Las múltiples divisiones del Partido Reformista después de la muerte de Joaquín Balaguer, ocurrida en el año 2002, condujeron unos años más tarde al colapso electoral de esa organización política, sin que surgiera propiamente un partido reemplazo. La mayoría del electorado balaguerista se mudó al PLD.

La división del PRD en el año 2014 produjo su colapso electoral, pero también rápidamente el surgimiento de un partido reemplazo, el PRM, donde se alojó la inmensa mayoría de la dirigencia ex perredeísta y su electorado.

La división del PLD a fines de 2019 generó un nuevo partido, la Fuerza del Pueblo, encabezado por uno de los dirigentes históricos del peledeísmo, Leonel Fernández. Ese liderazgo ha sido sostén de la FP, pero también un obstáculo para la expansión rápida de ese partido. Hasta el momento, la FP no ha podido reemplazar al PLD disminuido.

Leonel Fernández arrastra lo bueno y lo malo de haber sido presidente tres veces.

Le beneficia ser súper conocido y contar con grupos de apoyo leales, beneficiarios de sus gestiones anteriores. Le perjudica, sobre todo, los recuerdos de los actos de corrupción en sus gobiernos y el cansancio que produce en la ciudadanía ser una figura en el epicentro de la política dominicana por más de 30 años.

La razón principal por la cual la Fuerza del Pueblo no ha podido reemplazar al PLD (como sí hizo el PRM con el PRD) es que muchos altos dirigentes peledeístas no se han mudado a la FP. Para ellos, hacerlo significaría dedicarse a luchar para que Leonel Fernández vuelva al poder por cuarta vez.

El PLD, por el contrario, es un campo abierto donde diferentes políticos pueden por lo menos aspirar, aunque sea con bajas posibilidades de ganar elecciones por el momento.

Es decir, mientras el PLD es una ecuación abierta, la FP es una ecuación cerrada. Su liderazgo se limita a Leonel Fernández, y en el caso eventual que ceda, el beneficiario sería su hijo Omar Fernández. No hay espacio para más aspirantes presidenciales.

La paradoja radica en lo siguiente: esa ecuación de liderazgo cerrada facilita que un segmento electoral del peledeísmo se sienta cómodo mirando hacia un partido donde se sabe quién será el candidato (de ahí su fortaleza), pero a la vez pone un techo al crecimiento de la FP porque el PLD sigue todavía aglutinando la mayoría de la alta dirigencia peledeísta y parte de su electorado.

Para el 2028, la FP tendrá casi 10 años de existencia. Esas elecciones serán cruciales para su futuro porque si no gana, el liderazgo de Leonel Fernández perderá impulso como figura con potencial presidencial en elecciones subsiguientes. Por edad, para Fernández el tiempo es crucial.

Si logra volver a la presidencia, pospondrá el turno de su hijo. Si no vuelve, habrá construido un partido para la herencia de su hijo.

Mientras tanto, en el PRM y el PLD habrá una efervescencia de aspirantes presidenciales. Esa competencia bien conducida puede fortalecer esos partidos; mal conducida puede llevar a futuras divisiones que serían beneficiosas para la FP.

Rosario Espinal

Socióloga

Autora de los libros “Autoritarismo y Democracia en la Política Dominicana” y “Democracia Epiléptica en la Sociedad del Clic”, y de numerosos artículos sobre política dominicana publicados en revistas académicas en América Latina, Estados Unidos y Europa. Doctora en sociología y profesora en Temple University en Filadelfia, donde también ha sido directora del Departamento de Sociología y del Centro de Estudios Latinoamericanos.

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