En una semana para su olvido, la atribulada fracción mayoritaria en la alta dirección el PLD ha pospuesto, sin fecha fija, el proceso eleccionario para escoger el candidato presidencial para las elecciones del 2028 de esa organización y que debía realizarse a finales de este mes. La posposición se ha producido en medio de graves acusaciones de acciones de intención fraudulenta de parte del organismo encargado de dirigir el proceso para supuestamente favorecer al candidato del presidente de ese partido. Por consiguiente, nuevamente la escogencia de su candidato presidencial sitúa esa colectividad al borde del fraccionamiento. Esta vez decisivamente mortal, situándose en la picota, al tiempo de mandar un mensaje a la clase política y al sistema de partidos.
En efecto, la forma y contenidos de los argumentos del aspirante presidencial para defender su posición constituyen una demostración lastimosa de la incapacidad de la generalidad de los partidos para elegir democráticamente sus candidatos a los puestos públicos y de nuestro déficit de calidad de la participación y representación de la militancia y de la ciudadanía en las instituciones del Estado. Por tercera vez consecutiva, Danilo Medina es acusado de querer imponer su candidato a la presidencia. El saldo de la primera fue su división y el surgimiento de un partido que hoy es el segundo del sistema y natural receptor del grueso de la fracción que eventualmente abandone el PLD. Esta posible división podría ser el final de su carrera política, llevándose con él, a la larga, a su partido.
Por el momento, no se avizora una recomposición de la unidad interna de esa colectividad. Independientemente de cómo termine esta crisis por, el contenido y forma en que hasta ahora ha discurrido, sus disminuidas posibilidades electorales salen más debilitadas y por tanto, fortalecida la tendencia que en su seno pugna por un acuerdo con FP. Diría que esa tendencia tiene una decisión tomada. Es por el temor a esto el empecinamiento en cerrarle el paso, por lo cual un arreglo para superar la presente crisis es prácticamente imposible. No es cuestión de diferencias políticas o ideológicas entre las facciones en pugna, es una cuestión más pedestre, más inmediata y que en definitiva define las facciones partidarias del presente: la búsqueda del poder por el poder mismo, sin propuestas diferenciadoras y sin importar medios.
Por consiguiente, no es solo el PLD que está en la picota del descrédito por la denuncia de uno de sus principales dirigentes, presuntamente afectado por un fraude en su contra. También lo está la generalidad de los partidos de aquí y de otros países. Aquí y en toda la región es la institución menos valorada, según la encuesta Latinobarómetro 2026. Podría ser esta una de las diversas causas de la defección política que se registra a nivel mundial y de la ola ultraderechista que electoralmente se amplía sostenidamente particularmente en este continente. Es la causa de la antipolítica que se expresa también como una actitud antipartido en vastos sectores de la población y, en nuestro caso, en la juventud esencialmente conservadora.
Es la circunstancia que determinaría que un 61% de dominicanos se decantaría por una dictadura que cree le resolvería sus problemas, en lugar de una democracia que entiende no lo hace. Que, junto a Venezuela, seamos el país que más apoya la administración de Trump, la cual es ampliamente rechazada en su propio país, según la referida encuesta. Son indicadores de que vamos por mal camino, construyendo una sociedad que no se corresponde con las grandes luchas de este pueblo por la libertad a lo largo de su historia. La antipolítica, expresada fundamentalmente en el rechazo muchas veces irracional a la clase política y unos partidos que de manera equívoca meta a todos en el mismo saco, es agua que generalmente termina en el molino de la ultraderecha.
Por eso es condenable la práctica de las trapisondas, los fraudes y las luchas fratricidas en que discurren muchos procesos electivos internos de determinados partidos que necesariamente lo debilita y que, a pesar de todo, hasta ahora son indispensables para la administración de lo público. El fraude que en su contra dice el dirigente del PLD orquesta una fracción de su partido no es cosa nueva en la política dominicana. La obstrucción a través de diversas formas, incluida la violencia física y de todo tipo contra un candidato de parte de una fracción adversa es vieja en nuestra cultura política. Recordemos la sufrida por Peña Gómez hace 40 años.
Es el cáncer que corroe la sociedad política dominicana y uno de los principales factores por lo cual 65 años después del ajusticiamiento de un sangriento dictador, un 61% de la población dominicana diga preferir una dictadura que le “resuelva”. Ser indiferente ante una cuestión de ese calado constituye un suicidio político. Tenemos serios indicadores de que podemos caer en un abismo del que no saldrán ni víctimas ni victimarios. Una sociedad no puede ser sana si las luchas al interior de los partidos y entre ellos discurren en medio de chanchullos. Todos están en la picota y contra eso debemos reaccionar. Los de adentro como los de fuera.
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