La historia oficial y en mundo académico estadounidense han sembrado la idea en las mentes de los ciudadanos que Estados Unidos es un país excepcional que ha sido protegido por dos océanos: el Atlántico y el Pacífico. Además, se argumenta que este es el país donde la democracia liberal se ha desarrollado a plenitud, lo cual se ha puesto de ejemplo a seguir en el mundo. Los políticos como Madeline Albright, exsecretaria de Estado, llegó a decir que “Estados Unidos es un país indispensable.” Contrariamente a lo planteado por la historia oficial, en su auge como imperio, Estados Unidos fue favorecido por circunstancias excepcionales derivadas de la Segunda Guerra mundial.

Las consecuencias de la Segunda Guerra mundial

No entraremos aquí a discutir de las causas de la Segunda Guerra mundial y su discurrir, sino más bien a analizar sus consecuencias. La cierto es que, los países colonialistas europeos se pelearon entre en sí y se destruyeron. Aunque al final Estados Unidos participó en esta guerra, en su suelo no se disparó un tiro y, consecuentemente, no hubo destrucción como la que hubo en Europa y Asia. Por ejemplo, la resistencia rusa a la agresión alemana costó la vida a 27 millones de personas mientras que Estados Unidos, según el economista Richard Wolff, solo perdió 400 mil.

Esta fue una de las circunstancias históricas excepcionales que le permitió a Estados Unidos surgir como una potencia hegemónica. En ese momento no tenía un rival económico, pero como veremos más adelante, las circunstancias han cambiado con el auge actual de China y el denominado excepcionalísimo estadounidense ha sido puesto a prueba.

Luego de la Segunda Guerra mundial los países europeos tuvieron que dejar las colonias en África que se habían repartido durante una reunión celebrada Alemania en 1884. Durante un largo período se beneficiaron de la producción que se realizaba en las colonias y esto les permitió crear un sistema económico y político sólido. Sin embargo, la Segunda Guerra mundial tuvo como resultado que fuera Estados Unidos el único beneficiado y pasó, prácticamente, a ocupar Europa occidental, montando bases militares que le permitirían, a través de la creación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), tener un dominio absoluto del territorio. En estas condiciones se estableció el Acta de Recuperación Europea, también conocida como el Plan Marshall. Estados Unidos invirtió unos 12 mil millones de dólares en ayuda a Europa, pero no debe olvidarse que el traslado de esta ayuda se haría de Estados Unidos a Europa en barcos estadounidenses y que 5% de la ayuda se utilizaría para espionaje. Con el Acta de Recuperación Estados Unidos procuraba impulsar el desarrollo económico de Europa para que los soviéticos vieran como el capitalismo era superior al socialismo. Lo mismo hicieron en el este de Asia impulsando el desarrollo de Japón Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong para que allí también se observara la superioridad del sistema capitalista y la democracia liberal.

Las circunstancias históricas creadas por la derrota de los países europeos en la Segunda Guerra mundial permitieron que Estados Unidos surgiera como la potencia hegemónica en todo el orbe. Por instrucciones suyas se crearon una serie de Instituciones como la Organización de las Naciones Unidas que vino a sustituir la Liga de las Naciones creada a raíz de la Primera Guerra mundial, El Fondo Monetario Internacional y toda una estructura financiera que permitieron a Estados Unidos dictar las reglas. El denominado “orden mundial” era controlado por Estados Unidos. La Unión Soviética no era dominada por Estados Unidos, pero esta no era capaz de competir en los mercados internacionales y tuvo que mantenerse dentro de su área de influencia, excepto durante la crisis de los cohetes en Cuba, un asunto que se resolvió mediante negociaciones a través de las cuales Estados Unidos retiró una batería de cohetes que tenía emplazada en Turquía.

Estados Unidos como potencia económica y militar indiscutible

Luego de la Segunda Guerra mundial Estados Unidos surgió como la nueva potencia neocolonial dominando el comercio y la económica internacional y construyendo bases militares en todo el orbe no solo para controlar las rutas marítimas, sino para asegurarse que ningún país pudiera disputarle su dominio. En la actualidad se calcula que Estados Unidos tiene 750+ bases militares en el mundo, pero ahora tenemos que restar aquellas que han sido destruidas por Irán en su guerra de defensa para detener los ataques en su contra llevados a cabo por Estados Unidos e Israel. Sin duda, Estados Unidos sigue siendo una gran potencia militar, aunque sus bases económicas estén debilitadas.

Luego de la caída de la Unión Soviética en 1991 Estados Unidos dejó de tener un rival militar y se convirtió en el Imperio hegemónico del mundo. Desde entonces en Estados Unidos se ha celebrado sus grandes logros como la única potencia: los ideólogos estadounidenses señalan estos logros como evidencia de la excepcionalidad de su nación; no se habla de las circunstancias históricas que la hicieron posible.

Tanto los políticos estadounidenses como una gran parte de sus ciudadanos creyeron que su dominio del mundo seria para siempre y, teniendo el control de todo, se propusieron liberalizar la economía en la década de 1980, es decir, que el comercio fluyera libremente y se crearon cadenas de producción a nivel planetario. Sin embargo, la nueva política económica tuvo como consecuencia la desindustrialización de Estados Unidos y la de sus subordinados en Europa, donde también se procedió a implementar políticas económicas similares a las estadounidenses. Como resultado de este proceso unas 90 mil empresas industriales y de servicios se marcharon de Estados Unidos hacia Asia, Europa y América Latina, donde se les ofrecía mejores condiciones para la acumulación de capitales.

El auge de China y su rivalidad con Estados Unidos

Es interesante puntualizar que muchas de estas empresas se fueron a China donde el gobierno les ofreció zonas amplias con mano de obra barata. Los chinos dieron la bienvenida a los capitales extranjeros con una condición:  permitirían la asociación de sus empresas con las chinas, lo cual también implicaba cierta transferencia de tecnología, algo que los estadounidenses nunca habían permitido. De hecho, desde la Revolución china de 1949, Estados Unidos había impedido que esta tuviera acceso a las tecnologías estadounidenses.  En realidad, se había creado una especia de cerco que iba de Japón, Corea del Sur, Taiwán, Singapur a Hong Kong. En vista de que China había aceptado la inversión de sus capitales, esto llevó a los líderes estadounidenses a pensar que ya China le pertenecía porque esta tácitamente había aceptado el capitalismo como modo de producción. Sin embargo, como dicen el refrán “una cosa piensa el burro y otra el que lo apareja”:  se les escapaba que en China el Partido Comunista era el encargado de dirigir la nación y tenía sus propios planes: crear un sistema capitalista mixto donde las empresas estatales y las privadas existieran en igualdad de condiciones. El éxito chino esta relacionado con el empleo de una política económica distinta a la neoliberal que promovían Estados Unidos y sus aliados europeos: habrá libre mercado, pero el Estado tendrá un papel central en la economía. Más significativamente, el tipo de economía que se creó en China tiene una particularidad muy suis generis: la banca es propiedad del Estado. Prácticamente de no tener una banca organizada en los años setenta hoy día los 4 bancos más grandes del mundo son chinos y son propiedad del Estado. La posesión de la banca ha permitido al Estado chino tener influencias definitivas en el desarrollo de la economía y determinar en qué áreas se invierte. El resultado ha sido que hoy día China compite con Estados Unidos en ciencia y tecnología e incluso le supera en algunas áreas como la fabricación de autos eléctricos, la producción de energía a través de paneles solares y la producción de energía eólica. Lo mismo se podría decir de la construcción de tres de alta velocidad, aeropuertos, super carreteras, puentes colgantes, etc.

¿Regreso del colonialismo a la vieja usanza?

El surgimiento de China como potencia competitiva en todos los ordenes ha puesto el deseo de Estados Unidos en restaurar el colonialismo a la viaja usanza de los europeos en entre dicho. El proyecto consiste en restaurar un imperio en declive en base a la extracción de recursos de los países que se logren colonizar. Esta extracción se haría a las buenas o las malas como se intenta hacer con muy poco éxito en Irán.

Este no es el caso en América Latina, donde Estados Unidos parece tener un dominio absoluto. El secuestro del presidente Nicolas Maduro y la imposición de condiciones a través de las cuales controlará unos 65 mil millones de barriles de petróleo en los próximos 25 años al decir de la presidente Delcy Rodriguez, pero al decir de los propagandistas estadounidenses, este período será de 100 años. Luego del secuestro de Maduro, Estados Unidos ha creado el denominado Escudo de las Américas para supuestamente luchar contra el narcotráfico, pero luce claramente que este no es el objetivo principal, sino más bien establecer relaciones coloniales. Aún es temprano para determinar el alcance de esta política, pero lo cierto es que Estados Unidos tiene prácticamente el control de la mayoría de países en la región y parece que los quiere convertir en colonias.

Está por verse que pasará en Brasil que tiene elecciones programadas para el mes de octubre de 2026. Por ahora, luce que la candidatura del presidente Luiz Ignacio Lula Da Silva tiene una ligera ventaja en las encuestas, pero no podemos olvidar que los pastores evangélicos juegan un papel central en la promoción del voto conservador y que Estados Unidos esta muy interesado en una victoria conservadora como ocurrió recientemente en Colombia.

En América Latina estamos ante la restauración de un control más directo y efectivo de los gobiernos y sus fuerzas militares. Para lograrlo se esta utilizando los medios masivos de comunicación, las elecciones y las amenazas militares contra aquellos como México cuya presidenta, Claudia Sheinbaum, sigue insistiendo contra viento y marea que su país es independiente y soberano.

No cabe duda que el auge de la derecha en nuestra región ha creado circunstancias excepcionales para el dominio estadounidense, no que Estado Unidos haya sido “ungido por Dios” como dirían los evangélicos sionistas de Brasil, Argentina, Guatemala, etc. para dirigir los destinos de nuestras naciones. En América Latina el auge de los gobiernos progresistas del 2000 a 2016 creó expectativas que no se llenaron y esto, en cierta medida, ha permitido el auge de la derecha y que esta se salga con las suyas argumentando que los que ellos denominan “comunistas” eran unos corruptos que solo querían aprovecharse del poder y que ellos si tienen la solución para nuestros problemas. Si bien es cierto que esta propuesta no es cierta, no se puede perder de vista que una buena parte de los gobiernos progresistas cometieron graves errores políticos y que esto ha contribuido al auge de la derecha.

Los limite y de Estados Unidos para restaurar el colonialismo a la vieja usanza

Pese a sus éxitos en América Latina Estados Unidos enfrenta una declinación aparentemente imparable como lo revela su fracaso guerrista contra Irán. A nivel nacional tiene una deuda de mas de 40 mil billones (un billón es igual a un millón de millones) de dólares y solo el pago anual de esta lleva un interés de un billón. La deuda representa 120% del Producto Interno Bruto y cada año se añaden 1.8 billones (Editorial de la Jornada, 12 de septiembre 2026).

Si bien es cierto que la mayor parte de esta deuda esta contratada con bancos nacionales, no deja de ser un lastre para recuperar su dinámica económica. Peor aún, el gran éxito de la democracia liberal estadounidense, uno de los ejemplos proporcionados para ejemplificar su excepcionalidad, está en una crisis grave como lo revela el ofrecimiento de 5 mil dólares por parte del Donald Trump, si se gana las elecciones intermedias del 3 noviembre de 2026. El Presidente no dijo de donde sacaría el billón 375 mil millones para 275 millones de adultos que recibirían 5 mil dólares de su partido para ganar las elecciones intermedias. Este ofrecimiento revela sino desesperación por mantener el control del Congreso Nacional, una crisis crónica que costará mucho reparar pues la hegemonía en base al consenso rápidamente se está perdiendo y, ante estas circunstancias, no queda otra más que el domino de la fuerza para imponer el consenso en una sociedad, donde cada día las condiciones de vida son más precarias para las grandes mayorías de la población. En Estados Unidos las encuestas revelan que el Partido de Donald Trump podría perder las elecciones intermedias de noviembre, lo cual podría refrenar los planes del Presidente. En todo caso, lo que si parece claro es que la excepcionalidad nunca existió, sino que este fue el producto de circunstancias históricas excepcionales.

Emelio Betances

Emelio Betances tiene un doctorado en sociología por la Rutgers, the State University of New Jersey (1989) y se ha desempeñado como catedrático de sociología en la Universidad Autónoma de Puebla y la City University of New York (1982-1990). En 1990, funda el Programa de Estudios Latinoamericanos en Gettysburg College y lo dirige por 10 años. Luego se dedica a la docencia y la investigación sociológica. Sus publicaciones incluyen: State and Society in the Dominican Republic (Westview Press, 1995), En busca de la ciudadanía: los movimientos sociales y la democratización en la República Dominicana (Archivo General de la Nación, 2016), La Iglesia católica y la política del poder en América Latina: El caso dominicano en perspectiva comparada (segunda edición en español, Funglode, 2017) y, en colaboración con el Dr. Carlos Figueroa-Ibarra, compiló Popular Sovereignty and Constituent Power: Democray from Below (Palgrave/Mcmillan, 2016). En la actualidad, el Dr. Betances realiza una investigación sobre el movimiento magisterial en México.

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