Buenos días.

Antes que nada, queremos agradecer la presencia de los familiares, amigos y relacionados que hoy nos acompañan para rendir un justo y merecido homenaje a los héroes Juan Tomás Díaz Quezada y Antonio de la Maza Vásquez.

Nuestro especial agradecimiento a la Comisión Permanente de Efemérides Patrias, en la persona de su presidente, el señor Juan Pablo Uribe, por la organización de este solemne encuentro y por mantener viva la llama de la memoria en este sexagésimo quinto aniversario de la Gesta del 30 de Mayo de 1961.

Nos reunimos hoy aquí no solo para recordar, sino para ejercer el sagrado deber de la gratitud.

Hoy quiero nombrar con profundo orgullo a dos gigantes de aquella gesta libertaria: a Juan Tomás Díaz y a Antonio de la Maza Vásquez, quienes un día como hoy, un 4 de junio de 1961, cayeron batiéndose en armas en este mismo sitio, en una lucha heroica, pero desigual.

Juntos planificaron el fin del régimen, ampliaron el grupo de conspiradores con un profundo sentido de unidad y lealtad, y ejecutaron el ajusticiamiento del tirano. De la misma manera, decidieron morir juntos, dejándonos un legado de compañerismo inquebrantable que debe servir de guía para quienes luchamos por preservar la verdad histórica.

Ellos, junto a sus valientes compañeros, sellaron el pacto más alto que un ciudadano puede ofrecer: entregar su propia vida para que nosotros respiráramos libertad. Al decapitar la tiranía trujillista, nos devolvieron la dignidad como seres humanos. Por eso, sus nombres no pertenecen al pasado; están grabados para siempre en las páginas más gloriosas de nuestra historia.

El tiranicidio no fue un suceso fortuito. Fue el mayor acto de justicia y redención de nuestra historia contemporánea; el grito que rescató a la patria de treinta y un años de terror, sangre y humillación.

El 29 de mayo de 2021, durante la inauguración de la exposición «1961: el año de la libertad», celebrada en el Centro de los Héroes, el presidente Abinader manifestó: «Honremos también hoy aquí a los que vendrán mañana para mantener la antorcha encendida de nuestra libertad».

Sin embargo, la libertad es una llama frágil y la memoria suele ser esquiva. Exige un resguardo constante para que ese fuego sagrado, que ellos encendieron con su accionar libertario, jamás llegue a extinguirse. De lo contrario, por culpa del olvido, terminaríamos entregando a las futuras generaciones una antorcha apagada.

Por eso, resulta doloroso e incomprensible que, a sesenta y cinco años de aquella hazaña, la República Dominicana mantenga una herida abierta con sus libertadores. Es desgarrador saber que todavía hoy nadie puede decir con certeza dónde descansan los restos de la mayoría de ellos. Fueron víctimas de la crueldad de la dictadura, pero también de un largo y espeso silencio cómplice.

Ya en diciembre de 1961, el doctor Eduardo Sánchez Cabral se lo advertía al presidente Balaguer en una carta desgarradora: los hijos de estos hombres quedaron como «huérfanos de la patria». Y hoy, más de seis décadas después, esa orfandad moral continúa. Sus familias no tienen un lugar sagrado donde llorar a sus muertos o elevar una oración, y la sociedad tampoco cuenta con un altar público donde rendirles el tributo que ganaron con su sangre.

Quienes liberan a un pueblo no merecen el olvido del anonimato. Su lugar legítimo no es la incertidumbre de la tierra perdida; su lugar es el mármol de los inmortales. Y ese espacio sagrado tiene un nombre: el Panteón de la Patria. Allí es donde deben ser trasladados sus restos, y allí es donde sus nombres tienen que quedar esculpidos en piedra para las futuras generaciones. Solo así daremos un testimonio real de justicia y saldaremos una de las deudas morales más graves de nuestro Estado democrático.

Señor presidente Luis Abinader: la Fundación Hermanos de la Maza, la Fundación Héroes del 30 de Mayo y nosotros, los familiares que cargamos con este orgullo y este dolor, apelamos hoy a su alta investidura. La historia y la dignidad nacional exigen que el Panteón de la Patria abra, por fin, sus puertas a los hombres que nos devolvieron la libertad.

Bajo esa premisa de justicia histórica, le cedo la palabra.

¡¡Muchas gracias!!

Oscar Antonio de la Maza R.

Oscar A. De la Maza

Presidente de la Fundación Hermanos de la Maza

Presidente de la Fundación Hermanos de la Maza. Ingeniero agrónomo con posgrado en Administración y Negocios. Consultor en energía renovable, eficiencia energética y gestión medioambiental. Coautor del libro "La transición a la democracia: del 30 de mayo de 1961 a la Navidad con libertad.

Ver más