“Lamentablemente cuando pasan estos casos, la sociedad da una mala respuesta y una de las malas respuestas es ajorrar dudas sobre las víctimas”. Luis Vergés

A Pedro le robaron el carro y cuando fue a poner la denuncia, en el destacamento no le creyeron. Le dijeron que, aún si fuera cierto, “algo habrá hecho usted para que se lo robaran”. “A ver caballero, usted seguramente lo dejó abierto o con la llave puesta o en un lugar oscuro” dijo casualmente la policía mientras lo miraba con cara de “vaya donde otra pendeja a meterle ese cuento”. El pobre Pedro explicó hasta que se le gastó la voz de la rabia y la impotencia que siempre es muy cuidadoso con sus cosas y mucho más con su carro tan chulo que se acababa de comprar. Lo que más le molestó es que toda la gente con la que habló asumía que estaba mintiendo y hasta les escuchó decir entre risas cuando se iba que “ya sabes lo histéricos que son los hombres, lo más probable es que quiere hacerle daño a esa persona inventándose cosas y viene a hacernos perder el tiempo”.

A Ernestina la acusaron de haberse robado unos cuartos violentos en la institución pública en la que trabajaba hace varios años. Como es una figura pública muy conocida dentro y fuera del país, le preocupaba que la iban a acosar a ella y a su familia en los medios y en las redes mientras iniciaba el proceso judicial que seguramente habría en su contra. Pero mucha gente salió a defenderla porque, aunque no la conocieran personalmente, era famosa y se sabe que la gente famosa nunca hace lo mal hecho. En todo caso, como plantearon muchas personas en las redes sociales, incluso si fuera cierto que se robó todo ese dinero, la culpa no es de ella sino de las personas encargadas de evitar que haya corrupción en el gobierno. Y además, “eso no puede ser cierto porque ¿por qué tardaron tanto en poner la denuncia?”, comentaba mucha gente.

¿Verdad que hay algo fuera de lugar en estos ejemplos? Como creo que ya sospechan, estos casos no son de la vida real. Me los inventé para ayudarnos a imaginar cómo sería un mundo al revés en el que la gente reaccionara ante todos los crímenes como muchas personas reaccionan ante la posibilidad de que un hombre, especialmente un hombre famoso y con dinero, ha hecho daño a una o más mujeres. De hecho, en estos ejemplos inventados que les puse (y les agradezco la paciencia que me tienen leyéndolos), los géneros están invertidos. Como destacaba hace unos días el psicólogo Luis Vergés, uno de los más importantes expertos en violencia de género en nuestro país, “si alguien le da una patada a un perro, todo el mundo va a concluir ‘ese hombre es un agresor porque mira cómo le dio una patada a un perro’. Pero si la patada se la da a una mujer, se va a dividir la población en dos. Unos dirán ‘Es un abusador’ y otros dirán ‘Algo hizo esa mujer para que le dieran la patada’”.

Y esto no ocurre solo en República Dominicana. En muchas sociedades, usualmente les damos el beneficio de la duda a los hombres y dudamos de lo que dicen y hacen las “histéricas” mujeres. (La misma palabra “histeria” viene del griego “hystéra” que significa útero y se usa para descalificar solo a las mujeres). Lo mismo ocurre con las personas blancas o “más claritas” en comparación con las que tienen la piel más oscura, con las de mayores ingresos en comparación con las que tienen menos dinero y así sucesivamente. Por ejemplo, por más objetividad que creamos tener, si usted o yo entramos en un lugar para buscar una información, ¿a quién nos vamos a acercar sin pensarlo porque asumimos que sabe o que es la máxima autoridad? ¿A una mujer negra con el cabello crespo natural y vestida de manera sencilla o a un hombre blanco con cabello lacio vestido de traje?

El sociólogo francés Pierre Bourdieu estudió esta doble moral y lo invisible y “normal” que es para la mayoría de la gente. Bourdieu propuso el concepto de la violencia simbólica para explicar cómo incluso las personas a las que más daño les hace la forma en que está organizada la sociedad, pueden llegar a aceparla y justificarla porque han aprendido (en las escuelas, en el lenguaje, etc.) que esa es la manera en que deben funcionar las cosas. De hecho, para Bourdieu el ejemplo más completo de violencia simbólica es el de la dominación masculina que asumen como normal tanto los hombres como las mujeres.

Casos como las acusaciones de agresión sexual contra el cantante Julio Iglesias que salieron a la luz este mes vuelven a poner este tipo invisible de desigualdad sobre el tapete. ¿Por qué? Porque a pesar de la valentía inmensa que mostraron las mujeres que presentaron la denuncia, mucha gente reaccionó burlándose de ellas o saliendo a defender al cantante sin siquiera abrirse a la posibilidad de que ellas estuvieran diciendo la verdad. Cada vez que hay un posible caso de violencia por parte de un hombre contra una o más mujeres, la reacción automática de muchas personas, incluidas mujeres, es darle el beneficio de la duda al hombre y dudar de las intenciones y de la palabra de la mujer. En casos como este, como sabemos por la obra de académicas feministas como Kimberle Crenshaw y Angela Davis, la diferencia de poder entre acusadoras y acusado es mucho mayor por la desigualdad extrema no solo en recursos sino en legitimidad ante la sociedad entre el hombre blanco europeo y famoso y las mujeres caribeñas pobres y de color.

Como explicaba el mismo Vergés en la entrevista que les compartí, es normal que las víctimas de este tipo de violencia presenten la denuncia varios años después (si llegan a hacerlo). En un estudio realizado por el Centro de Intervención Conductual para Hombres, el promedio de tiempo para una mujer presentar una denuncia fue de 5 años que es justamente el periodo que le llevó a Laura y a Rebeca. Y la razón es precisamente que muchas mujeres saben, porque lo han visto en las noticias y a su alrededor, que la reacción automática de muchas personas es la de dudar de las víctimas y revictimizarlas; algo que nuevamente ha ocurrido con Laura y Rebeca (nombres ficticios que utilizan para protegerse).

Pero las acusaciones de Laura y Rebeca fueron presentadas después de haber sido entrevistadas varias veces en un periodo de un año por elDiario.es y Univisión Noticias. Y esas entrevistas fueron parte de un proyecto de investigación periodística que estos medios realizaron por tres años contactando 15 personas que trabajaron para el cantante en diferentes momentos desde finales de los años ‘90 hasta el 2023 en las casas de Julio Iglesias en nuestro país, en las Bahamas y en España. Como destacaron ambos medios, sus declaraciones “han sido contrastadas con abundantes pruebas documentales, como fotografías, registros de llamadas, mensajes de WhatsApp, visados, informes médicos y otros documentos”. Además, la organización que las acompaña, Women’s Link Worldwide, informó que después de que ellas presentaran la denuncia se les han acercado otras víctimas del artista.

Aun así, la reacción automática de muchas personas es la de culpar a las mujeres involucradas como enfatizaba la periodista Amelia Deschamps en la entrevista a Vergés. Incluso con los videos y testimonios de múltiples mujeres besadas a la fuerza o acosadas de otras formas por Iglesias, hay gente que reaccionó preguntándose por qué “ellas no hicieron nada” en vez de por qué el cantante hizo lo que hizo. Y las personas de su entorno lo han defendido argumentando que Iglesias “nunca ha tenido necesidad de abusar de las mujeres porque siempre ha tenido una a su disposición, sentimentalmente” como planteó uno de sus amigos sin entender que este tipo de violencia se basa en el deseo de ejercer el poder, no en necesidades racionales. Por eso desde los movimientos feministas siempre les creemos a las mujeres que denuncian porque sabemos lo difícil que es hacerlo y sabemos cómo funciona este tipo de violencia.

Ciertamente todas las personas tienen derecho a defenderse de quienes les acusan en un juicio oral, público y contradictorio. Ojalá, Laura y Rebeca se animen a querellarse en República Dominicana o, mejor aún, que el Ministerio Público dominicano asuma el caso. Ya varios abogados han planteado que ambas posibilidades están abiertas ahora que lo han desestimado las autoridades españolas. Pero independientemente de lo que ocurra con el caso legal, necesitamos aprender a darle el mismo beneficio de la duda a quienes toman el paso valiente de decir que fueron víctimas que a sus potenciales victimarios como hacemos con todos los otros tipos de crímenes. Como decía la abogada Radhive Pérez, para estas mismas fechas el año pasado: “Creer a las mujeres no significa abandonar el pensamiento crítico ni la búsqueda de la verdad. Por el contrario, implica reconocer que nuestros filtros de credibilidad están históricamente sesgados y necesitan ser recalibrados.” Cada vez que una mujer denuncia a pesar de todas estas dificultades, abre el camino para que otras lo hagan y no acepten la violencia. Como dijo la misma Rebeca, decidió dar este paso pensando en “que haya una Rebeca como yo que no se sepa defender” para “que no se quede callada”.

Esther Hernández-Medina

Doctora en sociología

Es una académica, experta en políticas públicas, activista y artista feminista apasionada por buscar alternativas para garantizar el ejercicio de los derechos de las mujeres y de los grupos marginados de todo tipo en la construcción de políticas públicas y sociedades más inclusivas. Es Doctora en Sociología de la Universidad de Brown, egresada de la Maestría en Políticas Públicas de la Universidad de Harvard y egresada de la Licenciatura en Economía (Summa Cum Laude) y de la Maestría en Género y Desarrollo del INTEC universidad donde también fue seleccionada como parte del Programa de Estudiantes Sobresalientes (PIES). Su interés en poner las instituciones y políticas públicas al servicio de la ciudadanía, la llevó a colaborar en procesos innovadores como el Diálogo Nacional, la II Consulta del Poder Judicial y el Programa de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres (PIOM) en la década de los ’90 y principios de la siguiente década. Años después la llevaría a los Estados Unidos a estudiar la participación ciudadana en políticas urbanas en la República Dominicana, México y Brasil y a continuar investigando la participación de las mujeres y otros grupos excluidos en la economía y la política dominicana y latinoamericana.

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