“El afán del día no entra en conflicto con dedicar algunos minutos para mejor comprender dónde estamos y qué somos”

Un primer gran momento  hacia la electrónica de la IA fue pasar de un modelo en el que las computadoras debían recablearse físicamente para realizar diferentes tareas, hacia  programas informáticos instalados en el propio computador; lo que fue el inicio de los programas almacenados, que luego llegarían a convertirse en los “cerebros” de las computadoras con la Unidad Central de Proceso (CPU por sus siglas  en inglés) gestionando  las instrucciones y los registros.

La efectividad  de la CPU aumentó a partir de  la miniaturización o reducción de las dimensiones de los componentes desde el   semiconductor  y el transistor que reemplazó al tubo al vacío; luego, circuitos integrados o chips  generalmente de silicio sobre los que en solo algunos milímetros cuadrados de área se fabricaban los distintos circuitos electrónicos construyendo así CPU más complejas y fiables.

Aun así, no era suficiente para ser un soporte de la IA ante la necesidad de la extraordinaria velocidad requerida, la posibilidad de realizar operaciones simultaneas o procesamiento paralelo y algo que podría no considerarse pero que es de gran impacto como la eficiencia energética que aun con la miniaturización puede generar calentamiento que afecte el funcionamiento.

De ahí el paso a las redes neuronales artificiales y particularmente el microprocesador Unidad de Procesamiento Neuronal formado por nodos interconectados diseñado para reconocer patrones complejos, clasificar datos y aprender de ellos, inspirados en el cerebro.

Es hasta donde se ha llegado.

¿Y de los límites, que decir?

De los limites una importante referencia sigue siendo la llamada  Ley de Moore observación en cuanto a tendencia que avizorara Gordon Moore -1929-2023- de los fundadores de Intel entre  las principales compañías de vanguardia en la fabricación de microprocesadores; Moore en el 1965 proyectó  que cada año -luego lo ajustó a cada 2 años- podría duplicarse la cantidad de microprocesadores que caben en un chip. En su esencia ha sido así como lo proyectara Gordon Moore.

En la actualidad se sigue efectivamente esa búsqueda incesante de las respuestas destacándose la necesidad de nuevos materiales como- entre otros- el sustrato de vidrio paralelamente con diseños de procesos como el ARM (Advanced RISC Machine) significando RISC conjunto de instrucciones reducido, que corresponde a priorizar la alta velocidad y simplicidad, ya en uso.

Hasta el momento y con progresos recientes como el ARM ya incorporados no hay límites aun de la electrónica en cuanto a las necesidades de avance de la IA.

Ramón Morrison

Consultor en Desarrollo Organizacional

Profesor de ciencias de primaria, secundaria y universitario ya jubilado, con la misma pasión de entonces.

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