El más reciente crimen ocurrido en Santiago, en el que un humilde ciudadano chofer de su ayuntamiento municipal fue vilmente asesinado, ha conmovido a la nación dominicana. Este acto criminal, bochornoso, espeluznante y desgarrador fue exhibido públicamente como una cinta cinematográfica, increíblemente, por las principales calles de su histórico municipio, como un espectáculo público sádico y sangriento.

Cualquiera de los nueve párrafos de mi artículo anterior publicado en este mismo medio el sábado pasado podría encabezar perfectamente este terrible y abominable hecho que afecta nacional e internacionalmente el buen nombre de la República Dominicana. Recordemos que analizamos el problema de las desapariciones de niños, niñas y adultos en el país.

El hecho narrado ocurrido en esta importante provincia, modelo de desarrollo económico, social, académico y cultural, no es el único escenificado en los barrios y pueblos de esa laboriosa comunidad del Cibao Central. Actualmente similares eventos han ocurrido y ocurren.

La diferencia es sencilla: el que se produjo recientemente ha adquirido la categoría de acto dantesco de una película exhibida públicamente por las calles principales de la ciudad, donde un hombre humilde del pueblo lucha y clama por salvar su vida y las hienas sedientas de sangre lo persiguen y logran convertirlo en su presa y exhibirla por las redes sociales, y estas lo muestran a través de todos los continentes.

La tarea que nos deja el abominable hecho es compleja: ¿Cómo el Estado dominicano, Santiago de los Caballeros y el propio Ayuntamiento Municipal de Santiago pueden revertir este hecho para trazar un plan que impacte y transforme a todas las instituciones estatales a favor de la seguridad ciudadana? Lo primero que hay que transformar son las instituciones oficiales encargadas del orden público.

El país está a tiempo. Otros países de América Latina han transformado exitosamente su modelo de seguridad ciudadana.

Rafael Nino Féliz

Educador

Nacido en El Cachón, Barahona. Graduado de Licenciado en Educación con mención en Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo UASD. Se desempeñó como técnico de varios departamentos del Ministerio de Educación. Director de Organización de la Oficina de Desarrollo de la Comunidad (ODC). Director de la Dirección de Bienestar Estudiantil; Tesorero General y dos veces Vicerrector de Extensión. Actualmente docente en las cátedras de Teorías y Crítica de la Literatura y Letras Básicas. Ha publicado más de diez libro de poesía.

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