Dos ideas alejadas una de la otra me resuena en mi mente para mi entrega de este próximo lunes, en el que los cristianos celebramos la entrada de Jesús a Jerusalén como el Domingo de Ramos; al mismo tiempo, la situación de la educación dominicana, vale decir, la oportunidad para que todos nuestros niños, niñas y adolescentes cultiven aquello que les guiará en su vida de jóvenes y adultos.

Y esta última la hago, desde una entrevista que escuché del ministro de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, Rafael Santos, y esa capacidad desarrollada y no nueva de muchos políticos de decir “si” al mismo tiempo que “no”, cuando el tema debe ser tomado con pinzas y mucho detenimiento.

“La fusión no va, la fusión es una soldadura mal hecha; lo que va es la integración. (¿…?)  Todo el sistema educativo se debe integrar en una sola rectoría. Pero esa fusión, como tal… hasta feo se oye… ¿Pero ¿cuál sería la rectoría? Pregunta la comunicadora… “un ministerio de educación…”.

El ministro de Educación Superior hace magia con las palabras, pues un NO termina siendo un SI. No me gusta –personalmente- ese juego de palabras, pues crea confusión para imponer, a final de cuentas, una verdad, su verdad, aquella que al principio él mismo la señaló como una “soldadura mal hecha”.

¿Cuál es la diferencia entre estos dos conceptos: fusión e integración? Como no tuve en la entrevista, obvio, me fui a la RAE (Real Academia Española de la lengua), -sin muchas expectativas de claridad, debo decir- y ahí fusión es la “acción y efecto de fundir o fundirse”; además de: “unión de intereses, ideas o partidos”. (Un concepto definido con otro similar, pero, en otro tiempo verbal).

Para mayor confusión, al igual que la definición de fusión, el otro concepto, integración y como imaginaba, es “la acción y efecto de integrar o integrarse”. Definitivamente que el amigo Rafael Santos, conoce muy bien la tautología o circularidad que adorna al diccionario de la RAE, que dice y no explica, dando por válido lo que termina diciendo.

Pienso, como muy bien ha señalado una querida y estimada amiga: “Hoy, en la República Dominicana, esa serenidad –enarbolada por santa Teresa de Jesús- se vuelve difícil de sostener ante el desconcierto que rodea una posible ley de fusión entre el Ministerio de Educación y el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología.

Preguntándose, esa misma amiga: “¿Hay proyecto? ¿No lo hay? ¿Se discute? ¿Se improvisa? La ausencia de claridad no solo inquieta: erosiona la confianza pública”; argumentando a continuación: “La educación de un país no puede ser tratada como un experimento político ni como un espacio de compensación”. Y prefiero dejarlo ahí…

Quizás valga la pena recordar que la educación no es un bien partidario, como de ningún sector social en particular, sea este gremial, político o económico. La educación de un país, como se ha dicho miles de veces, es la base fundamental del desarrollo, la sostenibilidad y el progreso social. Me dirán: “Leo, esas son solo palabras”.

Hoy es Domingo de Ramos, que marca el inicio de la Semana Santa, “semana mayor” que además del recuerdo histórico nos invita a la reflexión: a revisar nuestras lealtades: ¿somos coherentes en lo que creemos y hacemos?; a reconocer nuestras propias contradicciones internas; a prepararnos para un camino que no es de triunfo fácil, más bien entrega, conflicto y transformación.

Quizás valga la pena hacer una mirada un poco más humana que nos permita un llamado a cuestionar las dinámicas de masas tan de hoy, siguiendo narrativas sin reflexión alguna; una invitación a desarrollar un locus de control más interno, frente a la presión social; y un espejo de nuestras ambivalencias humanas, capaces de admirar y destruir al mismo tiempo.

Así como el “Domingo de Ramos” nos recuerda y muestra que no todo aplauso es fidelidad, como tampoco que todo entusiasmo es compromiso verdadero, detengámonos a pensar, a sopesar cada palabra, a reflexionar y compartir ideas de manera abierta y transparente, pues la educación es un bien de todos.

Recordemos que Jesús en Jerusalén fue recibido con palmas y aclamaciones como rey, más, sin embargo, parte de esa misma multitud, manipulados por detentadores del poder, también pidieron su crucifixión, revelando la tensión y fragilidad del alma humana, por la influencia del contexto social y nuestras más íntimas necesidades personales.

Julio Leonardo Valeirón Ureña

Psicólogo y educador

Psicólogo-educador y maestro de generaciones en psicología. Comprometido con el desarrollo de una educación de Calidad en el país y la Región.

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