“¡Sí, se puede!” Dolores Huerta
Una joven llamada Dolores Fernández, nacida en un pueblo minero, de padre y madre de origen mexicano, se convertiría en la legendaria líder sindical y feminista Dolores Huerta. Tan legendaria que, al morir la semana pasada a los 96 años, uno de los expresidentes del país más poderoso del mundo le rindió homenaje y explicó que su famoso lema de campaña no era una invención suya, sino de ella y en el estado que era su hogar se pusieron todas las banderas oficiales a media asta en señal de duelo. Ese mismo líder mundial, Barack Obama, también le otorgó la Medalla Presidencial de la Libertad en el año 2012, el honor más alto que puede recibir una persona en el ámbito civil de los Estados Unidos.
Lamentablemente, no tuve el placer de conocer a Dolores Huerta. Lo más cerca que estuve de ella y su legado fue cuando visité el campus de Santa Cruz de la Universidad de California para dar una charla invitada por mi colega Sylvanna Falcón. Como les conté en una columna anterior, ya para esa época sabía lo suficiente sobre Huerta como para emocionarme al visitar el Centro de Investigación para las Américas que dirige Sylvanna y al que habían puesto su nombre un año antes. Pero lo que les comenté en esa ocasión no le hace justicia, así que quiero contarles un poco más de lo que he aprendido sobre ella desde entonces. ¿Por qué? Porque en los tiempos que vivimos, necesitamos cada vez más ejemplos de integridad y de lucha por los derechos de las demás personas y Dolores Huerta fue un modelo impresionante de ambas cosas.
En su juventud, Huerta empezó a trabajar como maestra rural en California, el estado al que se había mudado con su madre y su abuelo al dejar su estado natal de Nuevo México, siendo una niña. La que sería llamada “la Pasionaria de las y los trabajadores del campo” en alusión a la famosa líder comunista de la Guerra Civil Española, Dolores Ibárruri, dejaría la enseñanza e iniciaría su activismo al ver las condiciones terribles en las que vivía esa población. Como contaría años después, “no podía tolerar ver a los niños y niñas venir a clase con hambre y sin zapatos. Decidí que podía hacer más organizando a los trabajadores del campo que enseñando a sus niñas y niños hambrientos”.
Y así lo hizo. Huerta se integró a los esfuerzos para defender a las y los trabajadores agrícolas de la explotación por parte de los patronos de la época. De hecho, acabó siendo cofundadora de dos de los sindicatos más importantes del sector, incluyendo el famoso United Farm Workers (Trabajadores/as Agrícolas Unidos/as). A pesar de su corta edad, Dolores ya contaba con la experiencia de haber pasado 10 años en las Girl Scouts y en varias organizaciones sociales, siempre con el apoyo de su madre, Alicia Chávez, quien la motivaba a involucrarse en la comunidad y luego de su mentor, el activista Fred Ross. Ross seguía el modelo creado por el famoso activista Saul Alinsky en los años ‘40 y ‘50 y enseñó a Huerta la paciencia y el enfoque metódico que se necesita para apoyar el proceso educativo y de organización que sirve de base a las luchas colectivas.
Huerta fue una excelente alumna. A lo largo de su vida ayudó a organizar decenas de huelgas y boicots históricos y estuvo presa 20 veces por su participación en estas acciones no violentas para mejorar las condiciones de vida de las personas trabajadoras del campo. Sin embargo, con frecuencia el crédito se lo llevaba su compañero de lucha, César Chávez, otro alumno de Ross, mientras que la labor de Huerta se empezó a estudiar y conocer más recientemente. Incluso su famosa frase “¡sí, se puede!”, que la campaña de Obama convertiría en el eslogan “yes, we can!”, fue atribuida durante mucho tiempo a Chávez, aunque él mismo decía que había sido obra de Huerta.
Después de campañas históricas como el “boicot de las uvas” que duró 5 años y en el que 17 millones de estadounidenses dejaron de comer uvas para obligar a los patronos a mejorar las condiciones de trabajo en el sector agrícola, Huerta también empezó a acercarse a otros movimientos sociales, comenzando por el movimiento feminista en los años ‘70. La líder feminista Gloria Steinem (quien también murió recientemente), recordaba en una entrevista recogida en el documental “Dolores” cómo Huerta y ella empezaron a luchar juntas en esa época. Incluso Steinem confiesa que “le tenía miedo a Dolores” por la fama de Huerta de no barajar pleitos; fama a la que también se refirió Obama en la entrega de la Medalla Presidencial, cuando le agradeció a Huerta haberle perdonado robarse su lema, porque él sabía que “Dolores does not play” (“Dolores no relaja”). (En ese momento, ella se sonrió con picardía como diciendo “así mismo es”).
La misma Huerta comentaba que en esa época no estaba interesada en formar parte del movimiento feminista, sino en lograr que las mujeres que asistían a las convenciones feministas se integraran en la lucha de las y los trabajadores agrícolas. Sin embargo, una de las cosas que más admiro de ella es que toda su vida se mantuvo abierta a aprender y a compartir lo que había aprendido con otros movimientos y otras personas. Como plantea la periodista latina María Hinojosa, una de las grandes fortalezas de Huerta es que hablaba públicamente sobre cómo y cuándo cambiaba su forma de pensar. Así lo hizo con el feminismo que, como explica Angela Davis en el mismo documental, en esa época se entendía como un movimiento relevante solo para las mujeres blancas. Cuando mujeres latinas como Dolores Huerta ayudaron a convertirlo en un movimiento mucho más abierto a las mujeres de color, ese paso tuvo un impacto crucial en muchas mujeres latinas, como también destaca Hinojosa.
Por eso Huerta se convertiría en una apasionada feminista, ambientalista, defensora de los derechos de las personas LGBTQ+ y de otros grupos marginados. Hinojosa cuenta que, como católica que era, Huerta inicialmente mantuvo su distancia de la lucha por los derechos reproductivos de las mujeres (especialmente el derecho a decidir) y de los derechos de la comunidad LGBTQ+. Sin embargo, se abrió a aprender sobre estas luchas, como hizo, por ejemplo, a partir de sus conversaciones y alianzas con Steinem y otras feministas y con una de sus hijas, quien le informó que era lesbiana. Como planteó la misma Huerta en el programa de noticias Democracy Now, “la gran lección” que había aprendido es que los diferentes movimientos sociales “no podemos estar aislados y ganar. Todos debemos trabajar juntos”.
La vida de Dolores Huerta también nos muestra que la desigualdad y la violencia pueden alcanzar a las mujeres y niñas en todas partes, incluso entre sus propios compañeros de lucha. En marzo de este mismo año, Huerta confesó que ella también había sido violada por César Chávez cuando el prestigioso periódico The New York Times sacó a la luz un patrón de violaciones sexuales por parte del hasta entonces reverenciado líder. La exhaustiva investigación del periódico da cuenta de que Chávez abusaba no solo de compañeras del movimiento como Huerta, sino también de menores de edad, hijas de otros líderes.
Como todavía ocurre con frecuencia con hombres idolatrados como Chávez, las víctimas no se atreven a denunciar y cuando lo hacen, no son escuchadas y reciben todo tipo de ataques por supuestamente “mancillar” la imagen del líder. Tal y como reportó el periódico, Huerta desconocía que Chávez había agredido a otras mujeres y se enteró cuando el equipo del New York Times se le acercó a pedir su opinión sobre el reportaje. A pesar de su temple, Huerta se echó a llorar cuando se enteró de que no había sido la única víctima, especialmente al saber que Chávez también había agredido a menores de edad. De hecho, Huerta había decidido guardar silencio para proteger el movimiento al que había dedicado su vida y los importantes logros que habían conseguido las y los trabajadores agrícolas de California.
Como explicó María Hinojosa, quien también es sobreviviente de violencia sexual, creer que una ha sido la única víctima del agresor es algo que ocurre a menudo entre las víctimas. Por eso Hinojosa y muchas otras personas defendieron a Huerta ante quienes reaccionaron culpándola por no haber denunciado a Chávez. Como ha destacado Hinojosa, si esa ha sido la reacción de mucha gente que no entiende lo difícil que es denunciar este tipo de crímenes sabiendo que con frecuencia se le da el beneficio de la duda al violador y se ataca a las víctimas, intentemos imaginar el contexto aún más difícil que enfrentó Huerta hace más de 6 décadas y siendo parte de un movimiento que ya era acosado constantemente por la policía.
Además, como han enfatizado integrantes del movimiento como mi profesor Marshall Ganz, es importante recordar que “el liderazgo de Chávez contribuyó enormemente a todo esto, pero nunca fue ‘su’ movimiento. Nos pertenecía a todos y todas… Y no debe ser borrado”. Por eso, Hinojosa resalta que la rápida reacción de la misma comunidad latina en EE.UU., eliminando las referencias a Chávez y sustituyéndolas por referencias al movimiento, ahora sirve de ejemplo para el resto del país, que todavía no logra hacer lo mismo con el horrible legado de Jeffrey Epstein.
A pesar del dolor y la traición que Huerta sufrió a manos de Chávez, muchas de las personas que compartieron sus historias sobre ella hablaron de su optimismo y energía sin límites. Incluso después de cumplir los 90 años, era la que siempre quería salir a bailar después de sus eventos, la que cultivaba su amor por el jazz, la que disfrutaba del amor de su enorme familia y la que sorprendía a todo el mundo con su sentido del humor y su amor por la vida intactos. Tanto así que la última vez que la vi en televisión fue como invitada sorpresa en el especial de Netflix de la comediante latina Cristela Alonzo.
Y Huerta hacía todo esto mientras continuaba defendiendo a la comunidad latina, a las mujeres y niñas, a la comunidad LGBTQ+ y a otros grupos vulnerables en todos los escenarios. Y esa es otra lección crucial que nos dejó: la importancia de cultivar la alegría para mantener nuestro compromiso con las causas en las que creemos, especialmente en tiempos autoritarios como estos. Como dijo muchas veces, “cada crisis es una oportunidad para organizarnos”. En esta semana, en la que las elecciones de medio término de EE.UU. decidirán tantas cosas, es importante recordarlo. Gracias siempre, Dolores Huerta.
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