“La sociedad necesita personas capaces de anticipar el futuro, no solo reaccionar ante él “. (Sociólogo Alvin Toffler).

Los seres humanos somos criaturas inmensamente sociales, estamos caracterizados por la génesis gregaria. Solo y aislados perecemos, aun sea de la tristeza y la soledad. El fruto y expresión de nuestro desarrollo como espacio dinámico lo configura y recrea la multiplicidad de las interactuaciones humanas, de las relaciones sociales. De ahí que no existimos en el vacío.

Lo que somos y nuestro comportamiento humano, se deriva en gran medida, como determinante de un contexto: cultural, social, económico, institucional, biológico; bosquejado todo ello, en medio de una estructura económica y una estructura social que se convierten en el gran paraguas que nos condiciona, nos hace ser y expresa, por demás, el signo más distintivo en lo social, en lo colectivo, del marco diferenciador de nuestra existencia.

El eslabón y búsqueda del hilo conductor es entender que los humanos, desde el ámbito de lo biológico, de lo natural, de nuestra estructura genética, somos iguales. No hay diferencia entre un alemán, un francés, un estadounidense, un mexicano, un chileno y un dominicano, desde la genética en sí misma. La obvia decantación, delimitación, está conectada con lo social, porque es lo social que nos hace humano en tanto construcción, desconstrucción y reconstrucción.

Una construcción social que es cultura, que es aprendizaje, que es socialización y que se fragua en el bosquejo cierto de nuestras necesidades, alcances e imaginación que fomenta la individualidad generada en la praxis social de un entorno determinado. Los obstáculos, las adversidades, los encuentros y desencuentros potencializan y neutralizan al mismo tiempo el desarrollo dinámico de nuestra personalidad como individuo y como ente social. Esto quiere decir que estamos permeados por varias claves musicales a la luz de la sociología, a saber:

  1. Una estructura social.
  2. Nuestras acciones sociales, que nos podan.
  3. La necesaria integración funcional.
  4. El poder, sus variedades: su verticalización y/o horizontalidad. Su grado de transacción y de transformación.
  5. La cultura, como fuente de interactuación humana, como espacio de la comprensión del rol de la cohesión social, del grado de internalización de la diversidad, de la tolerancia, en el entendimiento de la diferencia.

Todo ello, quiere decir que, aunque el comportamiento humano está mediado en gran medida por el cuerpo de acciones, de reacciones, de actitudes, deliberadas o no, conscientes o inconscientes, sus respuestas a sus necesidades, a sus diferentes entornos, están gravitados por las diferentes esferas de influencias de distintos factores que podríamos enumerar como:

  • Biológicos
  • Sociales
  • Emocionales
  • Culturales
  • Económicos
  • Sentimentales

Al no existir en el vacío, lo que hacemos, pensamos, decidimos, lo que sentimos, está profundamente determinado por un conjunto de factores y por las fuerzas sociales que coadyuvan desde la perspectiva societal en lo que somos, más allá de nuestra individualidad, de nuestra personalidad. Individuo, estructura y contexto nos homologan al tiempo que nos permiten diferenciarnos. Haciendo posible que el comportamiento humano, de cada uno de nosotros, sea diferente, incluso, frente a un mismo hecho, a una misma información y realidad.

Las fuerzas sociales son como esa gran constelación que marca cada cierto tiempo la vida social de un gran conglomerado, en la que la sociología contribuye a comprender las formas en las que se organiza socialmente la vida de cada país, de cada pueblo, de cada nación. Marcel Proust dijo “El universo estelar no es tan difícil de comprender como las acciones de los seres humanos”. Aquilatar esta hermosa frase nos sitúa en la comprensión de la complejidad de la vida humana. Cada ser humano, de los 8, 200 millones que habita el planeta, es un universo, como individuo: un “igual” y un “diferente a la vez.

El comportamiento humano es pues, un constructo, de un amplio espectro, de una vastedad que responde a la vida social, de la diversidad de entorno, con lo cual se enfrenta el ser humano: lo biológico-individual, lo histórico, lo social y su contexto, el grado de desarrollo material donde se forja o, dicho de otra manera, el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas. El comportamiento humano, que fluctúa en un pensar, en un hacer, en un decir, está mediado, al mismo tiempo, por los intereses, por una ideología determinada, por la manera como logramos lo que tenemos.

Ese comportamiento humano, dependiendo donde se desarrolle y recree, es: laboral, social, religioso, político, deportivo, económico, institucional, etc. etc., vale decir, distintas esferas del quehacer de la vida humana. Por ejemplo, si es en el campo laboral podríamos hablar del comportamiento organizacional, que al decir de Stephen P. Robbins y Timothy A. Judge, es “el campo de estudio que investiga el efecto que tienen los individuos, los grupos y la estructura sobre el comportamiento dentro de las organizaciones con el propósito de aplicar dicho conocimiento para mejorar la efectividad de las organizaciones”. Individuos, grupos y estructuras logran articularse y generar un determinado comportamiento humano.

Así mismo, podemos resaltar, hoy en día, el comportamiento económico. El economista José Luis De Ramón en su libro Economía del Comportamiento nos refiere que, una buena definición de la Economía del comportamiento nos la ofrece Dan Ariely, quien señala “La Economía del comportamiento se dedica a observar conducta de los agentes económicos y a derivar, de la conducta observada, conclusiones realistas acerca de su comportamiento ante incentivos particulares”. Agrega De Ramón “Más formalmente, podemos definirla como toda teoría frugal y verificable que reemplaza o modifica cualquiera de los principios de la teoría económica convencional, a partir de comportamientos observados del agente económico”.

El comportamiento humano pues, se dibuja y desdibuja, se crea y recrea, dependiendo donde han de operar las actitudes, acciones, reacciones y los factores que se anidan, al tiempo que traza la trazabilidad del tiempo de los seres humanos a lo largo del ciclo de su vida. Esto es, como vamos cambiando de comportamiento en la medida que nuestro desarrollo material se amplifica o se agrieta; así como vamos evolucionando por la edad, por la educación, por la asunción de nuevas visiones, en el trajinar del largo caminar.

El comportamiento humano, en el campo sociológico, es estudio sistemático de los grupos y sociedades en los que la gente vive, como son creadas y mantenidas o cambiadas las estructuras sociales y las culturas. Todo ello, afecta el comportamiento. Ese comportamiento que es la fuente de todas las formas en las que las personas interactúan, nos lleva a señalar que las acciones, pensamientos, sentimientos, actitudes se encuentran en constante construcción y reconstrucción de los individuos, de los grupos.

Como nos decía Alvin Toffler, “Cada nueva tecnología redefine lo que significa ser humano”. Porque ellas (las tecnologías) nos cambian la manera de pensar, porque, además, nos invitan a realizar las cosas y modificar los objetos de manera diferentes, los procesos, procedimientos y estructuras. El comportamiento humano se explica, a menudo, a partir de lo que nos sucede como persona, los motivos que nos envuelven como actor involucrado. Sin embargo, los sociólogos vamos más allá de la Psicología, nos adentramos en los patrones recurrentes, en las actitudes, acciones, reacciones, los factores que generan esos patrones: biológicos, culturales, políticos, institucionales. Los cambios en la sociedad, sociedad tradicional, mutaciones y transformaciones, vale decir, como esos patrones varían a lo largo de la historia, de las culturas y los grupos sociales. ¡Sin lente de prejuicios ni nostalgias del pasado!

El comportamiento humano está mediado por mecanismos internos del individuo, empero, lo nodal, desde la reflexión sociológica, es comprender y entender que todas las acciones humanas, así como nuestras experiencias vitales, están significadas por el contexto social en que tienen lugar los hechos, las acciones, las informaciones y las relaciones de intereses y de poder que se producen en una realidad determinada.

La imaginación sociológica de C. Wright Mills nos lleva a comprender como, incluso nuestra vida privada, está condicionada por fuerzas que están más allá del control individual de cada uno de nosotros. Verbigracia: Donde nacimos, nuestros padres, hermanos, donde estudiamos, origen social. Esto quiere decir que, en gran medida, el comportamiento humano es el espejo del mundo social (político, económico institucional) en que nos relacionamos. El comportamiento humano logra sintetizar las acciones sociales cimentadas en las actitudes y los patrones.

El comportamiento humano ha de visualizarse en un cuadro completo y complejo. Es la mirada escrutadora que trasciende la mera simplicidad del periodismo inmediatista, sin escalón, en una ráfaga de “opinionismo” sin reflexión holística. Necesitamos ver el cuadro completo para entender que hay algo más que actores en nuestro drama personal. Vivimos atrapados en patrones sociales que constituyen, por así decirlo, escenarios sociales más amplios de la tragedia social y que solemos ver y explicar desde el hecho mismo, sin implicaciones sociales, económicas, institucionales, culturales.

Veamos algunos hechos que constituyen, en la esencia, en el contenido real, fenómenos sociales y que de manera anodina visibilizamos sin explicación reflexiva:

  • La joven de 22 años que mató a su hermana de 13 años. Una violencia de género propiciada por el marido de la menor. Intervino la hermana. Aquí hay violencia. Una adolescente con un hombre: violación a la ley y tolerancia de la sociedad frente a la cultura tradicional. La joven dijo que no era matar a su hermana, si no al marido de su hermana que la golpeaba. Fue a una casa abandonada y “encontró” o buscó un arma de fuego. Prueba de una organización criminal, tal vez en ciernes.
  • La ley observada por el presidente relativa al pago de obras sin contratos. Ese comportamiento político es expresión del clientelismo más visceral, del neopatrimonialismo, de la anomia institucional. En una democracia de mediana intensidad democrática, sería insólito solo pensarlo. En un Estado moderno eso es inaudito. No puede pagar Hacienda sin contratos. Ninguna ley puede estar por encima de los principios de razonabilidad, de economía, de proporcionalidad, de equilibrio, de objetividad, de transparencia, de eficacia.
  • Más de 19,445 niñas y adolescentes dieron a luz en el 2024 y en el 2025. ¡Ningún hombre preso! Debilidad institucional pues está prohibido. 98% de esas niñas y adolescentes ligadas a la pobreza y a un precario nivel educativo. Familias disfuncionales. Hogares en un 46% monoparentales. Pocas políticas públicas. Una sociedad aporofóbica. Esas niñas y adolescentes teniendo niños es un caudal potencial de delincuencia en el mañana.
  • 3 meses y 16 días para comprar MARBETES, desde el 15 de octubre de 2025 hasta el 31 de enero sin recargo. Para el 31 de enero del 2026, fecha de expiración, faltaba un 15%, que no habían comprado, alrededor de 250,000 usuarios. La cultura tradicional de la prórroga de hace 25 años. La falta de disciplina social. La cultura de buscarle la vuelta a lo incorrecto e ilegal.

Es el comportamiento humano de una sociedad que, en medio de la modernización y posmodernidad, no logra articular lo mejor de los valores de ayer (sociedad tradicional) con lo mejor de hoy. Traduciendo que, merced a los cambios, parecería que todo se degrada. El esqueleto de la organización social, de la sociedad dominicana, debemos de asumirla con una nueva imaginación, que traiga consigo un nuevo diseño y una nueva construcción. Una nueva estructura social que genere mejores oportunidades y posibilite mejores actitudes y mejores comportamientos.

Cándido Mercedes

Sociólogo

Sociologo. Experto en Gerencia. Especialidad en Gestion del Talento Humano; Desarrollo Organizacional y Gerencia Social y Sociología Organizacional. Consultor e Instructor Organizacional. Catedrático universitario.

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