La tercera versión del Dominican House Fest (DHF) III o Festival Dominicano de Viviendas como espacio para conectar inversionistas, urbanistas y profesionales con la comunidad dominicana del exterior (CDE), es una realidad. Sesionamos en el Radio Hotel de Manhattan, un enclave emblemático del Alto Manhattan que simboliza la presencia y la vitalidad de la comunidad dominicana en la ciudad de Nueva York. En 2025, el evento reunió más de 5500 asistentes, consolidándose como la principal plataforma de encuentro entre la diáspora dominicana y el sector inmobiliario de República Dominicana. En este 2026, se duplicará la participación, del 17 al 19 de abril, con una proyección que supera los 11 000 participantes, cifra que refleja el creciente interés de los dominicanos en el exterior por invertir de manera informada y estratégica en su país de origen.

La transformación demográfica de la comunidad dominicana en Nueva York

Alrededor de 848 160 dominicanos residían en Nueva York hasta el año 2024. Muchas familias de 3 a 4 miembros con edades menores a 34 años vivían en apartamentos diminutos de apenas 100 m² o menos, en condiciones que limitaban su calidad de vida y sus posibilidades de crecimiento. Para este año 2026, esta población se ha reducido a 650 000 habitantes, una disminución del 23 %, según Laird W. Bergad, director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Nueva York. Este fenómeno demográfico no es menor: representa la pérdida de casi 200 000 residentes en apenas dos años, un éxodo que configura el mapa social y económico de la comunidad dominicana en los Estados Unidos. Barrios históricamente dominicanos como Washington Heights, Inwood y sectores del Bronx han visto cómo negocios cierran, iglesias pierden feligreses y escuelas reducen su matrícula. La identidad cultural que durante décadas definió a estos vecindarios se encuentra en un proceso de transición que merece atención urgente.

Esta disminución es causada por el peso y la presión diaria que genera una movilidad poco eficiente y fastidiosa, el alto costo de la vida y las limitaciones del espacio edificatorio que caracterizan a Manhattan y otros distritos metropolitanos colindantes. El precio promedio de un alquiler en Manhattan supera con creces la capacidad adquisitiva de una familia dominicana promedio, y los costos asociados al transporte, la alimentación y los servicios básicos continúan en escalada. Ante esta realidad, muchas familias han optado por reubicarse en estados con menor presión económica o, en un número creciente de casos, por retornar a República Dominicana, donde su capacidad de inversión se multiplica significativamente.

Las remesas y la macrorregión del Cibao: un fenómeno que exige estudio

Desde hace casi dos décadas, la macrorregión del Cibao supera en recepción de remesas a la región Ozama y Santo Domingo, a pesar de que esta concentra la mayor población de la República Dominicana. En 2024, el 8,4 % de las remesas se dirigieron a la gran región del Cibao. En contraste, el Distrito Nacional y Santo Domingo apenas concentraron el 3,6 %, de acuerdo a los estudios y reportes oficiales del Banco Central y la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE). Esta disparidad revela un patrón migratorio y de vínculos familiares que merece una atención mucho más profunda por parte de investigadores, planificadores y formuladores de políticas públicas.

No se podría entender a Santiago hoy sin analizar la estructura de esta dinámica con estudios a formular y operacionalizar directamente desde los EE. UU. La capital cibaeña ha experimentado una transformación urbana acelerada en las últimas dos décadas, impulsada en gran medida por el flujo constante de remesas que financian proyectos de vivienda, comercio y servicios. Sin embargo, esta transformación ocurre en muchos casos de manera desordenada, sin la planificación territorial que garantice sostenibilidad a largo plazo.

El total de remesas en 2025 alcanzó los 11 700 millones de dólares, equivalentes a 702 mil millones de pesos. El 8,4 % fue destinado al Cibao, lo que representó un total de 58 968 millones de pesos. Es una gran masa monetaria que debería ser mejor y más racionalmente gestionada y utilizada para generar impacto. Canalizar estos recursos hacia proyectos con planificación urbana, diseño sostenible y retorno social verificable es uno de los grandes desafíos que el DHF III se propone abordar directamente.

La inversión inmobiliaria como alternativa de vida

Por los factores precedentes, la inversión inmobiliaria en República Dominicana se ha transformado en una alternativa de vida para muchos dominicanos en el exterior. Nueva York continúa siendo el principal centro de remesas, y una parte importante de esos recursos se dirigen a proyectos de viviendas, complejos de apartamentos, centros comerciales y edificaciones varias. Para el dominicano que enfrenta un alquiler mensual de tres o cuatro mil dólares en Nueva York, la posibilidad de adquirir una propiedad en su país de origen —ya sea como residencia futura, como inversión para renta o como patrimonio familiar— representa una decisión financiera cada vez más racional y atractiva.

Este fenómeno ha generado un mercado inmobiliario dinámico en las principales ciudades dominicanas, con desarrolladores que diseñan productos específicamente orientados al comprador de la diáspora: proyectos con financiamiento flexible, entrega a largo plazo, administración remota y estándares de calidad que buscan competir con los mercados internacionales. No obstante, la proliferación de ofertas también ha traído consigo riesgos: proyectos inconclusos, falta de transparencia en los procesos de venta, y en algunos casos, prácticas fraudulentas que erosionan la confianza del comprador en el exterior.

Más allá de la construcción: urbanismo planificado y sostenible

Sin embargo, el desafío no consiste únicamente en construir edificios, sino en promover un urbanismo planificado, estratégico y ordenado. Implica proteger nuestra capa vegetal y base agrológica, utilizar materiales de construcción inteligentes, energías alternativas y procesamiento cíclico del agua pluvial en las edificaciones. La República Dominicana, como nación insular del Caribe, enfrenta vulnerabilidades climáticas que hacen imperativo incorporar criterios de resiliencia y adaptación en cada proyecto de desarrollo urbano. La construcción desmedida en zonas de alto valor ecológico, la impermeabilización de suelos y la deforestación para dar paso a urbanizaciones representan amenazas directas a la sostenibilidad del territorio.

Es asimismo un reto aprovechar las capacidades del turismo de salud en República Dominicana. El país cuenta con un ecosistema médico en crecimiento, con clínicas y hospitales que ofrecen procedimientos a costos competitivos y con estándares internacionales. Integrar el componente de salud en el diseño urbanístico, a través de comunidades con centros de bienestar, infraestructura para el envejecimiento activo y acceso a servicios médicos de calidad abre una oportunidad para crear propuestas de valor diferenciadas que atraigan no solo a dominicanos retornados, sino también a extranjeros que buscan opciones de retiro o tratamiento en el Caribe.

Lo que ofrecerá el DHF III

El festival ofrecerá reuniones con inversionistas, paneles especializados, innovaciones del sector y espacios de networking orientados a fortalecer un mercado inmobiliario claro y transparente. Los paneles abordarán temas como la regulación del mercado inmobiliario dominicano, los derechos del comprador en el exterior, las mejores prácticas de financiamiento y los marcos legales que protegen la inversión transnacional. Se espera la participación de desarrolladores de proyectos de las principales ciudades del país, así como de funcionarios gubernamentales, académicos y representantes del sector financiero.

También incorporará actividades culturales, de salud y uso de tecnologías emergentes, como inteligencia artificial, realidad virtual y plataformas que transforman para bien la forma de comprar, vender y gestionar propiedades. Los asistentes podrán experimentar recorridos virtuales por proyectos en construcción, consultar herramientas de análisis de inversión potenciadas por inteligencia artificial y acceder a plataformas digitales que facilitan la gestión remota de propiedades desde cualquier parte del mundo. Estas tecnologías no son un lujo ni un adorno del evento: son herramientas que democratizan el acceso a la información y permiten que el comprador dominicano en Nueva York, Boston, Miami o cualquier otra ciudad tome decisiones con el mismo nivel de conocimiento que tendría si estuviera físicamente en Santo Domingo o Santiago. La incorporación de estas innovaciones al mercado inmobiliario dominicano representa un salto cualitativo que el DHF III busca acelerar y normalizar.

El DHF III no es solo un evento: es una declaración de intenciones. Es la afirmación de que la comunidad dominicana en el exterior tiene el derecho, la capacidad y la responsabilidad de participar activamente en la construcción del futuro urbanístico de su país. En un momento en que la diáspora enfrenta presiones económicas sin precedentes en las ciudades donde reside, y en que República Dominicana experimenta un auge inmobiliario que necesita dirección y planificación, el festival se posiciona como un puente indispensable entre ambas realidades. La tercera edición del Dominican House Fest aspira a convertirse en un punto de inflexión: el momento en que la inversión inmobiliaria dominicana desde el exterior deje de ser un acto individual y disperso para transformarse en un movimiento colectivo, informado y con visión de futuro. Desde el Radio Hotel de Manhattan, del 17 al 19 de abril de 2026, se trazarán los caminos para que cada dólar invertido se convierta en desarrollo sostenible, calidad de vida y progreso compartido para toda la nación dominicana.

Reynaldo Peguero

Epidemiólogo y urbanista

Maestro en Administración y epidemiología, especialista en Planificación Estratégica del Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano (CIDEU), Barcelona, y director del Consejo de Desarrollo de Santiago (CDES).

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