2) DSM-V:

301.7 Trastorno de personalidad antisocial

El cuadro sintomático de entonces de Redondo no dejaba lugar a dudas en cuanto a llenar los criterios diagnósticos…

  1. Patrón de vulneración de los derechos de los demás desde los 15 años (detenido por asesinato; engaño/mentiras; peleas; ausencia de remordimiento…)
  2. Tenía 19 años
  3. Inicio antes de los 15 años
  4. No hay esquizofrenia o trastorno bipolar.

En esta categorización coincido plenamente con mis colegas, pero el problema del DSM es que planteándose el diagnóstico psicopatológico como una ciencia positivista sólo se basa en la conducta exterior observable (los síntomas), y no toma en cuenta la dinámica interna para comprender cómo funciona la mente de esta persona, quiero decir los pasos sucesivos que han llevado hasta este cuadro conductual, perspectiva que sí nos llevaría más cerca de sus motivos. Por eso nosotros siempre hacemos un diagnóstico psicoanalítico, más profundo y psicodinámico.

3) Psicoanálisis:

-Timopatía (Binder, Schotte)

-Neurosis de carácter (impulsiva)

-Fragilidad del Yo

No vamos a hacer sin embargo un diagnóstico detallado de todos los aspectos del funcionamiento dinámico de esta personalidad, sino limitándonos solamente a aquéllos que tienen incidencia en el crimen cometido. Nos basaremos fundamentalmente en el Zulliger (técnica Salomon) y secundariamente en el (incompleto) Szondi, pues el protocolo Rorschach ya no está disponible (el Juez lo pidió en audiencia y se le entregó sin conservar copia).

Coincidimos en que hay una baja autoestima, un problema de base en la alimentación afectiva de la primera infancia generador no sólo de angustia (de abandono y de culpabilidad, es decir fijación a una etapa oral conflictiva: choque y resonancia marcados al claroscuro) sino también de frialdad contrastando con arranques de rabia (aguda ambivalencia de sentimientos); existe una definida distimia (trastorno del humor: vector C cambiante en el Szondi: 1er plano ±!±, ±+!, trasfondo +−, OØ, ±!O) con denegación de las experiencias agradables y aguda intolerancia a la frustración. Pero en lugar de la misma manifestarse regular y típicamente como depresión (agresión introyectada, desde un Super-Yo sádico al Yo) la agresividad y otros afectos son con frecuencia asociados a impulsos motores y dirigidos defensivamente hacia el exterior, hacia los demás lo que lo vuelve socialmente muy inestable y peligroso (choque con mucha reacción lábil a los colores, con insuficiente F+ o control). El cuadro puede designarse como una ‘psicopatía por desamparo’, una antisocialidad por trastorno del humor (timopatía, reclamando una ‘injusticia’ de base).

Se manifiestan también por supuesto mecanismos neuróticos (represión, aislamiento: choque al color y específicamente al rojo, indicio de acomplejamiento sexual) que utiliza, o más bien que intenta utilizar para defenderse de estos afectos dolorosos, pero sus impulsos espontáneos son de tal crudeza o naturaleza elemental (choque al color con respuestas consecutivas al mismo como “tierra”, “conflicto”, “sangre”) que empujan al Yo a la regresión al proceso primario inutilizando los controles intelectuales (ausencia de F+ en la fig. II multicolor). Sobre todo el color rojo (afectos ‘paroxismales’, también expresados en el Szondi) lo altera de tal manera (choque más confabulación) que los impulsos que estimula amenazan con desestabilizar al Yo; dos ejemplos de respuestas a la fig. III –que contiene tanto manchas oscuras como rojas y apela a la “función sintética del Yo”– son en este sentido muy elocuentes: en la presentación inicial vió “dos personas; el rojo [central] me representa… [que] están divididas por algún tipo de conflicto, yo creo que están peleando”, escena común que en la 2da presentación se transformó en “un insecto partido a la mitad y la parte de adentro del insecto… lo rojo sugiere la parte de adentro del insecto; los otros días maté un mosquito e hizo un embarre de sangre” que al cuestionarle él mismo admitió enseguida estar conectada en su mente con el momento del crimen. La franca degradación (regresión) en el percepto, de humanos a insecto (¡matar a José Rafael fue como matar a un mosquito!), de cuerpos íntegros a uno partido a la mitad, de un simple discutir por un conflicto a la acción de matar con profusa sangre, vivenciando de la manera más negativa el valor del claroscuro acompañado enseguida por el rojo, refleja transparentemente su peligrosidad impulsiva sobre una base distímica. Vale mencionar también que de la 1ra a la 2da presentación de los mismos estímulos el F+% descendió de 94 a 71, cuando normalmente ese descenso no debe llegar ni al 10%. En síntesis se podría diagnosticar el caso como uno limítrofe o fronterizo entre la neurosis (predominio de la reacción afectiva, de la impulsividad) y la psicosis (pensamientos por momentos delirantes, ambiciosos-megalomaníacos: p+! repetido en el Szondi), sobre una base timopática (una insuperable frustración narcisista de origen).

Alberto A. Peralta

Psicólogo clínico

Psicólogo Clínico, Psicoanalista, Perito Forense, especialista en evaluación psicológica proyectiva. Doctorado en Bélgica, creador y 1er Director de la carrera de Psicología PUCMM, miembro Academia de Ciencias de R.D., en práctica privada (Psicociencia) con decenas de publicaciones nacionales e internacionales en 3 idiomas sobre la evaluación proyectiva (incluyendo su libro 'Retorno a Rorschach': Paris 2022, Buenos Aires 2025).

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