Miles de millones de personas ahora tienen acceso a la IA. Esto podría distribuir la riqueza o concentrar aún más el poder entre la élite tecnológica.

Miles de millones de personas pueden acceder a una IA cada vez más poderosa a un costo insignificante. Con estas herramientas extraordinarias, cualquier persona con ingenio podrá perseguir sus propios intereses, encontrar nuevas formas de trabajar, iniciar sus propias microempresas y generar su propia riqueza.

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Hasta que la Revolución Industrial trastocó el orden económico, el mundo estaba en manos de mercantilistas vestidos con ropa elegante. La riqueza se consideraba un recurso escaso y finito. Los ricos y poderosos oprimían a los pobres. La agricultura de subsistencia no generaba una demanda excedentaria de bienes de consumo, lo que significaba que la economía global se estancaba. Era un mundo de suma cero.

En un nuevo y provocativo ensayo, el escritor especializado en tecnología Venkatesh Rao se pregunta si hoy podríamos estar enfrentando una situación similar a medida que se desarrolla la nueva «Revolución de la Inteligencia» impulsada por la inteligencia artificial (IA). Solo que en la actualidad son los «mercantilistas cognitivos», como él los llama, quienes están obsesionados con la idea de que la inteligencia humana debe defenderse de los excesos de la IA, en lugar de ser liberada por ella.

Si se sustituye la palabra «inteligencia» por «riqueza», argumenta Rao, se está retrocediendo al universo conceptual de principios del siglo XVIII. Los mercantilistas cognitivos, más interesados en acaparar riqueza que en crearla, ven la inteligencia como un recurso precioso que debe ser controlado estrictamente por profesionales acreditados. Los países y las compañías recorren el mundo para reunir a los mejores cerebros y atesorarlos como si fueran oro. Por el contrario, descartan a las «masas» menos inteligentes como activos cuyo valor se deprecia y que corren el riesgo de convertirse en seres humanos superfluos.

Pero Rao sostiene que la IA desafiará a los mercantilistas cognitivos de hoy en día, de la misma manera que las hiladoras Jenny y las máquinas de vapor de la Revolución Industrial desafiaron a los mercantilistas del pasado, permitiendo que surgiera una nueva clase de innovadores. Así fue como el capitalismo de suma positiva surgió del mercantilismo de suma cero.

Hoy en día, miles de millones de personas pueden acceder a una IA cada vez más poderosa a un costo insignificante. Con estas herramientas extraordinarias, cualquier persona con ingenio podrá perseguir sus propios intereses, encontrar nuevas formas de trabajar, iniciar sus propias microempresas y generar su propia riqueza. La IA impulsará la próxima «Revolución Industriosa». Y los agentes de IA, que algún día superarán en número a los humanos, constituirán por sí mismos una fuente adicional de demanda de consumo.

Esta teoría es seductora, pero puede cuestionarse por varios motivos.

Según la interpretación más convencional de los hechos, la IA está concentrando aún más la riqueza y el poder en manos de los oligarcas corporativos. Algunos sostienen que incluso podría servir como la herramienta de una nueva forma de esclavitud, en lugar de empoderamiento. El mercado bursátil estadounidense nunca había alcanzado valoraciones tan elevadas ni había estado tan concentrado como lo está hoy.

Los centros de datos que están proliferando por todo el mundo son vistos como los «oscuros molinos satánicos» de nuestra época, lo que ha desencadenado una reacción popular en contra de la IA, especialmente en EEUU. Según una encuesta del Pew Research Center, el 40 % de los estadounidenses cree que la IA tendrá un impacto negativo en la sociedad durante los próximos 20 años, mientras que solo el 16 % espera que sea positivo. La tecnología se ve como algo a lo que hay que resistirse, no como algo que se debe acoger.

Dicho esto, el 49 % de los estadounidenses ya usa chatbots de IA, lo que representa una de las adopciones tecnológicas más rápidas de la historia. Algunos científicos también se maravillan ante la capacidad de la IA para abrir nuevas vías de investigación, como AlphaFold, el modelo de IA de Google DeepMind que ha predicho las estructuras de más de 200 millones de proteínas. Y una nueva generación de empresas «startup» basadas en la IA, que aplican la tecnología en una gama cada vez más amplia de campos, está creciendo más rápido que las generaciones anteriores de empresas y a un costo menor. La historia de la tecnología sugiere que muchas de las oportunidades más rentables se encuentran en el umbral del cambio o el descubrimiento.

Lo que falta actualmente, según la opinión de algunos expertos que estudian la economía de la inteligencia, son las estructuras organizativas necesarias para aprovechar al máximo las capacidades de los seres humanos que trabajan con agentes de IA, lo que ellos denominan un tipo de insumo económico genuinamente nuevo. Así como surgieron compañías superinteligentes para coordinar las habilidades variadas pero complementarias de los seres humanos, necesitamos nuevas organizaciones para aprovechar la inteligencia conjunta de la IA y los seres humanos. Si esto ocurre, tendrá grandes implicaciones para la industria de la IA: el nivel de colaboración de los agentes de IA con los seres humanos y entre ellos será tan importante como lo que puedan hacer.

John Thornhill. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.

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