El Tapiz de Bayeux es una de las creaciones más fascinantes que han llegado a nuestros días desde la Edad Media. Hasta la fecha no existe ninguna otra obra de arte textil europeo de tamaño y relevancia semejantes. Sobrevivió milagrosamente un sinnúmero de guerras, revueltas y revoluciones y casi mil años después de su realización sigue guardando secretos y planteando interrogantes. Comenzando con que su nombre no es correcto. Técnicamente no es un tapiz, ya que las imágenes que representa no son tejidas sino bordadas. Tampoco fue elaborado en Bayeux. Lleva nombre de este pequeño pueblo al norte de Francia porque allí es donde esta célebre creación está conservada y exhibida desde el momento de su creación. Este inmenso paño dividido en nueve paneles de lino cosidos entre sí de casi 70 metros de largo, medio metro de ancho y un peso aproximado de 350 kilogramos representa 626 personas, de las cuales solo 3 son mujeres, 202 caballos y mulas, 55 perros, 505 animales fantásticos y bestias, 37 edificios y fortalezas y 41 barcos.  La composición narra los hechos transcurridos entre 1064 y 1066 que condujeron a la conquista normanda de Inglaterra. La fluidez de narración y la calidad expresiva de la obra la asemejan a la historieta moderna, por lo cual a menudo la consideran el primer cómic de la historia. Las escenas se desarrollan secuencialmente y se complementan con breves inscripciones en latín que ayudan a identificar hechos y personajes.

El tapiz combina relato, propaganda política y documentación visual que lo convierte en una fuente fehaciente sobre la historia, el modo de vida, la diplomacia, la economía, la navegación, la arquitectura militar y civil, los equipamientos y las armas, las costumbres y la vestimenta de la Edad Media. Uno de los detalles más singulares de la pieza es la primera representación conocida del cometa Halley, que fue visible en el cielo de Inglaterra entre el 24 y el 30 de abril de 1066.  “Isti mirant stella” (Ellos miran la estrella) dice la inscripción al lado de la imagen, mientras un grupo de personas a la izquierda la señalan con temor interpretándolo como un mal presagio en la coronación del rey Harold, cuya imagen está a la derecha.

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El Tapiz de Bayeux, fragmento. El cometa Halley.

El relato se inicia en 1064 cuando Eduardo, el rey de Inglaterra, al final de su vida y sin herederos directos, envía a su cuñado Harold a Francia para ofrecerle la corona a su primo, Guillermo de Normandía. Rompiendo el juramento de fidelidad, Harold se apodera del trono tras la muerte de Eduardo en enero del 1066.

Guillermo decide castigar al traicionero y durante varios meses prepara un gran ejército, construye una flota y asegura el apoyo de los nobles normandos. Finalmente, en octubre del mismo año desembarca en Inglaterra y derrota al ejército enemigo en la batalla de Hastings.

La historia está incompleta, faltan las escenas que siguen luego de la victoria. Probablemente existió la sección final que mostraba la coronación de Guillermo como rey de Inglaterra en la abadía de Westminster y que con el tiempo ha desaparecido.

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El Tapiz de Bayeux, fragmento. Eduardo el Confesor da instrucciones a Harold el Sajón.

El significado de algunas figuras todavía no ha sido descifrado. Una de ellas es la de la mujer identificada con el nombre de Ælfgyva. Aparece en la escena titulada “Ubi unus clericus et Aelfgyva” (Aquí un clérigo y Aelfgyva) que no tiene relación aparente con la historia principal, lo que ha generado numerosas polémicas y teorías entre los historiadores.

Está parada en el marco de una puerta, mientras un clérigo le toca la mejilla, un gesto muy extraño, ya que en aquellos tiempos estaba terminantemente prohibido el contacto físico entre religiosos y mujeres. Podría interpretarse como una bendición o una amonestación, el contexto de su interrelación no está claro. En el borde, a los pies de la dama, hay un hombre desnudo, imitando la postura del sacerdote, colocado, quizás, para indicar algún escándalo sexual de la época.

Siendo esta la única escena en toda la obra en la que la mujer es la protagonista, el episodio que se representa debe tener alguna importancia para la historia de la Conquista Normanda. Pero todavía no existe una explicación definitiva y la identidad de la misteriosa Ӕlfgyva se ha perdido en la bruma del tiempo.

El Tapiz de Bayeux, fragmento. Un clérigo y Ӕlfgyva.

Los bordes del paño, de unos 7 centímetros cada uno, están poblados de animales fantásticos. Sus figuras no son simples adornos sino que funcionan como advertencias y a veces críticas a las acciones políticas y militares de las escenas que se desarrollan en el centro. Así, los dragones de dos patas aparecen justo debajo de escenas donde ocurren traiciones y mentiras, los centauros simbolizan la lucha permanente entre la razón (el torso humano) y los instintos salvajes (el cuerpo de caballo) e indican el caos que traen los juramentos rotos y las guerras cuando los hombres pierden su bondad y se entregan a la violencia. Las bestias mitológicas se alternan con escenas de algunas Fábulas de Esopo, como El lobo y el cordero creando un paralelismo directo con la invasión normanda, o El zorro y el cuervo en alusión a la diplomacia engañosa para obtener ventajas políticas.

En cuanto a la autoría de la pieza, ésta sigue siendo tema de debate. Hasta ahora no se han encontrado documentos de la época que permitan conocer los detalles de su creación. Durante un tiempo se creyó que fue obra de la reina Matilde de Flandes, esposa de Guillermo el Conquistador, y sus sirvientas; de allí uno de sus nombres secundarios, Tapiz de la reina Matilde. Sin embargo los estudios modernos indican que probablemente fuera encargado por Odon, obispo de Conteville y hermano materno del rey normando, para decorar la catedral de Bayeux el día de su consagración, el 14 de julio de 1077.

Los historiadores piensan que fue confeccionado por artesanos ingleses, posiblemente en Canterbury o Winchester, poco después de la conquista normanda. Esta hipótesis se basa en características artísticas y técnicas propias de los talleres anglosajones. La homogeneidad del diseño hace pensar que los trabajos fueron supervisados por alguien con criterio artístico que además dominaba el latín, probablemente un clérigo. El bordado fue realizado con lana teñida con plantas como el índigo, la purpurina, la rubia y la gualda. En cuanto a las técnicas, se emplearon dos, una tradicional para los contornos de las figuras, y otra especial conocida como punto Bayeux que permitía ahorrar apreciados hilos de color y evitada el peso excesivo de la pieza.

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El Tapiz de Bayeux, fragmento. La batalla de Hastings

La historia de la supervivencia del Tapiz de Bayeux es tan apasionante como los hechos que narra.  Pocas obras de arte han escapado a tantos peligros: a los casi mil años de desgaste natural se suman guerras, revoluciones, saqueos, manipulaciones políticas, traslados, amenazas de destrucción y censura.

La primera mención de la obra data de 1476, cuando aparece en el inventario de la Catedral de Bayeux. Se exhibía una vez al año, en julio, el resto del tiempo permanecía cuidadosamente enrollado y guardado en una caja de madera que lo protegió de varios incendios que sufrió la edificación.

Su primer infortunio llegó con la Revolución Francesa cuando en 1792 estuvo a punto de ser usado como lona para cubrir un carro destinado al transporte de municiones. Se salvó gracias a la intervención de un abogado local quien logró que el paño fuera trasladado a un lugar seguro y dos años después fue declarado tesoro nacional. En 1803 Napoleón Bonaparte ordenó su traslado a París para usarlo como arma de propaganda para justificar una posible invasión a Gran Bretaña que nunca ocurrió y el tapiz regresó a Bayeux.

En 1816 el anticuario inglés Charles Stothard realizó una copia extremadamente fiel del original que años después fue censurada. Las figuras masculinas desnudas presentes en varias escenas fueron consideradas indecorosas para la sensibilidad victoriana y algunos detalles anatómicos fueron eliminados en las reproducciones grabadas de la obra. Durante décadas las personas que la conocieron a través de esta versión “purificada” desconocían las diferencias. A finales del siglo XIX, durante la guerra franco-prusiana, el gobierno ordenó la evacuación del Tapiz de Bayeux para resguardarlo de los posibles daños.

La Segunda Guerra Mundial volvió a moverlo. Para protegerlo de los bombardeos fue trasladado a varios lugares, terminando en los almacenes del museo de Louvre. Fue objeto de estudios de la Ahnenerbe (Herencia de los Ancestros), una sociedad pseudocientífica de la temible SS fundada por Heinrich Himmler.  Los especialistas nazis buscaban pruebas irrefutables de la supremacía aria supuestamente contenidas entre las figuras bordadas. Pensaban llevárselo a Alemania al final de la ocupación, pero la rápida liberación de París frustró esos planes.

En 1982 la pieza fue restaurada. Se eliminaron antiguas reparaciones poco rigurosas, se estabilizaron los tejidos originales y se diseñaron condiciones de exhibición mucho más estrictas. Desde 1983 permanece en el Museo de la Tapicería de Bayeux en una sala especialmente diseñada, con condiciones estrictas de iluminación, temperatura y humedad para garantizar su conservación. Está desplegado en toda su longitud en una vitrina curva en forma de U que permite observarlo de manera continua, sin interrupciones.  En 2007 fue inscrito por la UNESCO en el Registro Memorial del Mundo, reconociendo así su excepcional valor.

Actualmente el tapiz está a punto de iniciar una nueva travesía. El Museo de Bayeux está cerrado por remodelación y la obra será prestada al Museo Británico, donde se exhibirá temporalmente hasta julio de 2027. Es la primera vez que saldrá de Francia en casi mil años. Emprenderá el viaje más cuidadosamente planificado de toda su historia, protegido por una cápsula con control climático diseñada para minimizar las vibraciones y proteger una de las creaciones textiles más frágiles y valiosas del mundo.

La obra es mucho más que el relato bordado de una conquista. Es un testigo de casi mil años de historia europea. Concebido para celebrar la victoria de un rey, terminó convirtiéndose en una victoria sobre el tiempo. Y mientras sus hilos continúen intactos, el Tapiz de Bayeux seguirá contando un relato que aún no ha llegado a su fin.

Elena Litvinenko de Vásquez

Historiadora del arte

Elena Litvinenko es licenciada en Historia y Teoría del Arte, con grado de maestría en Bellas Artes y especialización en Pedagogía y Psicología de Educación Superior. Es egresada del Instituto Estatal de Artes de Kiev (Ucrania). Ha llegado al país en 1986 y se ha dedicado a la carrera docente, impartiendo diferentes asignaturas relacionadas con la Historia del Arte, Arquitectura, Artes Aplicadas, Diseño gráfico, Moda, Museología y Museografía en las principales universidades del país: UASD, APEC, INTEC, Universidad Católica Santo Domingo entre otras. Es autora de varios libros, artículos, folletos, cursos didácticos y programas. Ha impartido cursos especializados y diplomados en varias instituciones culturales del país y ha participado como ponente en conferencias científicas y simposios realizados en el país y el extranjero. Es miembro fundadora de la Asociación Dominicana de Historiadores del Arte ADHA y forma parte de su junta directiva.

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