Desde hace algunos meses, el conflicto entre Irán y EEUU ha oscilado entre la guerra y la paz. Los esfuerzos por encontrar una solución diplomática se han visto interrumpidos por episodios de enfrentamientos. Sin embargo, durante la última semana, los combates en el Golfo se han intensificado drásticamente, mientras que los esfuerzos de paz se han estancado.
La toma de la mayor parte de la costa yemení del Mar Rojo por parte de la milicia hutí, estrechamente aliada con Irán, ha desviado la atención hacia un nuevo frente en el conflicto. Los hutíes también atacaron la infraestructura energética saudita. Sus acciones coincidieron con un ataque con drones que obligó a cerrar el oleoducto Este-Oeste que atraviesa Arabia Saudita. Al parecer, ese ataque se lanzó desde Irak, donde operan milicias chiitas respaldadas por Irán. Días después, se pospusieron las conversaciones entre Irán y los Estados del Golfo, destinadas a abrir el Estrecho de Ormuz.
Con la propagación de los combates, Arabia Saudita se encuentra ahora en primera línea, lo que pone en peligro la capacidad del reino para exportar petróleo y los grandes planes de desarrollo del príncipe heredero Mohamed bin Salmán, conocido como MBS. Están surgiendo nuevas restricciones al suministro de energía justo cuando el mundo occidental se adentra en el invierno. Esto, a su vez, socava la afirmación de la administración de Trump de que EEUU está ganando gradualmente ventaja en su lucha contra Irán.
La guerra entre EEUU e Irán puede verse como un conflicto tridimensional. La primera dimensión es el campo de batalla. La segunda es el conflicto económico. La tercera es la batalla de las narrativas. Las tres están vinculadas y, en este momento, se están volviendo en contra de EEUU.
Cuando EEUU e Israel iniciaron la guerra el 28 de febrero, creían que su superioridad militar era tan abrumadora que ganarían fácilmente. Pero la capacidad de Irán para resistir el primer asalto —y luego cerrar el Estrecho de Ormuz y atacar a los países del Golfo— disipó la ilusión de una guerra corta.
El cierre del estrecho y el bloqueo estadounidense contra Irán intensificaron la segunda dimensión de la guerra: la lucha económica. Al bloquear las exportaciones de petróleo y atacar a los países del Golfo, los iraníes esperaban infligir suficiente daño económico como para ponerle fin a la guerra en sus propios términos.
Tras llegar a la conclusión, a regañadientes, de que no existe una forma militar sencilla de reabrir completamente el estrecho de Ormuz, EEUU recurrió a su propia forma de guerra económica. El bloqueo estadounidense tiene como objetivo colapsar la economía iraní al estrangular las exportaciones de petróleo del país.
Hasta la intervención de los hutíes, la Casa Blanca se mostraba cada vez más segura de que podría ganar la batalla económica. Llegaba suficiente petróleo al mercado mundial como para mantener el precio por debajo de los US$100 por barril. Los esfuerzos de EEUU por proteger a los buques que atraviesan el estrecho de Ormuz parecen haber elevado los envíos de petróleo a aproximadamente un tercio de los niveles previos a la guerra. Y los sauditas y los países del Golfo habían buscado una ruta alternativa al estrecho de Ormuz, transportando petróleo por oleoductos hasta los puertos del Mar Rojo y el Golfo de Omán. Los avances de los hutíes y el ataque al oleoducto Este-Oeste representan una amenaza evidente para esa ruta alternativa. Si se producen más ataques contra el oleoducto —o contra los barcos que atraviesan el estrecho de Bab al-Mandeb—, el suministro de energía del Golfo hacia el oeste podría verse interrumpido de manera mucho más drástica.
La economía iraní está sufriendo mucho, con una inflación galopante y una moneda en caída libre. Pero para que la guerra económica funcione, debe traducirse en presión política. Y el sistema autoritario de Irán protege a sus líderes de ese tipo de presión. El régimen iraní disparó y mató a miles de sus propios ciudadanos en las calles a principios de este año y sigue ejecutando regularmente a disidentes. Por el contrario, la administración de Trump enfrenta unas elecciones de mitad de período cruciales y es muy consciente de que el aumento vertiginoso de los precios de la gasolina socavará el apoyo a los republicanos. Los países del Golfo tampoco están acostumbrados a las dificultades económicas. El ataque al oleoducto saudita es un recordatorio inquietante de la vulnerabilidad de gran parte de la infraestructura del Golfo.
Estos últimos acontecimientos en las dimensiones militar y económica de la guerra cambiarán la tercera dimensión: la batalla de las narrativas. Es importante tanto para EEUU como para Irán convencer a su propia población y al mundo en general de que tienen la ventaja. La nación que pierda la batalla de las narrativas corre el riesgo de perder también la iniciativa política y diplomática.
EEUU querrá ahora recuperar esa iniciativa. Pero resulta significativo que Donald Trump aparentemente haya rechazado las solicitudes de MBS de lanzar ataques militares inmediatos contra los hutíes.
Esto sugiere que EEUU es cada vez más consciente de los límites de lo que puede lograr mediante la fuerza militar. Los hutíes son adversarios particularmente difíciles. Llevan más de 20 años luchando de manera intermitente. Con la ayuda de Irán, han sobrevivido a los ataques de naciones mucho más ricas y con ejércitos mucho mejor equipados —entre ellas Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, EEUU e Israel.
A los hutíes, al igual que a los talibanes en Afganistán, a veces han sido menospreciados como fanáticos poco sofisticados. Pero las comparaciones simplistas de equipo militar no cuentan toda la historia. Al igual que los talibanes, los hutíes tienen a su favor la motivación y el conocimiento del terreno, y están demostrando ser imposibles de someter.
En su primer mandato, Trump llegó a la conclusión de que los talibanes no podían ser derrotados y negoció el acuerdo de paz que finalmente condujo a la humillante retirada de EEUU de Kabul en 2021. Ahora, el presidente de EEUU quizás tenga que decidir si quiere enfrentarse a los hutíes, así como a Irán. O si, una vez más, EEUU necesita aceptar las pérdidas y retirarse.
Gideon Rachman. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.
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