Las elecciones de medio término dejaron un mensaje contundente: el electorado estadounidense conserva capacidad para corregir el rumbo del poder. La victoria demócrata de ambas cámaras del Congreso, acompañada de victorias en territorios tradicionalmente republicanos, constituye un severo revés para los republicanos y una expresión de resiliencia democrática frente a la polarización y el desgaste gubernamental.
Estaban en disputa los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 del Senado. En la Cámara Baja, donde se requieren 218 representantes para controlar la mayoría, la (proyección de NBC recogida por EL PAÍS el 4 de noviembre) situaba a los demócratas en 258 escaños y a los republicanos en 177. En el Senado, ese mismo corte del recuento otorgaba 54 puestos a los demócratas y 44 a los republicanos, con Alaska y Misisipi todavía pendientes.
Los demócratas conquistaron escaños senatoriales en Texas, Kansas, Iowa, Ohio y las dos Carolinas. En Kansas, Adam Hamilton quebró una prolongada hegemonía republicana: el estado no elegía un senador demócrata desde 1932. En Texas, James Talarico ganó la contienda senatorial y Gina Hinojosa derrotó al gobernador Greg Abbott. No fue únicamente una recuperación numérica, sino una penetración en bastiones conservadores.
Género, edad y malestar económico
El voto mostró diferencias importantes por género y origen étnico. Según la encuesta de SSRS para Associated Press y otros medios, reseñada por DW, el 55% de los hombres blancos respaldó a los republicanos, mientras el 91% de las mujeres negras apoyó a los demócratas. Entre las mujeres blancas, el respaldo republicano descendió del 56% en las anteriores intermedias al 48%. Tanto los hombres como las mujeres latinas se inclinaron mayoritariamente por los demócratas.
La edad también marcó distancias: tres de cada cuatro electores de entre 18 y 24 años votaron demócrata, mientras los republicanos conservaron una ligera mayoría, del 51%, entre los mayores de 65 años. Estas diferencias describen coaliciones electorales, no grupos homogéneos ni comportamientos invariables.
Entre quienes consideraban que su situación económica familiar había empeorado, el 72% votó demócrata. El encarecimiento de combustibles, las consecuencias de los aranceles y las dificultades cotidianas convirtieron la elección en un juicio sobre la gestión presidencial.
En mi reciente viaja los Estados Unidos puede palpar esa realidad, como hacer filas para ahorrar cinco dólares, un dólar por galón de combustible, el aumento de los materiales de construcción, una plancha de playwood de cuatro dólares subió hasta decidiste dólares, pero donde más se ha sentido los incrementos son en los camioneros pasaron a pagar entre mil doscientos hasta mil quinientos dólares por viaje.
Nuevos rostros del poder
Los comicios ampliaron la representación política. Deb Haaland fue elegida en Nuevo México como la primera mujer indígena que gobernará un Estado; Peggy Flanagan, por Minnesota, será la primera mujer indígena en el Senado. Keisha Lance Bottoms hizo historia en Georgia como primera gobernadora afroamericana del país, y Hinojosa será la primera gobernadora latina de Texas.
Abdul El-Sayed será el primer senador musulmán y Chris Pappas, el primer hombre abiertamente gay elegido para esa cámara. La diversidad también avanzó entre los republicanos: Byron Donalds ganó la gobernación de Florida y será el primer afroamericano en ocuparla.
Una lucha descarnada, con límites institucionales
La nueva correlación anticipa una confrontación intensa. Trump ya ha amenazado con emplear el veto frente a las iniciativas del Congreso, mientras los demócratas anuncian una agenda de cambios y supervisión gubernamental. La victoria opositora fortalece los contrapesos, pero no transfiere la Presidencia ni elimina sus atribuciones.
Por eso, no cabe prometer un giro automático en política exterior, aranceles o aplicación de la política migratoria. Tampoco sería riguroso asegurar que nada cambiará: el presidente conserva amplias facultades ejecutivas, pero el Congreso mantiene competencias legislativas que condicionan la acción federal. El alcance de cualquier modificación dependerá de esa disputa institucional.
La prueba democrática que comienza no consiste solamente en derrotar electoralmente al adversario. Consiste en transformar el mandato ciudadano en fiscalización, acuerdos y respuestas al costo de la vida, sin convertir la lucha política en una guerra contra las propias instituciones.
En el marco institucional los demócratas controlan todas las comisiones congresionales, pueden para todos los nombramientos del ejecutivo, así como los controles presupuestales, además de los poderes para citar funcionarios, crear los debidos contrapesos de la democracia.
La resiliencia democrática mostrada por el pueblo estadounidense, es un profundo arraigo en los valores de los padres fundadores como son: el respeto a la Constitución , el Estado de derecho, la separación de los poderes, la independencia judicial y el control de los Estados sobre su autonomía electoral. Pero en Estados Unidos el presidencialismo es fuerte, por lo tanto, abre que esperar.
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