Cuenta los objetivos destruidos. Haz recuento de los cadáveres de los altos líderes. Esto representa el poderío militar de EE.UU. Desde cualquier punto de vista, Irán ha recibido una paliza. Sin embargo, las amenazas de más ataques estadounidenses no están logrando concesiones. Las amenazas de Donald Trump, incluyendo bombardear a Irán hasta devolverlo a la Edad de Piedra, han sonado vacías desde principios de marzo. Y, no obstante, él sigue repitiéndolas. Amenazar con una táctica fallida una y otra vez, y esperar un resultado diferente, es la definición de locura.
Se señala acertadamente que EE.UU. tiene un mayor margen de error que cualquier otra potencia. EE.UU. cuenta con el ejército más poderoso del mundo y está flanqueado por vastos océanos al este y al oeste, además de por vecinos benignos al norte y al sur. Pero tales bendiciones pueden inducir a un pensamiento perezoso. Décadas antes de la Operación Furia Épica de Trump en Irán, EE.UU. había adquirido el hábito de confundir su superioridad militar con la capacidad de imponer su voluntad en tierras lejanas. Lo único novedoso de la guerra de Trump contra Irán es la obviedad inmediata de su rotundo fracaso.
La Operación Furia Épica no se aleja de la tradición estadounidense. Cuando Trump era un joven que utilizaba sus influencias para eludir el servicio militar en Vietnam —un privilegio que compartió con otros futuros presidentes de EE.UU., incluyendo George W. Bush—, el Pentágono anunciaba periódicamente las "ratios de bajas", es decir, la relación entre el número de enemigos muertos y las bajas estadounidenses. La Ofensiva del Tet a principios de 1968 fue anunciada como una gran victoria estadounidense, dado el gran número de insurgentes del Vietcong que habían resultado muertos. En realidad, la Ofensiva del Tet supuso una aplastante derrota política para EE.UU., ya que puso de manifiesto la férrea voluntad del enemigo.
El Pentágono no lo vio de ese modo. Pete Hegseth, el "secretario de Guerra" estadounidense, es una figura muy diferente a Robert McNamara, el entonces secretario de Defensa. Pero su estrategia es similar. En términos crudos, el éxito se juzga por cuántas cosas y personas EE.UU. puede volar en pedazos. Las palabras favoritas de Hegseth son "precisión" y "letalidad". La similitud entre la Operación "Rolling Thunder" (trueno retumbante) de Lyndon B. Johnson (LBJ) y la Furia Épica de Trump es casi exacta. Así como LBJ utilizó el bombardeo intensivo de Vietnam del Norte para forzar concesiones difíciles de obtener en las negociaciones, las amenazas con misiles de Trump son un desperdicio en el caso de Irán. Tal como solían decir los talibanes durante la operación militar estadounidense de dos décadas en Afganistán: "EE.UU. tienen los relojes, nosotros tenemos el tiempo". Los talibanes recuperaron el poder hace cinco años.
Trump parecía comprender los límites del enfoque unidimensional de EE.UU. mejor que la mayoría de los presidentes del país. Su denuncia de la guerra de Irak lanzada por Bush fue un propulsor clave de su 'toma hostil' del Partido Republicano en 2016. La ironía es que ahora Trump está utilizando ese mismo enfoque y enrumbándose hacia las mismas arenas movedizas de siempre. Trump es capaz de cubrir el repertorio de los "grandes éxitos" estadounidenses en una misma entrevista. En un momento proclama que la misión se ha cumplido, como hizo Bush en una etapa temprana de la guerra en Irak; al siguiente, ofrece una "paz con honor", tal como Richard Nixon y Henry Kissinger calificaron la retirada estadounidense de Vietnam; y cuando realmente le hierve la sangre, él exige una rendición incondicional al estilo de la Segunda Guerra Mundial.
Pero su única salida es a través de una diplomacia sostenida en múltiples frentes. El lunes él canceló la próxima oleada de ataques contra Irán prevista para el martes; Trump quería darles otra oportunidad a las conversaciones mediadas por Pakistán. Una prioridad de Trump es que a él debe irle mejor que a Barack Obama con su acuerdo nuclear con Irán de 2015. Al parecer, Trump no recuerda en lo absoluto que a los negociadores de Obama les llevó 20 meses cerrarlo. La idea de que funcionarios estadounidenses con mucho menos conocimiento pueden lograr un mejor resultado en unos pocos días es un disparate. A él le resulta inconcebible que Obama pudiera haber logrado un acuerdo serio sin amenazar ni una sola vez con bombardear Irán.
La lección que se desprende de la Operación Furia Épica es la misma que Obama extrajo de Irak: la diplomacia siempre debe ser el primer recurso. No existe necesidad alguna de siquiera mencionar el poderío militar estadounidense, y mucho menos de alardear de él a diario. Parafraseando una máxima: el ejército que mejor lucha es aquel que menos lucha. La interpretación reconfortante es achacar la Operación Furia Épica a la temeridad característica de Trump. Pero él no es una aberración. Una vez que se descarta su incontinencia verbal, singularmente autodestructiva, se percibe a un tradicionalista de Washington. Su enfoque es la 'reducción al absurdo' de una guerra estadounidense perdida tras otra, precedidas por una serie de victorias en el campo de batalla.
Mientras el mundo busca en Google a Tucídides, y asimila la realidad emergente del G2 entre China y EE.UU., la pregunta es si Washington es capaz de reinventarse. Figuras estadounidenses mejor informadas que Trump le están pidiendo que "termine el trabajo" en Irán. Si hubieran aprendido del pasado, reciente o lejano, estarían reconsiderando su consejo. Pero eso requeriría pensar. Una buena estrategia es producto de la humildad intelectual; la falta de ella en Trump lo coloca en muy buena compañía.
(Edward Luce. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web).
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