En mis años vividos, que no son pocos, he escuchado el mismo argumento por parte del político de turno: “se firmó un acuerdo con tal o cual empresa que generará miles de empleos”. Para calmar inquietudes y producir buenos titulares, la frase funciona. Quizás sería conveniente preguntar: ¿es la generación de empleo sinónimo de desarrollo?

La situación provocada por la crisis de la Empresa Falcondo debería obligarnos a la reflexión. La explotación de ferroníquel en Monseñor Nouel y La Vega, que generó muchos beneficios a los dueños de la empresa, se veía como un motor económico, generando empleos directos e indirectos, dinamismo comercial como incluso, circulación de ingresos.

En varias ocasiones y por motivos diferentes, visité la ciudad de Bonao. Estuve en contacto con familias que hablaban de esta bonanza económica. Los empleos generados entonces por la Empresa y los negocios que florecían alrededor de ellos daban una sensación de bienestar colectivo.

Al suspender sus operaciones en el 2023 por la caída del precio internacional del níquel, la región que antes se vio impactada positivamente, de pronto, quedó expuesta de manera totalmente negativa, al ver cerrada la llave de sus recursos, pues el empleo, que parecía sólido, mostró su fragilidad estructural.

¿Qué pasó entonces? Lo que acontece cuando una economía local depende de un único sector y de factores externos que, incluso, el Estado no controla. Aunque el empleo fue real, el desarrollo anhelado para la seguridad futura no estuvo consolidado, pues no permitió la diversificación económica necesaria y esperada.

Con bombos y platillos el presidente Abinader ante la Asamblea Nacional anuncia un acuerdo para desarrollar un puerto espacial comercial en Oviedo, despertando entusiasmos y los aplausos esperados. En algunos, en los que me incluyo, cierto escepticismo.

Generará empleos, por supuesto, ¿pero transformará nuestras capacidades nacionales? ¿Cuáles tipos de empleos serán necesarios para poner en movimiento un negocio de tales características? ¿Los tenemos en el país? ¿Estaban las universidades formando técnicos y profesionales para ello?

Sin una estrategia educativa y científica de largo plazo, con el fortalecimiento de la enseñanza de la matemática y las ciencias desde la educación básica, la expansión de los programas de capacitación técnica especializadas, importante inversión en investigación universitaria, formando ingenieros y técnicos con estándares internacionales, como la creación de un ecosistema que conecte academia, empresa y estado, es un anuncio que me genera dudas más que aplausos.

Quizás, para asumir una postura optimista, tal contrato puede impulsar todo lo anterior dicho, pero ¿cuánto tiempo será necesario esperar, sin embargo, para responder a las necesidades que ello supone de mano de obra y cerebros especializados? Siguiendo con el optimismo, posiblemente una década, en el mejor de los casos.

Un tema para considerar tiene que ver con el impacto ambiental que tal iniciativa va a generar. Ése podrá ser una cuestión importante a analizar más adelante.

Entonces, ¿seguimos creando enclaves altamente tecnificados, pero desconectados de la mayoría de la población que no cuenta con las capacidades qué ofrecer? A final de cuenta ¿la misma historia? millonarias inversiones que terminarán aumentando los capitales de los inversores y muy poco derrame estructural y riqueza para el país.

La explotación de oro ha sido un pilar de la economía de la República Dominicana, siendo el principal producto de exportación minera, con exportaciones por encima de los US$1,000 millones en el primer semestre de 2025. La mina de Pueblo Viejo, operada por Barrick Gold, es uno de los yacimientos más grandes del mundo.

Somos un país clave en la minería del oro en América Latina, sin embargo, esto no ha sido la oportunidad de desarrollar la industria de la joyería, que aumentaría un aumento significativo del oro extraído, al mismo tiempo que el desarrollo de una mano de obra especializada, además de la cadena de negocio nacional e internacional al respecto.

Con el cultivo del cacao ocurre algo parecido. El cacao dominicano es reconocido mundialmente por su calidad superior, destacándose como el principal exportador y líder mundial de cacao orgánico, sin embargo, nos compran el cacao y nos venden los bombones a precios incomparables.

De nuevo sale el tema de fondo, la ausencia o, la debilidad para satisfacer a algunos, de un proyecto de país que oriente los acuerdos y las decisiones de inversión, como la formación de capital humano, que se proyecten más allá de los ciclos electorales y la satisfacción de los egos particulares.

El desarrollo es mucho más que crecimiento del PIB y del número de empleos creados. Significa la expansión de las capacidades de la población, su movilidad social sostenida como consecuencia; la reducción de las vulnerabilidades, como el desarrollo de instituciones sólidas y una visión intergeneracional.

La educación básica, técnica y superior no pueden obedecer a la respuesta reactiva a estas iniciativas de inversión y mucho menos, sin una arquitectura estratégica coherente, es decir, un plan nacional de desarrollo consensuado y asumido por todos los sectores sociales y económicos.

La apreciada amiga, Jacqueline Malagón, en un esfuerzo interesante hace llegar una comunicación al presidente del senado bajo el título: Posición Técnica para una Ley de Transformación Integral del Sistema Educativo Dominicano: Educación Básica, Superior e INFOTEP como arquitectura articulada para el desarrollo humano, la equidad y el empleo, que busca dar respuesta a ésta histórica tarea pendiente.

La ausencia de esta coherencia produce desconexiones claras y evidentes: universidades formando profesionales para sectores saturados -como años tras años lo vemos en las graduaciones- formación de técnicos sin sectores industriales que lo absorban; al final, jóvenes con títulos, pero con baja empleabilidad real.

Sin planificación estratégica, la economía se mueve como por impulsos y por los efectos que las realidades económicas internacionales provocan. Es lo que nos ha conducido hacia una economía de servicios, fundamentalmente, sin que ello, necesariamente, fuera negativo.

A finales de los 60 y principio de los 70, junto a un grupo de amigos, leímos y estudiamos con dedicación lo que parecía ser un plan de desarrollo a largo plazo proveniente del Secretariado Técnico de la Presidencia, entonces, conocido como la Plataforma. Un plan para sustitución de las importaciones, por tanto, el desarrollo de la industria nacional. Pero quedó ahí, en un documento con buenas intenciones.

La experiencia internacional ha mostrado que aquellos países que transformaron sus estructuras productivas y que hoy viven en pleno desarrollo, apostaron por una visión de largo plazo y sostenida en el tiempo, estructurando y desarrollando a altos niveles, sus sistemas educativos.

Nuestro país enfrenta una decisión histórica: seguir celebrando cada inversión como un hecho aislado o articularlas dentro de una narrativa nacional de desarrollo que incluya educación, ciencia, tecnología, diversificación productiva y equidad territorial. Sin proyecto de país, los empleos pueden llegar, pero también pueden irse muy rápido.

Julio Leonardo Valeirón Ureña

Psicólogo y educador

Psicólogo-educador y maestro de generaciones en psicología. Comprometido con el desarrollo de una educación de Calidad en el país y la Región.

Ver más