¿Encuentran los hombres y las mujeres la felicidad en lugares o en cosas similares o distintas? ¿Qué hace feliz a una mujer? ¿Qué a un hombre? ¿Cómo la viven ambos? ¿De igual o de distinta manera? Como ves, el tema de la felicidad puede dar para mucho si se trata de mirarlo desde la mujer o desde el hombre.
Se dice que la felicidad presenta matices distintos cuando se trata de uno de otra.
En las encuestas globales sobre el tema del bienestar y la felicidad aparece un dato que desconcierta: ambos reportan niveles similares de felicidad, pero al indagar las razones las diferencias son notables. El asunto no parece estar en las diferencias biológicas, ni en las caracterizaciones hormonales que se vinculan en cada caso, sino en algo más sutil y poderoso: la cultura. La manera cómo aprendemos a ser felices.
Para algunos, dentro de las ciencias del comportamiento, la felicidad no es solo la manifestación de un estado emocional determinado, sino una suerte de configuración social sobre lo que significa ser en ambos casos. Así, se habla de una construcción social de la felicidad. Es decir, la felicidad está moldeada por normas culturales, valores y entornos socioeconómicos.
Otra cuestión es la relativa a la expresión de la felicidad, que en su complejidad emocional se manifiesta de manera universal a través de la expresión de la cara, como en la postura corporal abierta que exterioriza lo que se vive internamente. Sin importar edad, sexo, clase social y cultura, la expresión de la felicidad es la misma. Ése es otro tema.
Desde una perspectiva sociocultural, la felicidad se percibe como una construcción simbólica polisémica que adquiere múltiples significados influenciados por el contexto social. Así lo expone un estudio de la UNAM, La felicidad se construye a partir de un enfoque sociocultural de la investigadora Alice Poma. Ver en la página web La felicidad se construye a partir de un enfoque sociocultural
En esa misma perspectiva pero considerando también múltiples raíces filosóficas que aglutina sentidos de lo deseable para la vida humana, se ubica el estudio Representación social de la noción de felicidad en estudiantes y profesionales de la educación y la salud de Chile e Italia de María José Rodríguez Araneda, publicado en la base de datos redalyc: Representación social de la noción de felicidad en estudiantes y profesionales de educación y salud de Chile e Italia
Haciendo énfasis en el entorno y dependiendo de factores externos como la justicia, el acceso a derechos, el amor y la pertenencia a una comunidad que condicionan la vivencia de la felicidad, está el estudio La felicidad como construcción social: una reflexión desde el lenguaje y la cultura de Sara Isabella y que aparece en su página web: LA FELICIDAD COMO CONSTRUCCIÓN SOCIAL: Una Reflexión Desde El Lenguaje y La Cultura
Poniendo el énfasis en la importancia de la vida social para la felicidad el estudio de Harvard (Harvard Study of Adult) es considerado posiblemente el más antiguo, pues se inició en el 1938 durante la Gran Depresión y aún se mantiene: “Abrazar la comunidad nos ayuda a vivir más tiempo y a ser más felices”. Ver en Durante casi 80 años, estudios de Harvard han demostrado cómo vivir una vida sana y feliz — Harvard Gazette
A propósito de este estudio Robert Waldinger señala que “las personas que estaban más satisfechas en sus relaciones a los 50 años eran las más sanas a los 80 años”. Según él, “las buenas relaciones no solo protegen nuestro cuerpo; protegen nuestro cerebro”. Sobre este último aspecto, él señala:
“Esas buenas relaciones no tienen que ser fluidas todo el tiempo. Algunas de nuestras parejas octogenarias podían discutir día tras día, pero mientras sintieran que podían contar realmente el uno con el otro cuando las cosas se ponían difíciles, esas discusiones no afectaban a sus recuerdos”.
En una búsqueda de respuesta a la interrogante de si hay diferencias entre mujeres y hombres respecto a la razón de la felicidad, hace ya algunos años hice un par de preguntas a través de Facebook: ¿Eres feliz y qué te hace feliz? Para mi sorpresa muchas personas respondieron tanto de nuestro país como de otros países.
Todas estas respuestas las subí al software AtlasTi, y encontré una especie de fenomenología de la felicidad segregada por sexo. Sobre esto volveré.
Para muchos hombres, la felicidad está íntimamente ligada a cosas concretas de la vida: bailar, estar con los amigos, pero también a la idea de competencia, de haber logrado algo, sentir que avanzan, que dominan su entorno o que reciben reconocimiento por su desempeño. La autonomía, aparece como un componente central.
En contraste, las mujeres suelen vincular su felicidad con el vínculo, la seguridad y la armonía de las relaciones. La calidad de sus relaciones: sentirse acompañadas, valoradas, en un entorno emocional estable es fundamental, como también lo es la seguridad material y afectiva.
No es casual. Desde la infancia, a los hombres se nos enseña que nuestro valor está en “lo que hacemos”, no en “cómo nos sentimos”. La fortaleza emocional, la autosuficiencia y la productividad se convierten en pilares de identidad. Así, la felicidad se experimenta como un triunfo: un proyecto logrado, un ascenso, un problema resuelto.
A las mujeres, en cambio, se les socializa para cuidar, mediar, sostener vínculos. La armonía emocional se convierte en una responsabilidad y su bienestar depende en gran medida del clima relacional que las rodea. Esta orientación hacia el cuidado tiene un lado invisible: la carga mental. Organizar, anticipar, gestionar emociones ajenas. Una tarea silenciosa que puede desgastar, incluso cuando la vida parece “en orden”.
Estamos ante dos expectativas diferentes, a los varones se les pide y exige éxitos; a las mujeres, en cambio, disponibilidad emocional. La felicidad, al final de cuentas, no es un destino fijo. Es una práctica cultural por reescribir.
Para concluir por el momento: Hombres y mujeres no son felices por razones opuestas, sino por razones aprendidas. Y si fueron aprendidas, pueden cambiarse. La pregunta que queda abierta es simple y desafiante: ¿qué tipo de felicidad queremos enseñar a las próximas generaciones? Lo que nos remite a una ética de la felicidad hoy.
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