I – Falsa promesa
El financiamiento público de los partidos políticos ha sido presentado durante años como un mecanismo para fortalecer la democracia dominicana. Bajo el argumento de garantizar igualdad política y evitar el control absoluto de la clase dominante sobre la política nacional, el pueblo ha sido obligado a pagar impuestos para mantener a los partidos políticos.
Sin embargo, después de décadas de aplicación, los resultados muestran todo lo contrario. El modelo no ha democratizado la política ni ha eliminado la corrupción, el clientelismo o la influencia de grupos económicos o corruptos sobre nuestro sistema político. Por el contrario, ha contribuido al crecimiento de partidos parasitarios y de políticos charlatanes que viven en privilegios mientras el pueblo dominicano continúa con un sistema eléctrico inestable, con una infraestructura pluvial atrasada y asfixiado por la deuda, los impuestos y el deterioro de sus condiciones de vida.
La política se mueve solamente por intereses económicos, estructuras de poder e ideologías. Y es un hecho innegable que el financiamiento privado y corrupto están presentes dentro de la política dominicana. Entonces, ¿por qué debe el pueblo seguir financiando a los partidos políticos?
II – Pilar antidemocrático
El financiamiento público ha ayudado a institucionalizar el clientelismo político y el crecimiento de una burocracia parasitaria. Gran parte de los recursos que la JCE entrega a los partidos políticos son utilizados para propaganda electoral, estructuras clientelares y mecanismos de compra de conciencia y votos. Los partidos corruptos como el PLD, PRM y FP han convertido la política dominicana en un medio para sostener privilegios, negocios personales y carreras políticas de manipuladores profesionales especializados en promesas vacías y mentiras maquilladas.
Control privado oculto
Aunque el modelo se presenta como una protección frente al poder económico privado, en la práctica no ha eliminado el control comercial de la política. Los grandes intereses económicos, sectores de la oligarquía dominicana, grupos empresariales y corporaciones multinacionales poseen control total sobre las leyes, las campañas y los partidos, mientras el financiamiento estatal termina funcionando como una caja chica para los partidos mayoritarios.
Décadas de financiamiento público tampoco han impedido la penetración del narcotráfico, del dinero ilícito ni de redes de corrupción dentro de la política dominicana. Esto demuestra que el problema de nuestro sistema político no es únicamente financiero, sino ideológico, espiritual y moral.
Sumisión de los pequeños
La JCE otorga el 80 % de los recursos a los partidos mayoritarios (PLD, PRM, FP), obligando a las organizaciones pequeñas y alternativas a sobrevivir mediante alianzas subordinadas. Este sistema crea una lógica cíclica de dependencia para poder conservar el reconocimiento y financiamiento de la JCE, provocando abandono de principios, autonomía y reproducción del clientelismo. Como resultado, se limita el crecimiento de nuevas fuerzas patrióticas capaces de representar verdaderamente los intereses populares y soberanos.
III – Unidad de la izquierda dominicana
Es cierto que actualmente el PRM busca reducir y asfixiar económicamente a su oposición mediante la reducción del financiamiento público. Sin embargo, los modernos también serán víctimas de la justicia popular cuando llegue el momento de que el pueblo dominicano organizado castigue políticamente a los corruptos y saqueadores.
Un sistema político verdaderamente democrático y comprometido con los intereses populares debe impulsar que los partidos políticos se sostengan principalmente mediante el apoyo voluntario de su militancia y simpatizantes. Solo así el pueblo podrá distinguir con claridad quiénes son verdaderos servidores públicos comprometidos con el bienestar nacional y quiénes han convertido la política en un mecanismo de privilegios, corrupción y parasitismo estatal.
El Partido Patria Para Todos y el polo de unidad social-electoral de la izquierda dominicana representan hoy la única fuerza nacional que defiende como principio patriótico no utilizar los recursos del pueblo para sostener estructuras partidarias. Esta práctica expresa una nueva conducta de ética cívica y compromiso patriótico, orientada a defender los ingresos de los dominicanos y combatir la corrupción institucionalizada.
Nuevo referente
Las fuerzas patrióticas y revolucionarias dominicanas se encuentran en un proceso de construcción de una alternativa política basada en la unidad patriótica, la firmeza ética y la organización popular transparente. Por esta razón, el Partido Patria Para Todos hace un llamado a todos los dominicanos de bien, trabajadores, profesionales, patriotas, demócratas y revolucionarios a unir fuerzas para construir una nueva referencia política nacional comprometida con la democracia participativa, la justicia social y la soberanía.
La izquierda dominicana está trabajando en su misión histórica de desarrollar un nuevo modelo de organización social capaz de democratizar la economía nacional, el poder del Estado y el pensamiento patriótico y soberanista.
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