Al sentarme a escribir sobre Wenceslao Nicolás Vega Boyrie descubrí que no me nacía el elogio ni el inventario de méritos. Para eso están la Academia, sus libros y los manuales con que se formaron varias generaciones de abogados dominicanos. A mí me nace del corazón: dar las gracias.

Enseñó santo Tomás que la gratitud tiene por objeto recompensar de algún modo al bienhechor por el beneficio recibido. La palabra viene de gratia, y nombra la conciencia de haber recibido algo gratis, sin merecerlo. Ahí está su nobleza: nadie obliga a nadie a dar, y nadie obliga a nadie a agradecer. Hija de la justicia y de la humildad, la gratitud es una deuda que nadie viene a cobrar y que el hombre noble paga igual. 

El más ingrato de todos no es el que niega el beneficio ni el que lo disimula, sino el que se olvida de él. Y nuestro refrán lo dice en una línea: no es bien nacido quien no es agradecido.

Dos frases de la Escritura, que no están juntas y que leo como si fueran una sola, explican por qué hablo hoy y expreso: con el corazón se cree, y de la abundancia del corazón habla la boca. No hay gratitud muda. La que se queda dentro todavía no ha llegado a serlo.

Y hay algo que suele pasarse por alto: la gratitud nace más de la actitud de quien nos dio que del bien que recibimos. Uno agradece el desinterés. Uno agradece que le hayan dado el tiempo y el cuidado sin estar obligados a dárselo.

Wenceslao fue de esos, estuve con el recién graduado de derecho, me acogió en su oficina de abogados. Nunca fue mi profesor en un aula, y fue mi maestro. Nunca me presentó una cuenta, y nunca terminé de pagarle.

Gracias, Wenceslao, por el tiempo. Cada consulta la convertía en lección, y cada duda la resolvía como si el favor se lo hicieran a él. Nunca hizo sentir que le estaba quitando la mañana. Y el tiempo es lo único que no se recupera: quien nos lo da, nos da un pedazo de su vida.

Gracias por la formación, que en mi caso no vino en forma de cátedra. Me dejó mirar cómo trabajaba, con ética, y ahí estaba todo: la palabra empeñada, que obliga más que un contrato; el expediente estudiado por completo, aunque el cliente pague poco; el adversario combatido y respetado; el caso que se rechaza aunque se pierda el honorario; el dato que se verifica antes de afirmarlo. Esa es la ETICA DE TRABAJO que recibí de él. Nunca me la enseñó con ese nombre, y por eso la aprehendí.

Gracias por su humildad. Conocía de historia del Derecho como nadie y jamás hizo alarde de ello. Recibía al estudiante y al magistrado con el mismo trato. Escuchaba antes de opinar, cosa rarísima entre quienes tienen algo que decir.

Gracias por su desprendimiento. Abría su archivo y sus hallazgos a quien se los pidiera, sin condiciones y sin reclamar después el crédito. Regalaba lo que otros guardan bajo llave.

Gracias por una amistad que empezó siendo profesional y terminó ocupando la trascendencia. Yo recibía y él no llevaba la cuenta. Quien da así deja al otro una deuda que no admite saldo, y le deja también la única forma honrada de pagarla: hacer con otros lo que hicieron con uno. A eso he dedicado mis años cincuenta y dos años de docencia. Es la cuota que le abono cada vez que le doy a un joven el tiempo que él me dio a mí.

En estos últimos años, cada vez que me lo encontraba lo abrazaba fuerte, con las dos manos y sin medir la fuerza le daba un beso. Él protestaba entre risas: «me estás aperruchando». Protestaba, pero le gustaba, y yo lo sabía, así que al siguiente encuentro volvía a apretarlo igual. Aquel abrazo era mi manera de decirle, sin discursos, todo lo que le debía. Hoy doy gracias por cada uno de esos apretones. De los abrazos uno solo se arrepiente de los que no dio.

Podría hacer hoy la lista de lo que perdemos con su muerte. Sería larga y sería triste. Prefiero la otra, que es más extensa todavía y no se pierde.

Que hoy me duela su ausencia significa que lo tuve cerca. Que ya no pueda llamarlo para consultarle una duda significa que hubo un tiempo largo en que lo llamaba y él contestaba. Que sus libros me miren desde el estante con otra cara significa que me los dio dedicados. Que sienta que me falta un maestro significa que tuve uno, cuando tantos se forman sin haber tenido ninguno.

Cuando la gratitud se dirige a Dios se vuelve oración. Nos despoja del orgullo, porque obliga a admitir que no nos hicimos solos, y nos mueve a responder al bien con el bien. Por eso rezo hoy con el salmista: Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. No en vano la Eucaristía significa acción de gracias: lo más alto que sabemos hacer los cristianos es dar las gracias. En la misa que acabamos de celebrar hubo, pues, dos agradecimientos: el de la Iglesia, que da gracias por la redención, y el de cada uno que valoro su existencia, que da gracias por él.

Cantaba Violeta Parra: gracias a la vida, que me ha dado tanto. A mí la vida me dio, entre otras cosas grandes, a Wenceslao Vega Boyrie, y no seré yo quien lo calle ni quien lo olvide.

A Nereyda, su compañera, y a sus hijos —Zoila Altagracia, Julio José, Emile Eduardo, Pedro Pablo, Ana María, Rosa Indhira, Bernardo Luis y Nereyda Teresa— les digo que el país le agradece a su padre una obra que seguirá enseñando por mucho tiempo, y que hay quienes, además, le agradecemos algo que no cabe en ningún libro suyo. Ustedes lo tuvieron todos los días. A nosotros nos tocó una parte, y con esa parte nos alcanzó para toda la vida.

Adiós, amado Wences, amigo. Descansa en paz.

La memoria del alma no conoce sepultura.

Juan Francisco Puello Herrera

Abogado

Juan Francisco Puello Herrera es abogado egresado de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) en 1972, donde fue Decano de la Facultad de Derecho, profesor de Derecho Civil y director de los Consultorios Jurídicos. Cuenta con una vasta experiencia de más de 52 años de ejercicio profesional, representando a empresas nacionales e internacionales en numerosos negocios transaccionales y litigios, principalmente sobre asuntos civiles, comerciales, laborales e inmobiliarios, así como en el manejo de acuerdos, negociación y conciliación, notaría y derecho societario. Es considerado un referente nacional en derecho corporativo, resolución alternativa de conflictos y derecho deportivo. Realizó la Maestría en Ciencias Religiosas (1991-1995) en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), Post Grado en Especialización en Derecho Constitucional de la República Dominicana (2010) y Maestría en Derecho Constitucional Público (2011-2012) en la Universidad Castilla-La Mancha; Diplomado en Derecho Procesal Penal y Constitucional en la Universidad de San José Costa Rica (2007) y Diplomado en Arbitraje Comercial Internacional (2009) en la Cámara de Comercio de Bogotá. Es Doctor en Derecho (PhD) por la Universidad Externado de Colombia en convenio con la PUCMM. Fue profesor de Derecho Comercial de la Universidad APEC y UNIBE. Actualmente labora para la PUCMM, donde imparte Sociedades Comerciales en la Maestría de Negocios Corporativos y Resolución Alternativa de Conflictos a nivel de licenciatura. Desde 2007 hasta 2015 fue coordinador de la Maestría en Negocios Corporativos en la PUCMM, y desde 2015 hasta 2021 fue miembro del Comité de Ciencias Jurídicas de Postgrado. Es miembro del Consejo Directivo de la Escuela Nacional de la Judicatura y Comisionado de la Confederación de Béisbol Profesional del Caribe (CBPC). Es un reputado Árbitro y Mediador del Centro de Resolución Alternativa de Controversias de la Cámara de Comercio y Producción de Santo Domingo (CCPSD). Ha recibido reconocimientos como la Medalla de Honor al Mérito de la Cámara de Comercio y Producción de Santo Domingo por su contribución al desarrollo y fortalecimiento del Arbitraje Comercial Internacional y Comercial en la República Dominicana, el reconocimiento de la Universidad APEC por su contribución a la formación profesional, y la Medalla al Mérito de la Comisión Interamericana de Arbitraje Comercial (octubre, 2013). Es autor de diversos libros y de más de un centenar de artículos de interés jurídico. Es miembro de número de la Academia de Ciencias y del Colegio de Abogados de la República Dominicana, así como del Colegio Dominicano de Notarios.

Ver más