I: Consideraciones sobre las condiciones objetivas y subjetivas de un democrático.
De un tiempo reciente a esta parte, se aprecia que, no ha sido ni uno ni dos países latinoamericanos en el que, el sistema democrático haya sido herido de gravedad, hasta el punto de su muerte o de su inhabilitación como sistema político. Se ha visto el democraticidio, tanto en el Salvador, como Bolivia, Colombia, Ecuador, Nicaragua y más países de otros continentes. Según muchos criterios de tratadistas de la materia, incluyendo el mío,-y eso se ve muy evidente-, cabe referir, que, se registran manifestaciones, en sentido figurado, de entierros o enfermedades catastróficas de este sistema político y, en su lugar, se han revivido, monarquías, dictaduras y cualesquiera acciones aventureras, oiga bien, por las vías de la urnas, que nacen de la gran frustración de los pueblos con el comportamiento y las diabluras de los gobiernos representativos, cuyas formas de gobernar ha resultado una fachada falsa y engañosa de la esencia de la democracia, que jamás será la simple ceremonia de la celebración periódica de elecciones, cuando su fundamento descansa en las garantías de las amplias libertades y sobretodo, el goce y el disfrute de profundas y equilibradas condiciones del goce de la calidad de vida de los conglomerados sociales, y sobretodo, sanas y honestas administraciones de los recursos del pueblo, si es que estamos hablando del llamado poder del conglomerado social.
A todas luces, se aprecia que este sistema, lamentablemente, ha sido infiltrado hasta sus tuétanos, por grandes escándalos de corrupción, robos públicos y todas clases de fechorías de las élites gobernantes que, sin lugar a dudas ha generado una desconexión del pueblo con los partidos "tradicionales”, y que, por efecto, además ha propiciado la frustración colectiva del cuerpo electoral, y el resquebrajamiento de su creencia y sus esperanzas, producto de las promesas vendidas en campañas-porque son muchas y muy vetustas- y, que cada cambio de gobierno, con sus honrosas excepciones se recicla la mala práctica, que en vez de fortalecer el sistema democrático, le desacreditan, aunque, en el discurso se venda de que el mismo, constituye la panacea y la barrera para que no imperen otros modelos, principalmente, los socialistas, militaristas o dictatoriales de cualquier naturaleza y que conculcan las “libertades públicas”
Pero en cambio, en la práctica política no ha sido como en esencia es la democracia. Todo lo cual, ha permitido que, tras grandes desencantos, perdidas de expectativas y hartazgos de los pueblos, estos, se sintonizan con un cambio de estatus quo, y por efecto, solo bastan consignas populistas para que los conglomerados maduren y transformen las condiciones subjetivas en objetivas, o sea, que generen empatías con movimientos levantiscas que sintonicen, tanto las frustraciones como sus comunidades de expectativas frustradas y, se constituyen, como se usa en estos procesos, masas irredentas que, sin ninguna ideología verdadera, se envuelven en el morbo de la rebelión a fin de ver rodar por el suelo cabezas de gobernantes causantes de sus “desgracias”.
II: Primer síntoma de la etapa contemporánea del Chavismo.
Obviando las histórica turbulencia del establecimiento de “la democracia” en Venezuela, para situar este enfoque en un contexto más reciente, se nos hace necesario asumir que las cicatrices de las heridas o la sintomatología de la debilidad de la democracia en dicho país, empiezan a manifestarse luego de la pérdida del esquema de confianza de los gobiernos “democráticos”, empezando por la realidad de los periodos presidenciales de Carlos Andrés Pérez, el líder de mayor esperanza para Venezuela,-en su momento-, pero que, según acota Raúl González, analizando las causas del fracaso de este actor político, situándose en lo que él llama “su fulgurante ascensión en segundo mandato presidencial, dicho líder “democrático”, fue destituido de la presidencia venezolana en 1993, y expulsado de su partido en junio de 1994, pero que ya, en 1992 estuvo a punto de la destitución violenta a manos del ejército, condicionando la presencia militar en la participación directa en las luchas políticas, a todo lo cual, se genera lógicamente, la interrogante de lo que pudo haber pasado, que, desde 1989 que fuera elegido-Carlos Andrés Pérez, por más de la mitad de los votantes, se generara una implosión social y política que desencadenó en el fracaso, el cual estuvo anclado, en la desestabilización económica y de la reforma estructural, y el éxito de la corrupción, todo lo cual, presenta varias lecturas políticas que obviamente, apuntan a la génesis del democraticidio en dicho país y, que marcaron el futuro de su sistema político, bajo el sentimiento de desterrar el “perecismo” .(https:/revista.comillas.edu>article>download. “Fracaso final de Carlos Andrés Pérez.
Según acota la fuente, estos acontecimientos, resquebrajaron el sistema democrático venezolano, que desde su instauración en 1958 como sistema político, el cual había nacido basado en tres grandes pilares de sustentación, a saber; a) la insistencia en el consenso como expresión política-democrática, que permitiera la búsqueda de soluciones a las divergencias surgidas entre los actores políticos en la implementación de las relaciones de poder; b) la evasión del conflicto, a través del cual se aseguraba que las divergencias debían ser solucionadas a través de los marcos institucionales establecidos por el sistema de partidos y los actores socio-políticos y nunca mediante medios violentos, ello por intermedio de un sistema de pactos o acuerdos y c) el desarrollo de un Programa Democrático Mínimo (PDM), destinado a la expansión del Estado de Bienestar, y a través del incremento del Gasto Público y la generación de respuestas sociales a las necesidades del ciudadano, mediante la intermediación de los partidos.
Sobre este último eje, llamo a fijar la atención porque constituye el marco estructural del beneficio de las gentes y que provocara la ruptura de la llamada continuidad historia de ese pasado, marcada entre otras realidades, por, “la presencia de un sector público poderoso, una economía rentista y una distribución del ingreso equilibrado”. Cabe agregar que, este sistema funcionó con gran eficacia hasta mediados de la década de los ochenta, cuando comenzó a experimentar un agotamiento de sus potencialidades y supuestos, generando una crisis de representatividad que afectó la capacidad del sistema de partidos políticos, especialmente de los partidos hegemónicos AD y COPEI- para asegurar la gobernabilidad democrática, cuyo comportamiento político de referencia, reflejó la crisis del Sistema Político Venezolano, como un proyecto hegemónico planteado por intermedio de los partidos políticos, los grupos económicos, las fuerzas armadas, la iglesia y los demás actores sociales. (Ibídem).
Según refuerza la fuente, en tal orden, es bueno referir que, la crisis no tuvo solución, sino, por contrario, propiciando entonces, que los agentes históricos que en 1958 tejieron las relaciones de poder sobre la base del entendimiento devinieron en una confrontación caracterizada por el paso de una relación pura coincidencia a otro puro conflicto, deteriorando la estructura institucional que habían construido previamente. Y que por efecto, a partir de tal situación económica desde la óptica sociológica, la política se conformó en un ejercicio de la conflictividad, con una doble consecuencia: en primer lugar, por un lado, en lo que respecta a los partidos políticos produjo un “desencanto democrático” que los transformó, de actores esenciales para la vida pública a grandes responsables de la crisis. (Ibidem). Y por otro lado, una gran crisis de representatividad, y justamente, de la dispersión del sentimiento de los diversos sectores, lo cual deriva, en que el pueblo, acudiera a nuevos actores “políticos”, ya preso o cautivo de una nueva retorica simbólica, en busca de respuestas sociales y nuevos liderazgos colectivos.
A todo esto, cabe agregar que, producto de la crisis de representación, el desencanto y desilusión con el sistema político, y que no se veía la posibilidad de salidas vía las instituciones, a la desolación imperante producto del agotamiento del modelo de representación, surgen las intentonas de Golpe de Estado de febrero y noviembre de 1992, en el que un grupo de militares-entre ellos Chávez, a la sazón, teniente coronel del ejército-, emergen como una opción ante la decadencia de la democracia de dicho país. Y al respecto, aunque la intentona no cuajara, se interiorizó en la psiquis del pueblo, derivándose como resultado posterior, que el pueblo tuvo la apreciación que dicha intentona militar, sellara un significado de referencia de identidad, que vio con beneplácito cómo en un país signado por la ausencia de responsables de la crisis, surgía un grupo de oficiales que estoicamente-según el criterio de los actores sociales, – casi en forma religiosa- asumió el compromiso de actuar frente al desbordamiento de la democracia venezolana.
Todo esto se interioriza tanto en la psiquis del pueblo, que, Chávez, sin estructura política, crea el Movimiento 5ta.Republica, el cual resulta el soporte político del ascenso al poder de este encantador de masas. Movimiento este, conformado en 1996, pero que surge en 1983, y había sido, inicialmente como Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200) en 1983 – año del Bicentenario del Natalicio de Simón Bolívar- con una estructura esencialmente militarista,-pero pasivo-, que se verá nutrida posteriormente de diversos sectores políticos, que le darán el carácter múltiple que presentara hasta hoy en día.(Juan Eduardo Romero Jiménez, “Hugo Chávez y la representación de la historia de Venezuela”, reflexión política, vol. 6, num.11, Junio, 2004, pág. 146/169, cuaderno Bucamaraca)
A todo esto, sigue refiriendo la fuente citada, los intentos de Golpe de Estado de 1992 no sólo introdujeron el problema del resurgimiento de la conflictividad entre el poder militar y el poder civil en el Sistema Político Venezolano, sino que también agregaron condiciones socio-políticas que incrementaron la ya difícil gobernabilidad democrática de la sociedad venezolana. Con ello, se entró en un proceso que algunos teóricos han denominado como coyuntura crítica, que en el caso de Venezuela significó el debilitamiento institucional de la estructura de poder, los símbolos de su ejercicio y los actores hegemónicos que le daban jerarquía, de forma tal que se produce la aparición del fenómeno de la antipolítica, que, la fuente primaria, citando a Rivas, 1999, p. 22, “ refiere a todas aquellas prácticas de movilización que en procedimientos o contenido actúa en una línea diferente de la marcada por la política institucional” (Rivas, 1999, p. 22).
En ese contexto, determinado por la antipolítica, y la aparición de outsiders-señores, refiere apariciones de candidaturas independientes-, en cuyo contexto se desarrolla la transformación del discurso político de Chávez Frías, entre su liberación de la cárcel en 1994 y el triunfo abrumador en las elecciones de diciembre de 1998, iniciando una transición política que aun hoy no ha culminado, muy a pesar del descapitamiento político de Nicolás Maduro.
III: El Chavismo y la derrota de la simbología de la democracia tradicional:
Según Raúl González, citando a Romero, 2001ª, p. 229-245, el discurso del poder en Chávez, mismo que se entiende como el “discurso que expresa las diversas construcciones que los hombres realizan de sí mismos y las relaciones que establecen en la vida social”. El llamado carisma de Chávez, se construye sobre la base de unos elementos contextuales que lo explica y le da significado: la crisis del sistema de partidos en Venezuela. Allí se afirmaba lo siguiente: “Los factores de socialización característicos del punto de mira actual, no tienen la pertinencia histórica que tuvieron antes de 1993. Por ello entramos en una gran conflictividad que es expresada en los acontecimientos del 27-28 de febrero de 1989 y en los intentos de Golpe de Estado de 1992.
Por tanto, el discurso político chavista, por lo tanto, encaja en unas condiciones de cambio histórico en la concepción, valores y tradiciones de la democracia venezolana, construida a partir de 1958. De lo que se trata es de una relación mediante la cual se va planteando una reconstrucción del discurso del poder, con la inserción de algunas determinantes diferentes en las asociaciones simbólicas, las creencias y valores que habían sido hegemónicos y dominantes durante una temporalidad prolongada (1958- 1998). Es decir, se asiste a una estructuración lógico-discursiva que basándose en la crisis como soporte, llega a plantear la problemática en términos concretos de lucha o superación cultural de los referentes que le dieron sentido y significado a un modelo de vida democrática.
En este mismo tenor, la misma fuente, pero, citando a Molero, 1999: 145-157, el discurso de Chávez encajaba en una situación de deterioro de la realidad política venezolana, a través de la cual se estructuro en base a una descomposición de las instituciones, actores y dinámicas del sistema. Por lo tanto, su propuesta planteaba un cambio radical de las condiciones que caracterizaron al Sistema Político Venezolano, expresado a través de un cuadro que señala el campo a través de todos los simbolismos.
Dispone de los iconos que el socialismo de Hugo Chávez asumió como emblemas y símbolos. Sé que el fondo son los elementos del emblema del socialismo que ha convertido en referente de la legitimidad y el poder un poco mesiánico.
En ese mismo orden, incluía la consideración partiendo que la ruptura del orden racional de funcionamiento obliga a una recomposición del sistema social, y por lo tanto, de las relaciones de poder, partiendo del señalamiento que era inminente una nueva relación de poder, marcada por la sustitución de la vieja élite política, que necesariamente debe ser “desaparecida” del sistema. Para ello se reescriben los símbolos de la acción comunicativa, para generar un discurso que es utilizado en la transmisión de “constructos sociales”-carga social de valores y creencias-, que denotan un contenido ideológico.
Cabe resaltar, según la fuente citada que, el discurso político chavista, por lo tanto, encaja en unas condiciones de cambio histórico en la concepción, valores y tradiciones de la democracia venezolana, construida a partir de 1958. De lo que se trata es de una relación mediante la cual se va planteando una reconstrucción del discurso del poder, con la inserción de algunas determinantes diferentes en las asociaciones simbólicas, las creencias y valores que habían sido hegemónicos y dominantes durante una temporalidad prolongada (1958- 1998). Es decir, se asiste a una estructuración lógico-discursiva que basándose en la crisis como soporte, llega a plantear la problemática en términos concretos de lucha o superación cultural de los referentes que le dieron sentido y significado a un modelo de vida democrática.
Entonces, la misma fuente destaca que, para otros autores como Molero (1999: 145-157), el discurso de Chávez tuvo cabida en una situación de deterioro de la realidad política venezolana, a través de la cual se había venido estructurando una descomposición de las instituciones, actores y dinámicas del sistema. Por lo tanto, su propuesta plantea un cambio radical de las condiciones que caracterizaron al Sistema Político Venezolano, expresado a través de un cuadro que señala el campo semántico de la descomposición. Por lo tanto, el Chavismo, asume un discurso, como campo semántico para expresar la descomposición, que según recogía Molero (2001), contenía los siguientes epítetos, podredumbre, estar podrido, degenerar en podredumbre, gangrena política, gangrena absoluta y total ingobernabilidad, descomposición, derrumbarse, estar en el suelo, venirse abajo, proceso catastrófico, corrupción incrustada hasta la médula, el país vive en medio de una catástrofe, es país fracaso, sistema horrendo, horripilante sistema de exclusión, situación social del país espeluznante. (Ibídem)
IV: Consideraciones analítica finales.
Según se aprecian los cuadros de dominación en América, la democracia es impactada por todas esas condiciones subjetivas que hizo emerger el Chavismo. Lo que sucede es que, aun con todos las sobrecargas de malas prácticas de la democracia, que resulta una posición acomodaticia de los intereses particulares que se alimentan del caos, más la inexistencia de una voluntad militarista y la propia inercia de la izquierda como sentimiento de rebelión, aunque se perciban condiciones subjetivas, suficientes para poner en amenaza la democracia, impactada de profundos desencantos al borde de criterios o sentimientos de la antipolítica visto en el desarrollo de este enfoque, si los líderes que operan dentro del sistema democrático no giran hacia los cambios autocríticos de reorientar sus comportamientos, aunque no se den levantamientos, sinceramente, por el propio criterio de la llamada democracia catastrófica, el estatus quo, sigue en amenaza de una explosión social, y aunque no se llame Chavismo, El democraticidio en América y el Chavismo como espejo político, pende como la espada de Damocles en el sistema democrático. De seguir así, metamos nuestra democracia en remojo.
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