Ya resulta bastante familiar ir a diferentes lugares donde observamos una dinámica muy parecida a la que describo a continuación:
- Personas que se reúnen, pero no conectan entre ellas.
- Personas que hablan, pero no se escuchan
- Se entretienen, pero no disfrutan
- Gente con muchos seguidores, pero que se sienten solas
- Figuras muy populares, con un amplio trato social y muchos seguidores, pero con poco apoyo humano cuando lo requieren.
- Quienes desean hablar, pero muy pocas personas están dispuestas a escucharles
- Parejas que hoy se aman, y al poco tiempo se repelen
- Ciudadanos que sobre reaccionan ante cualquier situación, pero desean que tengan paciencia con ellos.
- Gente que hoy proclama lealtad patriótica, pero con sus actitudes a diario pisotean los principios soberanos.
¡Bienvenidos a la era digital! La más extraordinaria revolución tecnológica jamás vista en la historia de la humanidad. Durante muchos años se creyó que la brújula, la pólvora y la imprenta fueron los tres grandes descubrimientos que marcaron la diferencia entre un mundo atrasado y uno prometedor y “civilizado”. Todavía suenan las palabras del pensador Francis Bacon, quien en su trinitaria afirmación dijo en el 1620, “los tres grandes descubrimientos que cambiaron la faz del mundo son: la imprenta, la pólvora y la brújula”, (Citado, en Peter Watson, 2013).
Ya mucho antes de la anterior afirmación, el dominio del fuego fue el causante de la primera transformación de la humanidad, ya que permitió atrapar animales, marcar la tierra, cocinar los alimentos, la fundición de los metales y la fabricación de las primeras armas letales, entre ellas la espada. De igual forma fue el fuego que dio paso a la primera forma de comunicación a distancia que consistió en la transmisión de mensajes a través del humo, ¡Cuánto ha llovido desde entonces!
Los grandes avances industriales y tecnológicos han traído históricamente grandes promesas a la humanidad, pero también grandes problemas. El mejor ejemplo es la proliferación de armas de destrucción masiva de estos tiempos, sobre todo aquellas que caen en manos de países dirigidos por líderes irracionales o patológicos.
La falta de conexión emocional que se observa en la humanidad nos trae la pregunta sobre ¿hacia donde se inclina la balanza entre el bien y el mal cuando medimos el impacto de los nuevos avances tecnológicos en el mundo actual?
Jonathan Haidt nos advierte en su libro “La generación ansiosa” sobre los efectos ya demostrados de las nuevas tecnologías, sobre todo el uso de los Smart phones, en importantes dominios humanos, entre los cuales se encuentran: el aspecto cognitivo, social, afectivo e interpersonal. Ya se observan enfermedades mentales y problemáticas psicosociales que antes no se veían, entre ellas: el porno digital, el sexting, acoso digital y las adicciones a las nuevas tecnologías; ahí agrego el surgimiento de grupos dogmáticos que se oponen a conquistas sociales y que promueven el sexismo y la misoginia en contra de las mujeres, abusando de los medios digitales, por tan solo mencionar algunos.
Otros autores, entre ellos, Mario Vargas Llosa, Symunt Bauman y Humberto Eco, en diferentes obras describen las tendencias de estos tiempos relacionadas con la banalización del pensamiento, la desconexión afectiva y la frivolidad, tres marcas invisibles de los daños ocultos que hoy se exploran en relación al mundo de la inteligencia artificial y otras tecnologías que disfrutamos hoy. .
El primero de ellos, Mario Vargas Llosa, fue bastante contundente en su obra La Civilización del Espectáculo, al decir, “estamos llevando a la práctica la idea temeraria de convertir en bien supremo nuestra natural propensión a divertirnos. En el pasado la cultura fue una especie de consciencia que impedía dar la espalda a la realidad. Ahora, actúa como mecanismo de distracción y entretenimiento”.
El escritor polaco, Symunt Bauman, por su parte, nos habla de la modernidad líquida, metáfora donde cuestiona la ausencia progresiva en estos tiempos de personas sólidas cuyas vidas se caracterizaban por una identidad personal coherente, racional y estable. Califica al mundo actual como una “reinvención del mundo como compulsivo, obsesivo y adictivo”.
Por su parte Humberto Eco nos presenta su nostalgia sobre aquellos años donde las personas nos esforzábamos para destacarnos en algo que era apreciable y valioso para la sociedad. Cuestiona que hoy la dinámica ha cambiado puesto que la tendencia es sencillamente a conformarnos con estar en la “boca de todos”.
Al reflexionar sobre las protestas de los autores citados, nos parece interesante establecer un paralelismo entre sus ideas y algunos indicadores actuales que las confirman, entre ellos:
- Distancia emocional y afectiva en los hogares
- Largas horas de dedicación al día a las redes sociales y otras herramientas digitales en detrimento de la conexión con nuestros seres más cercanos.
- Mas propensión al aburrimiento cuando nos involucramos con tareas o actividades normales dentro de las dinámicas sociales y familiares.
- Tendencia a la impulsividad en nuestras respuestas al momento de resolver los conflictos y problemas normales de la vida.
- Establecimientos de vínculos emocionales frágiles y superficiales en las relaciones amorosas.
- Hacer cualquier cosa por ridícula que sea con tal de monetizar o recibir, aunque sea una limosna de atención.
- Degradación de los valores centrados en el respeto a la dignidad de las personas
- Falta de disponibilidad, capacidad de responder o de involucrarnos cuando somos necesarios para otros o son los demás los que necesitan de nosotros.
Los recursos socialmente aceptados y que por demás tienen un lado bueno de utilidad, raras veces son percibidos como peligrosos. De ahí que las manifestaciones anteriores, suelen ser muy poco tomadas en serio, a pesar de su impacto en la calidad de las relaciones y las vidas personales.
De ahí que, para finalizar este artículo, es necesario llamar la atención con algunas preguntas reflexivas, entre ellas:
- ¿Estamos conscientes de la diferencia entre uso y abuso de las nuevas tecnologías?
- ¿Alguna vez nos hemos detenido a valorar el tiempo que invertimos en el uso de los recursos digitales y los aportes que nos hacen?
- ¿Hemos visto el impacto positivo y negativo que tienen estos dispositivos en la conexión emocional entre nuestros hijos /hijas y nosotros?
- ¿Nos hemos planteado alguna vez reformular nuestra relación con las nuevas tecnologías?
- ¿Estamos satisfechos con nuestra capacidad de conectar afectivamente con los demás, sobre todo nuestros seres queridos?
- ¿Estamos satisfechos con las respuestas afectivas que recibimos de nuestros seres más cercanos?
- ¿Siento que están disponibles, involucrados y que responden cercanamente a mis expectativas cuando necesito que lo hagan?
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