Hay experiencias académicas que terminan cuando concluye una clase. Otras comienzan precisamente cuando se abandona el aula.
Las experiencias internacionales de la Maestría en Derecho Migratorio y Consular de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) no son nuevas. Sin embargo, la jornada desarrollada en Washington, D. C., y Nueva York durante septiembre de 2026 tuvo una significación particularmente especial, por la articulación de las dimensiones académica, institucional, diplomática, consular, judicial, profesional y universitaria.
Washington y Nueva York no fueron simplemente dos destinos. Constituyeron un mismo espacio académico internacional, concebido para observar el Derecho en funcionamiento.
La internacionalización de una Maestría no puede medirse por la distancia recorrida, sino por su capacidad para colocar al estudiante frente a realidades que amplíen aquello que estudia en las aulas. En Washington, el programa se desarrolló entre el 8 y el 11 de septiembre. Nueva York tomó el relevo del 12 al 17 de septiembre, incorporando una dimensión particularmente vinculada al Derecho Migratorio y Consular.
En Washington, gracia a la eficiencia de los funcionarios dominicanos, los maestrantes tuvieron contacto con Georgetown University, la Organización de los Estados Americanos (OEA), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial, el Capitolio de los Estados Unidos, el Departamento de Estado y la Suprema Corte de los Estados Unidos.
La diversidad de estos espacios mostró que el Derecho Migratorio y Consular no puede entenderse como una disciplina aislada. La movilidad humana se relaciona con la política exterior, la diplomacia, la legislación, la justicia, la economía, la cooperación internacional y la protección de las personas. No se trataba de acumular visitas, sino de comprender conexiones.
Uno de los momentos más significativos fue la visita a la Suprema Corte de los Estados Unidos, con una charla guiada en la sala de audiencias y un recorrido por el edificio. Para un estudiante de Derecho, entrar en el espacio donde se desarrolla una parte esencial de la experiencia jurisdiccional produce una aproximación difícil de reproducir mediante la teoría. Conceptos como jurisdicción, derechos, poderes públicos, interpretación jurídica y función judicial adquieren otra dimensión cuando pueden observarse en su escenario institucional.
La diplomacia constituyó igualmente un componente esencial. La Embajada de la República Dominicana en Washington no fue únicamente un apoyo logístico, sino un espacio articulador de la experiencia institucional y académica. En la Residencia Oficial de la Embajadora se realizaron presentaciones sobre las funciones de la Embajada y los asuntos consulares, seguidas de preguntas, respuestas y la clausura del programa.
Nueva York aportó una dimensión más cercana a la realidad cotidiana del Derecho Migratorio y Consular. El encuentro en el Consulado General de la República Dominicana permitió conocer directamente la complejidad de la función consular y su labor en favor de los dominicanos residentes en el exterior. La gestión de la Licda. María Huel, reputada profesional dominicana radicada en los Estados Unidos, facilitó este valioso intercambio con las autoridades consulares.
El consulado es, en muchos sentidos, el rostro cotidiano del Estado frente a su comunidad fuera del territorio. Por ello, el Derecho Consular no puede reducirse a trámites y documentos: detrás de cada servicio existe una responsabilidad institucional y, muchas veces, una necesidad humana.
La jornada condujo luego a la Corte de Inmigración, donde los maestrantes pudieron conocer sus instalaciones, observar audiencias migratorias, recibir explicaciones sobre su funcionamiento y participar en un intercambio académico.
El contraste fue revelador: en el Consulado observaron la relación del Estado dominicano con sus nacionales en el exterior; en la Corte, la relación del Estado receptor con la persona migrante sometida a un procedimiento jurídico. Entre ambos escenarios apareció el campo de estudio de la Maestría.
La experiencia académica continuó en Fordham University School of Law, donde el encuentro con la comunidad universitaria permitió incorporar una dimensión especialmente relevante: la relación entre los derechos humanos y las técnicas propias del Derecho Migratorio.
El intercambio académico permitió reflexionar sobre la necesidad de que la formación del jurista especializado no se limite al conocimiento de las normas migratorias, sino que comprenda también los principios y derechos que deben orientar su aplicación. el vínculo en la necesidad de identificar la protección de los derechos fundamentales y los derechos de los Estados en hacer cumplir sus normas.
El verdadero valor de la jornada no estuvo en el número de instituciones visitadas, sino en la metodología. El estudiante pasó de la observación pasiva al contacto directo con instituciones, funcionarios, profesores, diplomáticos y profesionales. El conocimiento adquirido en las aulas pudo confrontarse con la realidad, generando nuevas preguntas.
Esta edición adquiere mayor significado, porque forma parte de una experiencia internacional que la Maestría ha construido a lo largo del tiempo. La jornada de 2026 alcanzó una nueva dimensión al articular escenarios diversos: desde los organismos internacionales hasta los tribunales; desde la representación diplomática hasta el consulado; desde las grandes decisiones institucionales hasta el caso concreto del inmigrante; desde la universidad hasta el ejercicio profesional.
Formar profesionales en Derecho Migratorio y Consular exige mucho más que conocimiento normativo. Exige visión internacional, sensibilidad institucional, capacidad de análisis y comprensión de la dimensión humana del Derecho.
Al regresar, los estudiantes no vuelven iguales. Quien observó una audiencia migratoria comprende que detrás de cada expediente existe una persona; quien conoció el trabajo consular entiende que detrás de cada trámite hay una responsabilidad; y quien recorrió tribunales, organismos internacionales, universidades y espacios diplomáticos comprende mejor la complejidad de un mundo jurídico sin fronteras. Por estas razones, me despido orgulloso de haber formado parte de este gran proyecto.
La Maestría salió del aula para encontrarse con el mundo y, al regresar, trajo una parte de ese mundo al aula. Porque enseñar Derecho Migratorio y Consular no consiste solamente en explicar las normas que regulan la movilidad humana, sino también en enseñar a mirar las instituciones, comprender sus funciones, identificar sus responsabilidades y reconocer a la persona que existe detrás de cada frontera, cada procedimiento y cada decisión.
Cuando una universidad consigue eso, la internacionalización deja de ser un concepto académico y se convierte en verdadera formación.
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