El sistema de educación superior de la República Dominicana lleva varios años en una fase estacionaria. Su movimiento, si se produce, resulta imperceptible. Parece que se realiza sigilosamente, pues no se evidencian procesos y acciones orientados a pensar y a hacer cambios en el fondo y en la forma de enfocar y gestionar la educación superior. Tampoco se evidencian rutas orientadas a plantear cuestionamientos internos capaces de provocar una cultura académica que adelante el futuro, una corresponsabilidad social que anticipe equidad e inclusión, y un abordaje de las ciencias con pensamiento abierto y ética humanizante. El momento de la transformación de la educación dominicana puede ser el espacio propicio para movilizar el fondo y la forma de la educación superior del país.
La movilización busca, ante todo, que la educación superior dominicana despierte, se pregunte qué hace, desde dónde actúa, cómo está funcionando. Tiene que preguntarse, también, si lo que hace es lo que se necesita y se espera en la sociedad del siglo XXI. De igual manera, tiene que discernir sobre el nivel y la calidad de su autonomía. Pero la interpelación más profunda la tiene que llevar a preguntarse si la educación superior tiene o perdió el alma. En el proceso de discernimiento, ha de estar presente la pregunta sobre qué hace para evidenciar institucionalidad consistente e insobornable. En esta misma dirección, ha de responderse a sí misma si tiene capacidad para construir con los aportes de la cultura digital.
La revisión de su estado interno y de su relación con el contexto local y mundial le exige valorar en qué medida cuenta con visión y estrategia para integrar la inteligencia artificial, sin sacrificar la dignidad y la humanidad de los actores y sectores en los que incide su misión. Además, tiene que releer con lucidez cuál es su posición estratégica en el país y en la región. Esta relectura le permitirá constatar en qué medida su trabajo es congruente con los lineamientos que le dan direccionalidad al sistema de educación superior en la región, sin alterar la especificidad propia de cada sistema en su contexto. La educación superior dominicana podrá verificar cuán cerca o lejos está de la respuesta que se requiere de ella en este momento histórico.
Otro de los interrogantes que la educación superior dominicana tiene que afrontar está vinculado con la producción científica, con la construcción de conocimiento para adelantar el futuro, para ir más allá de la cultura de la inmediatez. Estos interrogantes requieren, para su comprensión y eficiente atención, un liderazgo comprometido con el desarrollo de la academia y distante del negocio académico. La producción científica demanda inversión en investigación sistemática y en estudios aplicados. Requiere vocación y ejercicio académico que le otorgue primacía a la búsqueda de la verdad que aportan los diferentes saberes, las distintas disciplinas y los aprendizajes colectivos. Asimismo, ha de ser un ejercicio académico que proyecte integridad ética y compromiso con una sociedad que avanza en conocimiento, en innovación y en desarrollo humano y social.
La cultura discernidora actual de la educación superior dominicana ha de permitirle que repiense la modernización de la gestión y de su capacidad para la construcción y el establecimiento de alianzas estratégicas. Estas alianzas constituyen desafíos, al exigir identidad institucional, capacidad de construcción conjunta y apertura a nuevas maneras de entender y asumir la educación superior en época de transformaciones y cambios. Es la hora oportuna para que la educación superior dominicana se libere de todo aquello que obstaculiza la calidad de forma integral en sus concepciones y en su práctica. Para avanzar en este sentido, es necesario un replanteamiento radical de los procesos formativos, del ejercicio docente y de la cultura relacional.
La pregunta de si está dormida o despierta debe formulársela el sistema de educación superior de la República Dominicana. El tiempo apremia y, por ello, la sociedad necesita que esta pregunta tenga pronta respuesta por parte de la educación superior del país. Las universidades, los Institutos de Educación Superior especializados y los Institutos Técnicos Superiores tienen un compromiso ineludible con la mejora sustantiva de su trabajo y de su compromiso social.
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