El comportamiento de la demanda energética a escala mundial revela una mutación profunda en los cimientos del consumo contemporáneo, transitando desde una fase de estabilización macroeconómica hacia un ciclo de intensa aceleración tecnológica y climática. En le Republica Dominicana, al examinar la serie histórica comprendida entre los años 2009 y 2020, se evidencia un periodo de crecimiento sostenido pero predecible, caracterizado por una expansión acumulada del 53.31% en el que los valores pasaron de 10,225.8 Gigawatts-hora (GWh) a 15,677.4 GWh. Este ciclo  registró su mayor repunte interanual en el bienio 2009-2010 con un incremento del 8.47%, reflejo de la vigorosa reactivación económica global posterior a la crisis financiera del año 2008. A lo largo de ese onceno, la tasa de crecimiento anual promedio se situó en un 3.95%, derivado de los informes del Ministerio de Energía y Minas dominicano.

No obstante, el quinquenio del 2020 al 2025, marcó una ruptura de paradigma y una notable dinamización del mercado energético al registrar una expansión acumulada del 32.18% en apenas un lustro, culminando con un volumen de 20,721.6 GWh. Este tramo reciente estuvo signado por el comportamiento excepcional del periodo 2022-2023, donde la variación porcentual interanual alcanzó un histórico 11.92%, elevando la tasa de crecimiento anual promedio a un 5.80%. Esta aceleración de casi dos puntos porcentuales por encima del promedio histórico es la manifestación cuantitativa de nuevas fuerzas que operan de manera asimétrica en la geografía económica global, divididas entre la sofisticación de las infraestructuras en el mundo desarrollado y el cierre de brechas estructurales en las regiones emergentes.

En las economías avanzadas, el vector fundamental del crecimiento ha dejado de ser el incremento poblacional o la producción manufacturera tradicional, siendo sustituido por el proceso de transformación digital y la electrificación de sectores críticos. La proliferación masiva de centros de datos y el procesamiento exponencial que exige la Inteligencia Artificial generativa representan hoy una demanda de energía sin precedentes, requerida tanto para el sostenimiento de los flujos de información como para los complejos sistemas de climatización industrial que estos demandan. De manera paralela, la transición energética en el transporte individual y público mediante la adopción del vehículo eléctrico, junto con la sustitución de sistemas térmicos obsoletos por bombas de calor de alta eficiencia, ha trasladado hacia la red eléctrica necesidades energéticas que antes dependían directamente de los combustibles fósiles.

Por el contrario, en los países en vías de desarrollo el impulso obedece a factores de carácter demográfico y de infraestructura básica, concentrando de forma colectiva el 75% del crecimiento total de la demanda mundial. En estas latitudes, los motores de la expansión son la urbanización acelerada, la industrialización tardía y la urgente electrificación de los sectores domésticos y productivos que presentaban notables retrasos en su modernización. Este fenómeno se manifiesta con especial vehemencia en naciones como India, China y diversos estados del continente africano, donde los cambios tecnoproductivos están transformando la vida social a un ritmo tan vertiginoso que distorsiona las proyecciones globales. La dimensión de este desplazamiento geográfico de la demanda queda en evidencia ante las estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía, las cuales proyectan que el incremento absoluto en el consumo eléctrico de China será de una magnitud equivalente a la totalidad de la demanda actual de la Unión Europea.

A este complejo panorama de transiciones estructurales se añade un factor transversal de alta volatilidad: la variable climática. El incremento paulatino de las temperaturas y la frecuencia de olas de calor extremo a nivel global han alterado los perfiles de consumo diario, forzando picos de demanda por refrigeración. En el contexto de la República Dominicana, esta confluencia de factores plantea desafíos severos para la administración pública. Gestionar tasas de crecimiento que superan con creces los promedios históricos obliga a ejecutar inversiones en infraestructura de transmisión a una velocidad superior a los ciclos presupuestarios habituales. Asimismo, presiona las finanzas del Estado a través de los subsidios eléctricos y exige una aceleración en la diversificación de la matriz hacia fuentes renovables, únicas capaces de absorber la demanda marginal de manera sostenible y mitigar la exposición a los mercados internacionales de hidrocarburos. Un fuerte crecimiento del consumo es inevitable, su exageracion: es, fiscalmente, peligroso.

Antonio Almonte

Físico nuclear

Actual Director Ejecutivo de la Comisión Nacional de Energía del PRM. Graduado en física y en ingeniería nuclear (Madrid y Londres).

Ver más