Recientemente el Banco Central publicó su Informe Preliminar sobre el Desempeño de la Economía Dominicana en el año 2025. Conforme al referido Informe, el producto interno bruto (PIB) real experimentó un crecimiento interanual acumulado ascendente a 2.2 %.  Como se ha podido ver, este desempeño no cumplió con las  expectativas de crecimiento que habían previsto tanto esa Institución, como los  organismos internacionales que evalúan el desempeño  de las economías de  sus  países miembros , tales  como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo ( BID), la Comisión  Económica para America Latina de las Naciones Unidas (CEPAL) y  el Fondo Monetario Internacional (FMI), entre otros, que auguraban un crecimiento  entre un 4.5 % a un 5.0  % , que ha sido históricamente el potencial de la economía dominicana a lo largo de la tendencia de largo plazo. Los factores explicativos de ese bajo desempeño económico   han   sido entre otros, un contexto global de alta incertidumbre, caracterizado por conflictos geopolíticos, escenarios financieros más limitados de lo previsto, guerras comerciales con   políticas proteccionistas y alzas arancelaria, restricciones migratorias, fiscales y regulatorias.

En el plano interno, la política fiscal se ha caracterizado por un déficit que le imprime al presupuesto de la nación una gran restricción, debido que la mayoría de los ingresos tributarios recibidos por el Estado han tenido que usarse para atender las cargas fijas, como el pago del servicio de la deuda pública, el gasto en educación, los subsidios para la protección social de los sectores vulnerables, cubrir o solventar el déficit eléctrico y la nómina pública, entre otros. Esta situación ha dejado muy poco espacio para destinar recursos para ser usados en la construcción de infraestructura por parte del Gobierno, que como se sabe es uno de los principales impulsores de la demanda agregada.  Por su parte la política monetaria aplicada por el Banco Central ha estado centrada básicamente en controlar la inflación y en mantener el equilibrio de los precios internos, con la finalidad de influir positivamente en el equilibrio macroeconómico.

En  lo concerniente  al  comportamiento  de los diversos sectores de la economía  al concluir el año  2025, las  ramas  englobadas en el acápite  de servicios exhibieron un aumento de 2.9 % en su conjunto, entre las cuales  se destacan  los servicios financieros  con  un 7.4 %; transporte y almacenamiento, con un  4.1 %; hoteles, bares y restaurantes, con un  3.3 %, actividades inmobiliarias y de alquiler, con un  3.1 %, energía y agua, con un  2.8 %; comercio, con un  2.5 ; enseñanza, con un  2.1%;  otras actividades de servicios con un 1.6 %; administración pública  con un 1.0 ; comunicaciones, con un  0.4 %;salud, con un  0.3 ; entre otras.  También se destacan el desempeño del sector agropecuario, que alcanzó un 3.9 %; el de   explotación de minas y canteras, con un 3.7 %; la manufactura de zonas francas que tuvo un 1.8 % y la manufactura local que tuvo un 1.7 %.   Por otro lado, dentro de las actividades   que presentaron un crecimiento negativo se destaca de construcción que mostró una disminución interanual de 2.0 %, según los mencionados datos del Informe.

El crecimiento del valor agregado de la actividad agropecuaria que como ya se expresó anteriormente, presentó una tasa de 3.9 %, está en correspondencia con  un aumento de un 6.3 % para el subsector agrícola y de un 0.6 % los subsectores pecuarios, silvicultura y pesca en su conjunto. El comportamiento del valor   agregado agrícola se puede explicar mayormente por el desempeño experimentado   en la producción de arroz, que ascendió a una tasa de 12.1 %, aguacate con una tasa de 11.3 %, plátano, con una tasa de 9.7 %, caña de azúcar, con una tasa de 8.7; guineo, con   un 8.6 %; guandules, con un 8.0 %; coco, con un 7.7 %; habichuelas, con un 5.9 %; café en cerezos con una tasa de 4.9 %, yuca, con una tasa de 4.4 %; entre otros rubros correspondientes a ese subsector. Por otro lado, hubo algunos bienes que, presentaron disminuciones en sus niveles    productivos, entre los que se encuentran el tabaco en rama que presentó un descenso de -7.4 % y el cacao en grano, con una caída de -4.0 %.

Por otro lado, en el año estudiado la actividad de ganadería, silvicultura y pesca experimentó un crecimiento interanual en su valor agregado real de tan solo un 0.6 %. Este resultado obedece al desempeño de la producción de huevos, que experimentó una tasa de crecimiento de 10.5 %, leche cruda, que creció   un 3.0 %, pollo, que creció un 2.2 % y ganado bovino, que creció un 0.8 %.   La principal explicación para la caída del subsector pecuario ha sido la   drástica caída   en la actividad porcina que presentó una tasa de -28.1 %, que ha sido consecuencia de la reaparición de la peste porcina africana (PPA) en las diversas   regiones del país, que se remonta al periodo ente el 2019 al 2021. Ante esas circunstancias, las autoridades de la Dirección General de Ganadería (DIGEGA), se han visto obligadas a sacrificar miles de cerdos infectados por esa enfermedad epidémica y a clausurar un gran número de granjas con focos infecciosos, como medidas de prevención y control para evitar el avance de dicha enfermedad que ataca a los cerdos.

Como se ha podido constatar, tal como ha acontecido en otros años, el sector agropecuario ha mostrado su carácter anticíclico y resiliente referido mayormente a su capacidad de mantener o aumentar la producción de alimentos y materias primas básicas durante coyunturas caracterizadas por caídas de la económicas, en las cuales otros sectores productivos   que están expuestos a sufrir caídas en su desempeño. Actúa como un estabilizador de la economía, garantizando el abastecimiento y el empleo rural, incluso en situaciones de crisis.  A diferencia de sectores industriales o de servicios que son afectados   por las crisis, la agricultura y la ganadería mantienen su actividad al satisfacer las necesidades básicas de la población, como se demostró en la pandemia de la COVID-19.

Asimismo, es esencial para garantizar   la disponibilidad de alimentos, que tienen una demanda inelástica, lo que le permite al sector mantenerse funcionando mientras la demanda de otros productos es susceptible de disminuir; también constituye un refugio laboral, absorbiendo mano de obra en las áreas   rurales cuando la manufactura y los servicios se pueden ver más afectados   por  las diversas crisis del sistema.

En lo que relacionado a la resiliencia de la agropecuaria se refiere a   su    cualidad para anteponerse, absorber, acomodarse y recobrarse de las crisis (climatológicas, económicas o sanitarias), garantizando la producción estable de alimentos sin degradar el medio ambiente.  Se basa en la diversificación, la sostenibilidad y la integración de conocimientos ancestrales con tecnología.

Prácticas como la cobertura vegetal, recolección de agua de lluvia y manejo de correntías protegen los recursos naturales. Los pequeños y medianos agricultores son esenciales en esta resiliencia, ya que fomentan la biodiversidad y utilizan prácticas sostenibles.

Como se ha podido ver el desempeño del sector agropecuario en el año 2025, reafirma una vez más su carácter para mantener su consistencia en las coyunturas de crisis y su contribución a la economía y al empleo, garantizando la seguridad y la soberanía alimentaria. Esa característica lo diferencia de los demás sectores que son mas proclives a ser afectados por los vaivenes del ciclo económico. Además de su resiliencia ante los embates de los fenómenos naturales y el cambio climático.

Nelson E. Ramírez Bautista

Economista agrícola

Nelson E. Ramírez Bautista MSc. Economista agrícola. Asesor de la Confederación de Productores Agropecuarios (CONFENAGRO).

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