En una reciente declaración pública, el empresario turístico Frank Rainieri puso sobre la mesa un desafío crucial para el futuro del turismo dominicano: elevar el gasto promedio de los turistas que visitan el país. Hoy se sitúa en aproximadamente $167 dólares por persona por día, y el señor Rainieri propone que debería elevarse a $300 dólares diarios en los próximos cinco años.
Este planteamiento no es tan solo ambicioso, sino también indispensable, si queremos que nuestro país se consolide en su posición como destino líder del Caribe, eleve la calidad del turista que nos visita y aumente su aporte a la economía de nuestra isla.
Sin embargo, esta tarea no es tan fácil, sobre todo si verificamos que el incremento del gasto promedio en los últimos 20 años ha sido de apenas un 3 por ciento interanual. Por lo tanto, para lograr este objetivo sería necesario implementar cambios estratégicos en diversas vertientes.
Sería necesario repensar y adecuar el producto turístico. La llegada de grandes cadenas hoteleras de lujo ya es una realidad en el país, pero el verdadero reto es acompañarlas con una adaptación integral en la infraestructura: carreteras de acceso modernas, aeropuertos con servicios premium, puertos turísticos renovados, seguridad vial y una oferta complementaria acorde. Restaurantes de alta gastronomía, tiendas de lujo, artesanía de calidad, marinas y experiencias personalizadas deben formar parte de una oferta que posicione al país como un destino de lujo. Aumentar el gasto promedio no puede depender únicamente de los hoteles “todo incluido” que han prevalecido en el sector en los últimos 30 años, el cual es dirigido al turismo de masas.
De acuerdo con un estudio realizado recientemente por la reconocida firma consultora McKinsey & Company, la demanda de turismo y hotelería de lujo crecerá más rápido que cualquier otro segmento de la industria en los próximos años. El estudio proyecta que el mercado de turismo de lujo alcanzará los 391,000 millones de dólares en 2028, frente a los 239,000 millones en 2023. Este crecimiento se sustenta en dos factores: el aumento del número de personas con alto patrimonio neto y un creciente grupo de viajeros aspiracionales que destinan una mayor parte de sus ingresos a experiencias premium.
Para lograr este objetivo, la estrategia de mercadeo de nuestro país deberá concentrarse en atraer segmentos de mercado que busquen experiencias exclusivas y estén dispuestos a pagar por ello.
El turismo de golf es uno de estos. República Dominicana ya es considerada el principal destino de golf del Caribe, con unos 29 campos, ubicados estratégicamente en los principales destinos turísticos del país y diseñados por prestigiosos arquitectos. Este tipo de turismo atrae a turistas con alto poder adquisitivo que viajan en familia y consumen más allá del hotel.
Según datos recientes de la International Golf Travel Association (IAGTO), un turista de golf puede gastar entre $400 y $500 dólares por día.
El turismo de congresos y convenciones (MICE), que son los viajes de negocios y eventos internacionales, es otro tipo de turismo que genera ingresos muy superiores al turista tradicional, pues cada participante invierte en alojamiento, transporte, gastronomía y actividades de entretenimiento.
De igual manera, el turismo de bienestar (wellness) es otro mercado que puede venir a disfrutar la oferta existente en el país de modernos spas, hoteles de lujo, retiros de yoga, tratamientos holísticos y experiencias de reconexión con la naturaleza.
En este contexto, República Dominicana tiene la oportunidad de capitalizar su ubicación estratégica, conectividad aérea y reconocida hospitalidad para atraer a estos viajeros.
Es importante resaltar que el turismo de lujo no se sostiene solo en infraestructura o marcas hoteleras; se fundamenta en la experiencia personalizada y el servicio impecable. Esto obliga a una transformación en la capacitación del personal: idiomas, atención al cliente, manejo de protocolos internacionales y habilidades interculturales que deben convertirse en la norma. La diferencia entre un turista que gasta 167 dólares y uno que gasta 300 puede residir en un servicio memorable.
Elevar el gasto promedio del turista es un objetivo alcanzable, aunque entiendo que necesitaremos unos cuantos años más para lograrlo. Este reto exige visión estratégica y compromiso tanto del gobierno como del sector privado. Nuestro país debe seguir apostando por el lujo, diversificar su oferta y, sobre todo, elevar los estándares de calidad. Así podremos no solo atraer más visitantes, sino también maximizar los beneficios económicos, sociales y culturales que el turismo representa para el país.
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