El político se convierte en estadista cuando empieza a pensar en las próximas
generaciones y no en las próximas elecciones. Winston Churchill.
EL ORIGEN Y EL LINAJE DEL ABOGADO HATERO
En el solar nativo de la villa blasonada de Higüey, tierra ungida por la fe y de arraigadas tradiciones hidalgas, vio la luz primera el 12 de noviembre de 1912 el Licenciado Luis Julián Pérez, conocido en el afecto íntimo de sus coetáneos y en los anales de la república bajo el aristocrático apelativo de "Clé". Nació este varón esclarecido del tronco venerable que unió a don Amadeo Julián Hidalgo y a doña Ismenia Pérez, nombres que en la sociedad altagraciana encarnaban las virtudes más acendradas del honor familiar y el amor al terruño.
EN LAS AULAS DE LA SABIDURÍA: EL DISCIPULADO DE ORTEGA FRIER
Tras coronar sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Santo Domingo a mediados de la década de los treinta, el joven jurista se incorporó al bufete del Licenciado Julio Ortega Frier, quien fuera magno rector de nuestra alta casa de estudios y esclarecido Ministro de Educación. Ortega Frier, poseedor de una de las bibliotecas más ricas del continente y mente señera de la jurisprudencia nacional, distinguió a Clé Julián como su discípulo predilecto. En aquel santuario del saber, Lic. Luis Julián Pérez compartió desvelos y aprendizajes con el licenciado Jaime Guerrero Ávila, exministro de Obras Públicas, vástago del estirpe prócer y nieto de don Agustín Guerrero, el filántropo que dotó a la villa higüeyana de su histórico reloj público, fraguando una hermandad intelectual que perduraría incólume a través de los años.
EL CURSUS HONORUM DEL SERVIDOR DE LA REPÚBLICA
A partir de 1945, la patria requirió sus talentos excepcionales, iniciando una dilatada y fecunda carrera en la administración del Estado. Su firma y su criterio jurídico e institucional quedaron estampados en las más altas magistraturas: Subsecretario de Estado del Tesoro y Crédito Público; Vicepresidente y Tesorero del Consejo Nacional de la Tuberculosis; Vicegobernador del Banco de Reservas; y Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo en 1953. En 1955, presidiendo la Asamblea Revisora de la Constitución en representación de la Provincia de El Seibo, demostró la hondura de su pensamiento constitucional. Más tarde, sirvió como Miembro de la Junta Monetaria, Secretario de Fomento y Obras Públicas, Consultor de la banca estatal, y culminó su brillante periplo financiero como Gobernador del Banco Central de la República Dominicana en 1986, rigiendo los destinos de la moneda con mano pulcra y previsora.
LA CÁTEDRA Y EL VERBO ESCRITO
No fue menor su desvelo por las luces públicas. Como catedrático de la Universidad de Santo Domingo y posteriormente como mentor, fundador y mecenas de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) y de la benemérita institución APEC, sembró en la juventud la semilla del deber ciudadano. Su pluma, afilada en el crisol de la historia y el derecho, legó a la posteridad páginas de imprescindible consulta, tales como Fideicomiso o trust (1982), Santo Domingo frente al destino (1989), Democracia y frustración (1995) y La democracia nuestra: un testimonio, obras donde palpita su angustia creadora por el porvenir de la nación.
LAS TERTULIAS Y EL SOSIEGO DEL ÁGORA HIGÜEYANA
Evoca con verbo idílico el historiador Monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito aquellas memorables tertulias que cobijaba la residencia de don Luis Julián Pérez o la de su digno suegro, don Óscar Valdez. Allí, meciéndose con pausada gravedad en una mecedora de caoba, se congregaba la aristocracia del pensamiento local: el exsíndico Don Celio María Rivera; el exministro de Obras Públicas, Licenciado Jaime Guerrero Ávila; el Licenciado Francisco Adolfo Valdez; el Dr. Juan Luis Reyes Cedeño, exjuez de Primera Instancia; y el Licenciado Amable Botello, exgobernador. En aquellas veladas, bajo el influjo del café y la brisa provinciana, se desentrañaban con rigor ateniense los más complejos problemas de la vida nacional.
MISTICISMO Y DEVOCIÓN ALTAGRACIANA
Bajo el testimonio místico que guardan los archivos privados de Monseñor Benito Taveras, rector de la Basílica de Nuestra Señora de la Altagracia, emerge la silueta espiritual de Clé Julián Pérez. Cada 21 de enero y 14 de agosto, despojado de toda pompa humana, se le veía entrar al sagrado templo vistiendo un inmaculado traje de dril blanco. Con el santo rosario entre las manos y el alma rendida en oración, el ilustre hombre de Estado se postraba ante el cuadro de la Virgen de la Altagracia, buscando en la mirada de la Protectora la luz para sus pasos y el bálsamo para sus tribulaciones.
EL ENCUENTRO DE DOS VOLUNTADES Y EL DESTINO DE UNA AMISTAD
En el año 1966, al asumir la Presidencia de la República, el Dr. Joaquín Balaguer, el panorama nacional era desolador: las estructuras productivas yacían sepultadas bajo los escombros de la revolución de abril de 1965 y el armazón estatal se encontraba resquebrajado. En esa hora de extrema gravedad, cuando muchos hombres eminentes rehuían el sacrificio del servicio público, acudió al llamado de la patria el Licenciado Luis Julián Pérez.
Con la visión propia de un gran estratega, sugirió la creación de un organismo que amalgamara las fuerzas vivas del Gobierno y la empresa privada. Nació así la Comisión Nacional de Desarrollo (CND). Hombre de inteligencia superior, refractario al vano figureo y dueño de una prudencia ejemplar, mantuvo siempre un trato de mutuo respeto y honda complementariedad con el jefe del Estado, convirtiéndose en el motor de las grandes obras de infraestructura que demandaba el país.
Sin embargo, el destino humano es propicio a las sombras. Hacia 1976, la insidia de espíritus intrigantes, de supuestos "amigos" que medran a la sombra del poder, comenzó a sembrar la cizaña en el espíritu de Clé Julián, persuadiéndole falsamente de que la obra de gobierno era fruto exclusivo de su genio y empujándolo a la ambición de la primera magistratura. La gota de la intriga horadó la roca de la vieja amistad. Envanecido por cantos de sirena, renunció al gobierno y desató un encarnecido combate retórico contra la administración que él mismo había ayudado a edificar durante una década.
A este distanciamiento político se sumó, en el decir de la sociedad higüeyana, un dolor de índole patrimonial y familiar: la expropiación, por razones de utilidad pública y reforma agraria, de sendas extensiones de terrenos pertenecientes al Central Romana y a la familia Valdez-Martínez, sus deudos más cercanos. Esos predios habrían de convertirse en el asentamiento agrario Isleño-Colon en la vía que conduce a Macao.
EL RETORNO A LA TIERRA Y EL LEGADO INMARCESIBLE
Fiel a su destino, fundó el partido Movimiento de Salvación Nacional y se presentó como candidato a la Presidencia de la República en los comicios de 1978, alcanzando el honor de ser el primer hijo de la hidalga villa de Higüey en postularse a tan excelsa dignidad.
LA PARTICIPACIÓN DE LUIS JULIÁN PÉREZ EN EL GABINETE DE BALAGUER 1986
Según narra el historiador, Monseñor Hugo E. Polanco Brito fue a la casa de Don Clé Julián, fruto de su gran experiencia de Estado, en donde se elaboró el borrador del gabinete de gobierno que acompañaría al presidente Joaquín Balaguer a dirigir los destinos de la República en el año 1986.
EL MATRIMONIO CON LA HIJA DE SU PARIENTE ÓSCAR VALDEZ
El Lic. Luis Julián Pérez estuvo unido en sagrado matrimonio con su virtuosa pariente, Doña Carmen Valdez Martínez, y procreó una única y amada hija, Luisa Ismenia Julián.
El 21 de mayo de 1999, a la avanzada edad de 86 años, su alma noble rindió el último aliento en la ciudad de Santo Domingo. Al extinguirse su vida, dejó tras de sí el recuerdo imperecedero de un ciudadano ejemplar, un tribuno de la ley y un intelectual cuya huella es ya patrimonio eterno de la República Dominicana.
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