A partir de 1913 se nombró el 12 de octubre como Día de la Raza en España, y posteriormente se extendió como celebración de la presencia hispana en América Latina, bajo la denominación de “celebración iberoamericana”. Sin embargo, este apelativo no se corresponde con lo que realmente sucedió. La llegada de Cristóbal Colón significó duelo, dolor, muerte, violaciones sexuales, expropiación e instalación de un sistema de explotación para los pueblos originarios y las poblaciones de África traídas como esclavas al continente.
En varios países de la región, esta fecha recibe otros nombres que expresan lo que implicó para los pueblos originarios, cuya voz se silencia con la denominación “Día de la Raza” y/o “encuentro entre culturas”. En oposición, se denuncia la violencia histórica de la colonización con nombres como “Día de la dignidad y resistencia de los pueblos originarios” y con el lema “nada que celebrar”
Más que una celebración, es un día de luto y duelo por la exterminación de etnias (como los Taínos en el Caribe), matanzas y el sometimiento de los grupos humanos que residían en los territorios de la región. En todos los casos, el sentido es recordar la invasión, honrar a los ancestros y reafirmar la diversidad cultural y étnica de la región.
En el Caribe se recuerdan las manifestaciones de resistencia lideradas por figuras importantes como Caonabo, Anacaona, Guarionex, Hatuey y otros/otras que enfrentaron la invasión española. La fecha se destaca como el “día del genocidio taino”, en referencia al exterminio masivo, esclavitud y colapso demográfico de los distintos grupos residentes tras la colonización o “invasión” española caracterizada por violencia y abuso en todos sus ámbitos.
Contrario a la narrativa histórica colonial, en la que los Taínos aparecen como “sumisos”, se resaltan las distintas manifestaciones de resistencia, abusos/violaciones sexuales en distintos territorios de toda la isla llamada por los Tainos como “Haití” (“Ayiti”) o “tierra de montañas” (De las Casas, 1552; Vallejo 2015)
La historia dominicana ha obviado: carácter violento de la invasión dirigida por Cristóbal Colón iniciada en 1492 , los movimientos de resistencia de los pueblos originarios, el peso social y político de los liderazgos taínos, entre los que se destacan mujeres como Anacaona y su trágica muerte ordenada por Nicolás de Ovando.
Anacaona cuenta con una presencia importante en los relatos históricos del Caribe y en las creencias mágico-religiosas actuales. Los rituales que la incluyen como “la reina Anacaona” en nuestra religiosidad popular y de otras islas del Caribe demuestran la trascendencia de su poder político y social.
Su presencia en la narrativa histórica caribeña es amplia, constante y profundamente significativa. Aparece en crónicas coloniales, relatos de frailes, documentos administrativos españoles, y en la historiografía moderna, como una de las líderesas taínas más importantes de la región, una guerrera, poetisa, líder estratégica y política que reunió a caciques locales bajo su autoridad y fortaleció la unidad taína en el enfrentamiento a la colonización. (Vallejo 2015,2019; De las Casas 1552; Vergés Vidal 1947; Aybar 1940).
El intento de silenciar a la figura de Anacaona inició con la matanza de Jaragua (zona en la que se encuentra hoy Léogane, Haití) dirigida por Nicolás de Ovando que ordenó quemar vivos a los caciques reunidos en el Caney y capturar a Anacaona para trasladarla encadenada a la zona colonial donde ordenó su ejecución pública (en el lugar donde hoy está ubicado el parque Colón y la Catedral) en 1503.
Los vacíos en la enseñanza y difusión de nuestra historia responden a intenciones de debilitamiento del vínculo con la cultura ancestral y a la confusa promoción de la hispanidad como cultura dominante. Las supuestas reseñas de rescate de la cultura taína en nuestro patrimonio continúan afectadas por estos vacíos y omiten la relación entre la población taína y la africana, ambas esclavizadas, lo que generó una mezcla afrotaina que se expresa en la diversidad de nuestro perfil étnico-cultural. (Deive 1980; Albert Batista 1988; Franklin Franco 1969, 1981; Lazarrabal Blanco 1975; Tolentino Dipp 1974)
Los movimientos de resistencias de la población esclava africana y taína favorecieron a la construcción de comunidades de convivencia mutua, sostenidas en la cooperatividad, y dieron lugar a manifestaciones culturales que se extienden en la cotidianidad del contexto rural actual, como: costumbres, creencias, formas de hablar, organización social, prácticas agrícolas, ritmos e instrumentos musicales, elaboración de alimentos, bebidas y otros elementos.
La integración de una perspectiva crítica y sustentada en la realidad de quienes fueron protagonistas de nuestra historia es una tarea pendiente en el sistema educativo. Cuando los pueblos no tienen conciencia de su identidad cultural y étnico-racial, se exponen a la normalización de la subordinación, desigualdad, exclusión y explotación.
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