Después de Enriquillo: cimarronaje africano y nuevos desafíos al orden colonial
Por Justo Del Orbe
En la entrega anterior de esta serie sobre la Historia Militar Dominicana examinamos la resistencia de Enriquillo y las dificultades que enfrentó el poder español para imponer una solución exclusivamente militar en las montañas del Bahoruco. La negociación de 1533 cerró una etapa significativa del conflicto indígena, pero no eliminó las condiciones que favorecían otras manifestaciones de resistencia.
Durante las décadas siguientes, la expansión de la esclavitud africana y las transformaciones económicas de La Española modificaron la composición social de la colonia. La producción azucarera, las explotaciones agropecuarias y otras actividades dependían, en proporciones variables, del trabajo de personas esclavizadas.
Este sistema descansaba sobre mecanismos de coerción que no siempre podían garantizar el sometimiento de quienes lo padecían. La fuga constituía una respuesta individual o colectiva a la esclavitud y, cuando adquiría continuidad organizativa, planteaba dificultades adicionales a las autoridades.
El cimarronaje no comenzó después de Enriquillo. Ya existían antecedentes importantes, entre ellos la rebelión de africanos esclavizados de diciembre de 1521. Por tanto, ambas resistencias deben comprenderse como procesos parcialmente contemporáneos, aunque distintos por sus protagonistas, circunstancias y objetivos.
La particularidad de las décadas posteriores a 1533 consistió en la persistencia y desarrollo de comunidades y grupos de fugitivos que procuraban mantenerse fuera del control inmediato de los propietarios y funcionarios coloniales.
Las regiones montañosas, los bosques y otros espacios de acceso difícil ofrecían posibilidades de refugio. Sin embargo, la supervivencia exigía mucho más que esconderse. Era necesario obtener alimentos, organizar relaciones internas, conocer rutas de desplazamiento y mantener algún grado de protección frente a las expediciones de persecución.
Desde la perspectiva político-militar, estas circunstancias revelaban una contradicción fundamental del sistema colonial: las autoridades podían establecer normas, castigos y mecanismos de vigilancia, pero su capacidad de hacerlos cumplir disminuía en determinados espacios territoriales.
Las operaciones contra grupos cimarrones requerían movilización de hombres, información sobre refugios, recursos para el desplazamiento y conocimiento de la geografía. Las dificultades aumentaban cuando los perseguidos evitaban concentrarse en lugares fácilmente accesibles.
No todas las comunidades cimarronas tuvieron la misma organización ni desarrollaron idénticas relaciones con la sociedad colonial. Algunas priorizaron la supervivencia y el aislamiento; otras participaron en acciones de apropiación de recursos o enfrentamientos con las fuerzas enviadas para capturarlas.
Resulta indispensable distinguir entre la resistencia como fenómeno social y las acciones armadas específicas. El cimarronaje comprendía diversas prácticas de oposición a la esclavitud, mientras que sus manifestaciones militares dependían de las circunstancias concretas de cada grupo.
La experiencia también obliga a examinar el concepto de control territorial. La presencia de autoridades en Santo Domingo y otros asentamientos no significaba que el aparato colonial ejerciera vigilancia uniforme sobre toda la isla. Existían diferencias entre los espacios administrados directamente y aquellos donde la intervención exigía expediciones especiales.
La resistencia cimarrona puso de manifiesto esas limitaciones y contribuyó a transformar las preocupaciones de seguridad de la colonia. La protección de las propiedades, los caminos, las instalaciones productivas y las poblaciones adquirió una importancia creciente.
De este modo, la historia militar de La Española no puede reducirse a los enfrentamientos entre fuerzas europeas o a las campañas de conquista. También comprende los conflictos derivados de la organización económica, las relaciones de dominación y las respuestas de quienes procuraban escapar de ellas.
En el próximo artículo («La resistencia de Lemba: movilidad, refugio y persecución en La Española») analizaremos un caso concreto de resistencia cimarrona durante el siglo XVI, atendiendo a su organización, las operaciones coloniales y las dificultades de combatir a grupos que aprovechaban las condiciones geográficas del territorio.
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