilidad social del país. Por este motivo me he atrevido abordar el tema de la inflación y sus causas estructurales.
Si bien la inflación es un fenómeno de naturaleza económica, de lo que hablamos es que también es eminentemente social y político, y su impacto final es sobre las gentes, aun sea en distintas miradas. En los indicadores mensuales de inflación, así como los interanuales y los acumulados, se podría pensar que la inflación es solo un dato estadístico. Es importante subrayar que ver la inflación unicamente como una variación estadística es ignorar su naturaleza más profunda. Un número lo es en cualquier campo, pero su naturaleza puede ser diferente, de modo que no se trata solo de una operación matemática o estadística.
Los países se pueden diferenciar de distintas forma. Pero desde el punto de vista de la economía, sus grandes diferencias están en las estructuras productivas, niveles de productividad, costos financieros, marcos regulatorios, grados de competencia, cargas tributarias, composición sectorial, informalidad y riesgos macroeconómicos distintos.
Estos factores no solo influyen en la formación de los precios, sino también en la determinación de los márgenes de ganancia a lo largo de la cadena económica, los cuales son finalmente pagados por los consumidores y apropiados por los agentes que participan en la producción, distribución y comercialización de bienes y servicios, pero también todo esto influye, dado el carácter de la propiedad y las relaciones de producción, en dar respuesta del por qué también los margenes de ganancias son un componentes importantes en el precio final y la inflación tienda a empeorar más a los segmentos que dedican la mayor proporción de sus ingresos al consumo, disminuyendo a su vez la capacidad de esto para cambiar la estructura y la calidad de su canasta básica.
Realmente, en muchos países, incluso la República Dominicana, la variación del indice general de precios no es un tema coyuntural y muchos menos casual; en economías como la nuestra, es también el reflejo de elementos estructurales acumulados durante décadas. En consecuencia, la inflación cuando se puede estudiar como un fenómeno estructural, hace que sus efectos se expresen en el deterioro del poder adquisitivo, la distribución del ingreso, el bienestar, la riqueza y el empobrecimiento de grandes masas humanas. Esto indica que es más que un dato, por eso es más conveniente verlo como un indicador, de dimensiones económicas, sociales y políticas.
¿Indicador de qué, por ejemplo? De cómo puede verse afectado el costo de la canasta básica y, en consecuencia, el costo de la vida, que es un concepto más amplio, pero estrechamente influido por el primero. Este indicador también permite analizar el comportamiento de los ingresos reales y evaluar el estado de la estabilidad macroeconómica de una economía. Pero su importancia va más allá de los agregados económicos: permite comprender los desafíos cotidianos que enfrenta un hogar ubicado en un barrio marginado o en una comunidad con altos niveles de pobreza. Permite entender la angustia de quien apenas logra cubrir sus necesidades básicas, incluso la realidad de un mendigo que depende de la caridad para alimentarse. Y, al mismo tiempo, ayuda a explicar por qué los hogares de mayores ingresos suelen experimentar efectos mucho menores. En realidad, detrás de este indicador no solo hay cifras o estadísticas, sino realidades sociales profundamente distintas.
Los cambios en los precios no impactan de la misma manera a todos los ciudadanos, porque tampoco todos consumen lo mismo ni disponen de los mismos ingresos. Por eso, más que un simple dato económico, este indicador revela algo mucho más profundo: la estructura social de una economía. Allí donde algunos ven solo números, en realidad se están reflejando las condiciones de vida de millones de personas.
Los ricos y los pobres no consumen lo mismo; existen diferencias en estructura, calidad y diversidad de los productos que consumen y en consecuencia tienen impactos nutricionales diferentes, ya esto lo explicó el economista alemán Ernst Engel. Los pobres concentran sus ingresos en consumos esenciales para poder vivir, en los ricos ocurre lo contrario y su capacidad de ahorro es invertida para acumular riqueza y vivir con opulencia. Los ricos pueden consumir más bienes y servicios La inflación de alimentos tiene un impacto mucho mayor en el costo de la vida, especialmente en economías como la dominicana donde los alimentos representan una gran parte del gasto familiar.
La República Dominicana es una economía abierta y altamente dependiente de importaciones estratégicas: combustibles, insumos agrícolas, materias primas industriales y bienes intermedios. Esto implica que cualquier choque internacional, sean conflictos geopolíticos, tensiones energéticas o interrupciones logísticas, se transmite en cambios de los precios internos.
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