UNO
La manida expresión de ¨La condición humana¨, tan cara a la cultura francesa, y a la Europa dueña del pensamiento occidental, se ha derrumbado ante nuestros ojos como un castillo de naipes. Siempre me pregunté por qué André Malraux tituló su novela del mismo modo, siendo como es un texto de carácter histórico ficcional, pero la ¨ Condición humana¨ es un fresco gigantesco de la especificidad del ser. Frente a su invocación toda la verdad de la existencia nos salta al cuello, y nos define como ser humano. Se juega la idea de la libertad, se valora la vida, nos ratificamos como seres sociales pertenecientes a una entidad cuyo valor esencial es la vida. ¨La condición humana¨ es lo intransferible, lo que hace única a una persona. Lo que convierte en único a un ser humano, de ahí la importancia de la vida y la trascendencia de coexistir en un estado de derecho.
DOS
Pero la posmodernidad nos ha hundido en la indiferencia, la información corre a una velocidad inalcanzable para el pensamiento, el cerebro humano se quedó detrás de su propia creación. Y hay otro ser, o cosa, más inteligente que los seres humanos en la tierra. LA TIERRA ES YA OTRA. Todos los días hay una masacre pavorosa que niega la condición humana. Todos los días lo que la humanidad recuperó de sus guerras, y sobre los cuales fundó la condición humana, cae en pedazos y se convierte en polvo de la irracionalidad. La gran conquista, el descubrimiento principal del pensamiento occidental fue la RAZON, ese efluvio del pensar que caracteriza el ser en sociedad. La razón ha muerto. Murió René Descartes, murió Immanuel Kant con todo y la bondad inmanente. Murieron todos los pensadores racionalistas que la evolución del pensamiento de los seres humanos produjo. ¡Ha muerto la condición humana, ha muerto la razón!
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