Hace unos meses conversé con una joven ejecutiva de Recursos Humanos. Llegó a nuestra reunión con algo que veo cada vez con más frecuencia en las organizaciones: una mezcla de entusiasmo, responsabilidad y agotamiento.
Su empresa estaba inmersa en una transformación digital. Nuevas plataformas, nuevos procesos, nuevas métricas, nuevas expectativas. Todo parecía apuntar en la dirección correcta.
Sin embargo, mientras me contaba cómo habían sido sus últimos meses, hizo una reflexión que probablemente resuene con muchas personas:
«Siento que paso el día adaptándome a cosas nuevas, pero no sé si realmente estoy avanzando».
La llamaremos Andrea.
Un día le presentaban una nueva herramienta para evaluar candidatos mediante algoritmos. Al siguiente, debía documentar procesos en una nueva plataforma. Una semana después, Recursos Humanos iniciaba su transición para convertirse en un área orientada por datos. Cada iniciativa tenía sentido por separado. El problema era que todas estaban ocurriendo al mismo tiempo.
Su historia me recordó algo que con frecuencia olvidamos cuando hablamos de transformación digital: detrás de cada nueva tecnología hay personas intentando entenderla, adoptarla y encontrarle sentido.
Vivimos en una época donde transformar se ha convertido casi en una obligación permanente. La velocidad con la que evolucionan las herramientas tecnológicas, la inteligencia artificial y los modelos de negocio genera una presión constante por mantenerse al día. Nadie quiere quedarse atrás.
Sin embargo, en esa carrera por innovar, muchas organizaciones caen en una trampa silenciosa: la ilusión de que más transformación siempre es mejor transformación.
Implementamos nuevas plataformas antes de dominar las anteriores. Lanzamos iniciativas simultáneas. Cambiamos procesos mientras todavía estamos adaptándonos a cambios recientes. Incorporamos nuevas herramientas sin detenernos a evaluar si las personas tienen el tiempo, la claridad o las capacidades necesarias para integrarlas en su trabajo diario.
La transformación deja de sentirse como una evolución y comienza a percibirse como una sucesión interminable de cambios.
Cuando eso ocurre, aparece un fenómeno cada vez más estudiado en las organizaciones: el cansancio frente al cambio o change fatigue.
Contrario a lo que algunos podrían pensar, no se trata de resistencia al cambio. Muchas veces ocurre exactamente lo contrario. Son las personas más comprometidas, las que quieren aprender, aportar y generar resultados, quienes terminan sintiendo el mayor desgaste.
Sus manifestaciones pueden ser sutiles: menos participación, menos propuestas o menor entusiasmo frente a nuevas iniciativas. Con el tiempo, pueden aparecer señales más evidentes, como estrés, frustración o agotamiento.
Y las consecuencias no son menores. Diversos estudios han asociado el cansancio frente al cambio con una mayor intención de renunciar, menores niveles de satisfacción laboral y una reducción en la capacidad de las organizaciones para ejecutar exitosamente sus transformaciones.
Por eso es importante entender que el cansancio frente al cambio no es un problema individual. Es una señal organizacional que nos habla de sistemas donde la velocidad del cambio está superando la capacidad de las personas para procesarlo.
La respuesta no es abandonar la innovación ni desacelerar toda transformación. La respuesta está en transformar de manera más consciente: priorizar, coordinar iniciativas, comunicar con claridad y, sobre todo, acompañar.
Porque ninguna transformación ocurre realmente cuando se instala un software o se implementa una metodología. Ocurre cuando las personas incorporan nuevas formas de pensar, trabajar y colaborar.
Probablemente haya una Andrea en cada organización. Personas que sostienen los cambios mientras continúan entregando resultados, aprenden nuevas herramientas y ayudan a otros a adaptarse.
Muchas veces hablamos de proteger la inversión tecnológica, los procesos y las estrategias. Pero quizás ha llegado el momento de preguntarnos algo diferente:
¿Estamos cuidando a las personas que hacen posible la transformación?
Porque las Andreas no son un obstáculo para el cambio. Son la razón por la que el cambio ocurre.
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