En momentos en los que la República Dominicana cuenta con la flota civil más grande en su historia, su respuesta al terremoto de Venezuela ha sido sumamente débil.
Las primeras 72 horas luego del colapso de una estructura que atrapa personas son conocidas como la “ventana dorada de rescate”, en la que, pasado este tiempo, las probabilidades de encontrar a alguien con vida disminuyen progresivamente por la falta de agua. Debido a esto, el Grupo Asesor de Búsqueda y Rescate Internacional (INSARAG por sus siglas en inglés) de las Naciones Unidas basa sus operaciones de movilización inmediata dentro de esta ventana crítica.
En estos casos, los equipos internacionales modernos están fundamentados alrededor de las operaciones de búsqueda y rescate urbano (USAR), establecidas en 1991, como el estándar dorado internacional para este tipo de operaciones. En estas movilidades de emergencia, la aviación juega un papel fundamental, siendo el medio de transporte más rápido.
La República Dominicana ha sido beneficiaria de estas movilizaciones internacionales de emergencia, pues en algunas de las últimas emergencias nacionales como el colapso del Jet Set o el huracán George, equipos extranjeros han participado de labores de búsqueda y rescate. De igual manera, el país ha entrenado pequeños grupos en rescate urbano (USAR) y otros medios como el forestal y el marítimo, siendo la unidad HURÓN del cuerpo de bomberos de Santo Domingo la unidad reconocida como la más experimentada y preparada para los rescates en estructuras colapsadas, como las encontradas en terremotos como el del pasado 24 de junio en Venezuela.
Desastre inicial y respuesta dominicana
Siendo las 6:04pm hora local (22:04 UTC) del 24 de junio, un sismo de 7.2 en la escala de Richter sacudió el estado Yaracuy de Venezuela, seguido solo 39 segundos después por otro sismo de escala 7.5 en la misma zona, pero en puntos diferentes, causando los mayores daños en la zona de La Guaira, unos 160 km al este-noreste de los epicentros.
Unas 20 horas después, la tarde del 25 de junio, se despachó desde la base aérea de San Isidro una aeronave C212 Aviocar de la Fuerza Aérea de República Dominicana (FARD), con 9 rescatistas abordo y equipo ligero, parte del Cuerpo Especializado de Mitigación a Emergencias y Desastres (CEMED) del Ministerio de Defensa (MIDE) de la República Dominicana. Las autoridades venezolanas y dominicanas anunciaron que este equipo era uno de los primeros en llegar desde el extranjero, lo cual fue repetido orgullosamente por medios dominicanos y extranjeros. El 28 de junio se envió un segundo grupo de rescatistas de CEMED, completando un total de 22 personas.
Pero el C212 de la FARD (uno de tres) es una aeronave ligera, diseñada para movimientos cortos y de poco personal y carga, muy diferente a las capacidades de las grandes aeronaves de las nuevas aerolíneas dominicanas, como los Boeing 737 de Arajet y Skyhigh o los Canadian Regional Jets (CRJ) de Air Century. Mientras los tres C212 de la FARD ofrecen en total unos 12 asientos y el equivalente a 2,700-2,950kg de carga, las aerolíneas civiles cuentan con cerca de 3,600 asientos y decenas de miles de kilogramos en capacidad de carga.
Inmediatamente, nuestro equipo comenzó a contactar a las aerolíneas dominicanas, investigando si contaban con disponibilidad para utilizar sus aviones en esta operación, pues, aunque el gesto inicial de enviar un C212 con un reducido equipo del CEMED fue apreciado, realmente no tendría un impacto de importancia, pues las unidades USAR en su configuración más pequeña deben contar con 26-30 personas, altamente entrenadas y experimentadas, con los equipos necesarios.
La agonía de la inacción
Al identificar que el grupo HURÓN del cuerpo de bomberos era el equipo mejor preparado para esta situación y que existía la capacidad aérea para su traslado de parte de las aerolíneas dominicanas, iniciamos una serie de llamadas y diligencias con las autoridades dominicanas, buscando organizar dicho traslado. El equipo (formado por voluntarios) estaba listo para salir, y era solo cuestión de organizar la logística de parte del gobierno. Pero luego de hablar con varios funcionarios, nos dimos cuenta de que esto no era una prioridad, y con el tiempo fuimos desistiendo del empuje en esa dirección.
Mientras tanto, países con mucha menos capacidad aérea que nosotros, como El Salvador, enviaron numerosos vuelos subcontratados a aerolíneas extranjeras, así como cientos de rescatistas USAR y toneladas de equipos y ayuda humanitaria. Era increíble observar cómo países mucho más lejanos que República Dominicana (ubicada a solo unas 600 millas de Venezuela) enviaban todo tipo de personal y equipos USAR para la ayuda, mientras nosotros, teniendo la flota aérea más grande del Caribe insular, nos restringíamos a un simple C212 y un puñado de rescatistas.
Finalmente, el lunes 29 de junio se incorporó un Embraer 190 de la aerolínea dominicana Skyhigh, contratado por el Ministerio de Relaciones Exteriores (MIREX), con la misión de repatriar un grupo de dominicanos en Venezuela. Pero no se aprovechó el vuelo de ida para llevar al equipo Hurón del cuerpo de bomberos de Santo Domingo.
Nuestro equipo ha propuesto la creación de un programa de Flota de Reserva Aérea Civil (CRAF) como el que tiene EE. UU. en el que se organiza, previo a la emergencia, toda la estructura y operación para el uso de las aerolíneas nacionales en caso de emergencias nacionales e internacionales, aumentando así significativamente las capacidades aéreas del país. Pero para que dicho programa funcione, se requiere no solo del papel y la tinta, sino también de la intención de sus líderes en utilizarlo.
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