«Estados Unidos no tiene enemigos ni amigos permanentes, solo intereses permanentes»

Estados Unidos libró una de las guerras más acérrimas, tenaces y sangrientas de la historia reciente, la celebrada con Vietnam del Norte, Vietnam del Sur, Laos y Camboya, queriendo evitar con ella la expansión del comunismo hacia los demás países del continente asiático. La misma se inició en el año 1955 y se prolongó hasta el año 1975. Precisamente, el 29 de este mes de marzo se cumplen 50 años del retiro de las últimas tropas del ejército estadounidense, ocurrido en el año 1973, por instrucciones del presidente Richard Nixon.

En esta guerra, Estados Unidos sufrió la mayor derrota en toda su historia en un conflicto bélico, pese a tener un ejército superior y mejor equipado que los vietnamitas, en la que fueron utilizados aviones cazas bombarderos, portaaviones, helicópteros y misiles modernos. Se cree que fueron lanzadas unas 7,5 millones de toneladas de bombas, más que las detonadas en la Segunda Guerra Mundial.

Ese conflicto bélico le causó a ese país grandes pérdidas económicas y en vidas, pues tuvo casi un millón de bajas, entre muertos, heridos, mutilados y personas afectadas mentalmente por los rigores de dicha guerra, la cual ha sido considerada como una guerra que no tuvo razón de llevarse a cabo, tal como lo había expresado el excampeón mundial de boxeo, el peso completo Mohamed Alí, quien se negó a participar en la misma, alegando que no existían razones para que esa guerra se realizara, lo que ocasionó que le retiraran el título de campeón mundial y lo encarcelaran por cinco años.

A pesar de todas esas grandes diferencias, de tantos antagonismos y de tantas pérdidas económicas y humanas, hoy Vietnam es uno de los grandes socios comerciales de los Estados Unidos, con quien mantiene excelentes relaciones diplomáticas y en donde mantiene grandes inversiones directas.

Con esa acertada decisión, se cumple con aquella antigua frase de Lord Palmerston, primer ministro de Inglaterra en 1848, pero que es atribuida al canciller estadounidense Henry Kissinger, de que «Estados Unidos no tiene amigos ni enemigos permanentes, solo intereses permanentes», con lo que se demuestra que la política exterior de este país no se basa en la moralidad ni en la amistad sincera, sino en todo aquello que beneficie a esa nación, por lo que las naciones pueden pasar de ser enemigas a ser aliadas, y viceversa.

Esta es la realidad de la geopolítica actual y del nuevo orden mundial que estamos viviendo, impuesto por las grandes potencias, en el que las alianzas y las rivalidades que existan cambian continuamente, de acuerdo a los intereses que estas persigan.

En las últimas semanas, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, viene presionando y amenazando de manera autoritaria, arbitraria y hegemónica, con invadir a la República de Cuba y de tomar el control de esa nación, como si esta fuera una colonia de ese país, violando los tratados internacionales, la Carta de las Naciones Unidas, el derecho internacional y el libre derecho a la autodeterminación de los pueblos.

Ha incrementado el bloqueo económico, financiero y petrolero, para que a esta nación no se le permita enviar ningún buque con combustible, con lo que está llevando a este país a una situación asfixiante, provocando una gran hambruna y desesperación en la población, por la carencia de alimentos, medicamentos, energía eléctrica, los servicios de salud, agua potable, de los demás servicios básicos y una crisis general, lo que constituye una flagrante violación a los derechos humanos de los habitantes de ese país caribeño.

La experiencia desarrollada y puesta en ejecución con la República de Vietnam, que está ubicada en el continente asiático, a grandes distancias y a muchas horas de los Estados Unidos; que hoy continúa siendo un país comunista, gracias al diálogo bilateral, al respeto mutuo entre estas dos naciones, a la aplicación de una correcta diplomacia y a una verdadera negociación (ganar-ganar), no por medio de una imposición, se logró resolver la situación de crisis y de conflictos existentes entre esas dos naciones. Los resultados no se han hecho esperar.

Consideramos que este es el mejor ejemplo a ser aplicado por los Estados Unidos, para buscarle una salida diplomática a la situación de crisis política y diplomática persistente desde hace más de 60 años, entre ese país y Cuba, la cual se encuentra apenas a 90 millas, mediante el diálogo y una negociación respetuosa y prudente, con actores expertos en crisis internacionales, sin afectar su soberanía.

En diplomacia, ambas partes siempre deben estar dispuestas a deponer y a flexibilizar actitudes. Ningún país, por más poderoso que sea, puede tratar de imponerse sobre el más débil, pues ya no sería una negociación, sino una imposición.

Ojalá se encuentre una salida satisfactoria a esta crisis política y diplomática existente entre estas dos naciones hermanas, para la alegría de toda la humanidad, sobre todo, los países latinoamericanos. Que así sea.

Alfredo Cruz Polanco

Contador Público Autorizado, CPA

El autor es Contador Público Autorizado y Máster en Relaciones Internacionales. Ex diputado al Congreso Nacional y ex miembro de la Cámara de Cuentas de la República 2010-2016.

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