El aprendizaje es un proceso complejo que requiere la puesta en acción del razonamiento lúcido, la voluntad; y la disposición anímica y actitudinal de los sujetos. En el campo de la educación superior, estos elementos constitutivos del proceso de aprender son de vital importancia. Se espera que, en este ámbito, tengan un desarrollo robusto y que no requieran condiciones remediales. De ser así, es importante la implementación de estrategias metodológicas que promuevan e impulsen el aprendizaje en clave de colaboración. Este modo de aprender le abre espacio a la construcción desde la pluralidad de contextos, de visión, de ideas y de experiencias.
De igual manera, este tipo de aprendizaje activa el interés por la captación y el redescubrimiento de lo que los otros piensan, viven y sienten. Se produce una comunión de intereses, de valores y de prácticas. El aprendizaje colaborativo genera transformaciones en las formas de pensar y de hacer. Asimismo, produce cambios cualitativos en los procesos de toma de decisiones y provoca formas nuevas de conducirse en el contexto educativo y social. Induce a los actores de esta modalidad de aprendizaje a que reconozcan el carácter complementario de sus saberes y de sus prácticas; que, a su vez, son, también, pasibles de mejoras y de readecuación permanente.
En la educación superior, el aprendizaje colaborativo avanza en la adquisición de espacio y de reconocimiento. Esta forma de aprender no disminuye la importancia del aprendizaje individual. Lo incluye y lo potencia. En este sentido, el aprendizaje individual se produce, pero abierto al fortalecimiento de la interdependencia que genera el aprendizaje colaborativo. La finalidad es aprendizaje de forma conjunta para un mayor fortalecimiento del aprendizaje individual. Es, además, un proceso de aprendizaje que comporta fortalecimiento de la autonomía personal en coherencia con la corresponsabilidad entre pares. La educación superior que afianza el aprendizaje colaborativo se encamina a una producción científica y a un compromiso social que crea cultura.
La creación de una cultura educativa y social redimensiona la educación superior. Esto es así al producirse un avance en los procesos de aprendizaje. Estos no se suscitan solo para el desarrollo de los actores; se promueven para que el aprendizaje tenga alcance institucional y social. El aprendizaje institucional hace que las instituciones desplacen su interés por los productos y su colocación en las escalas de desempeño hacia aprendizajes polivalentes que reencauzan el modo de entender y de aplicar el conocimiento científico; y, asimismo, la forma de concebir y de generar la producción científica. En esta misma dirección, se activan cambios cualitativos en la concepción y en la producción de las experiencias de innovación educativa y tecnológica; de innovación social.
El aprendizaje colaborativo deja atrás, en la educación superior, la práctica individualista y mesiánica. Incentiva una mirada más plural; y acciones pensadas y ejecutadas desde la cultura de la inteligencia colectiva. Esta inteligencia no uniforma ni crea dependencia. Suscita el intercambio y la puesta en común de saberes pluridimensionales; lo que genera cambios en la cultura personal, institucional y social. En este contexto, se tejen lazos, se armonizan puntos de vistas, se analizan las diferencias y se construyen nuevas prácticas. Estas, a su vez, sirven de base a formas diversas de concebir y de promover el sentido y la efectividad de la educación superior en la sociedad. Se avanza hacia una educación superior que establece ruptura con la indiferencia socioeducativa, política y cultural del contexto en el que está inserta.
El aprendizaje entre pares rompe con la cultura del saber absoluto. Le abre las puertas a una cultura sinodal, en la que la horizontalidad, la participación y los saberes particulares se convierten en materia prima de la construcción colectiva, del trabajo conjunto para ser y hacer con sentido y de forma compartida. Desde esta perspectiva, el aprendizaje entre pares resignifica el aprendizaje entre iguales, potencia la cultura abierta a formas distintas de construir prácticas nuevas. Asimismo, se valoran las aportaciones de las personas y de las entidades con las que intervenimos en el mundo de la educación, especialmente, en el contexto de la educación superior.
El aprendizaje colaborativo entre pares constituye una oportunidad en tiempos de cultura digital y de Inteligencia Artificial. Constituye, también, un desafío a la utilización racional y crítica de la inteligencia natural. Este desafío favorece la construcción de culturas socioeducativas que van más allá de posiciones que afirman el individualismo. Tienen como horizonte una educación superior signada por el esfuerzo conjunto y la búsqueda compartida. Se orientan, sobre todo, a la reinvención de formas de aprendizaje comprometidas con saberes y prácticas interpersonales e interculturales.
El aprendizaje colaborativo desafía y redimensiona las concepciones, las metodologías y las experiencias en las aulas y en las entidades de educación superior. Propone la construcción de una cultura diferente de aprender y de actuar.
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