Lo importante y decisivo de estas reflexiones no es la cantidad de preguntas respondidas o los temas reflexionados…, o lo comentado con alguien…
Ahora, tenemos que tratar de caer en la cuenta de la necesidad personal y comunitaria de cultivar una espiritualidad, que me y nos defina un estilo de vida, que desarrolle en mí y en el nosotros, la personalidad del SIERVO, LA SIERVA. Esta personalidad no es exclusiva de los consagrados en la vida sacerdotal, religiosa, o matrimonial, sino que es la invitación de Dios para toda persona bautizada y para todo ser humano.
La personalidad del siervo, de la sierva, no se consigue en ocho días, ni en un mes de ejercicios espirituales, ni solo con reflexionar, sino que es la tarea de cada día durante toda la vida.
Para mantener y fortalecer el cuerpo físicamente tenemos que alimentarnos diariamente tres veces al día y hacer ejercicios físicos…
Para definir la identidad personal y comunitaria del SIERVO, de la SIERVA, nos hacen falta: la opción vital y tener un «modo», una manera de mantenernos en comunicación continua con Dios: una espiritualidad personalizada apoyada en mi valor originario personal y el valor originario institucional: si estoy consagrado por el bautismo, o como sacerdote, como religioso/a o como casado por la Iglesia…, tenemos que alimentarnos con acciones espirituales: la oración, los sacramentos y con el discernimiento…, así se va definiendo y fortaleciendo la personalidad del siervo, la sierva; es decir, una persona que sirve a los demás hasta el extremo, Jn. 10, 17-18.
¿Cuál ha sido mi preocupación cotidiana, hasta ahora?
Estamos tratando de definir una espiritualidad personalizada: cristocéntrica, porque nos proponemos pensar como Jesús (meditación), sentir como Jesús (contemplación), para actuar como Jesús (acción).
Tanto san Ignacio de Loyola, como otros maestros: san Romero de América, san Francisco de Asís…, el cura de Ars…, san Juan de la Cruz…, santa Teresita… Son maestros de espiritualidad; su carisma personal les lleva a fundar instituciones de servicio en la Iglesia católica, que nos fortalecen y nos definen un «modo», un «cómo relacionarnos con Dios, con los demás y la naturaleza…»
Si en los artículos publicados hasta ahora he exagerado por capricho, por desviación ortodoxa o por interés personal… pueden quitarle lo que ustedes crean que hay de más: pero no anulen todo lo que he escrito porque algo de verdad hay… Pueden quedarse con el % de verdad que ustedes juzguen sea de Dios: que les lleve a beneficiar primeramente al empobrecido; a actuar con misericordia, buscando la salvación del que sufre y del que hace sufrir; lo que hagan les meterá en problemas; pero pase lo que pase…, mantener la actitud de humildad y disponibilidad: «siervo inútil soy…», (Lc. 17, 10). Dios no nos deja solos…
Tenemos que permanecer unidos a Dios pase lo que pase; como lo hizo Jesús, que a pesar de sentirse dolorido y solo en su agonía, exclama: «¿Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?» Mc. 15, 33-34. Jesús reclama, pero no se aleja de Dios y antes de morir dice: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu», Lc. 23, 46. Jesús permanece unido a su Padre pase lo que pase…
Siempre tenemos que cortar por lo sano para acabar con un mal y eso es doloroso… Si andamos con ñe… ñe… ñe… dialogando con el mal… O cogiéndonos pena: «es que soy así…» «…es que desde chiquitico…» «¡Ay, hombre!», «¡pobrecito de mí!». Así no pondremos en práctica lo que Dios nos pide. Jesús en el desierto nos da una buena lección, cuando las tentaciones del mal espíritu… Mt. 4, 3: actuó sin contemplaciones, tajante: «…no solo de pan vive el hombre»; «…no pongas a prueba al Señor tu Dios»; «…vete, Satanás, porque la Escritura dice: adorarás al Señor tu Dios». Jesús no duda en lo que está; Jesús es tajante, radical, no come cuentos…
La fidelidad al valor originario personal y comunitario, la creatividad con libertad en debilidad solidaria es lo que nos mantendrá en crecimiento continuo; en relación continua con Dios, con el Otro y la Naturaleza (contemplación para alcanzar amor, ignaciana).
El valor originario personal, el valor fundante eclesial, el carisma de la congregación u orden y de la familia, son complementarios y son absolutos personales innegociables… Tienen la misma fuente originaria: Dios, y la misma finalidad: hacer presente el Reino de Dios. La diversidad genera unidad… Aquí está la raíz de que la voluntad de Dios es anterior a la obediencia… Tanto la voluntad del superior como la del súbdito tienen que coincidir para hacer lo que Dios quiere. Sugiere. Invita… La obediencia es la coincidencia libre de voluntades: Dios, superior, súbdito.
EN TODO, AMAR ES SERVIR.
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