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Sargazo acumulado cerca de la costa de Punta Cana, en República Dominicana, en julio de 2025. Cortesía: Google images

La postal idílica de las arenas blancas de Cap Cana y Punta Cana enfrenta hoy un enemigo silencioso, pero de un olor inconfundible. Lo que hace una década se percibía como un fenómeno errático de la naturaleza, se ha consolidado como la mayor amenaza sistémica para el Producto Interno Bruto (PIB) dominicano: la crisis del sargazo.

Para quienes habitan o vacacionan en enclaves de lujo como la Marina de Cap Cana o Casa de Campo, el problema ha dejado de ser una molestia estética para convertirse en un factor de desplazamiento. La descomposición de estas macroalgas, que en apenas 48 horas tras encallar liberan ácido sulfhídrico y amoníaco, no sólo empaña el paisaje; compromete la salud respiratoria y la calidad de vida. Residentes de zonas exclusivas se han visto forzados a retornar a Santo Domingo durante los picos de afluencia, huyendo de un aire cargado de toxicidad y de un entorno que, lejos de ser paradisíaco, se torna hostil.

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El sargazo acumulado en una playa de Punta Cana, en julio de 2025. Cortesía: Google images

La hotelería no solo lucha contra la percepción del viajero, sino contra una hemorragia financiera. Según datos de ASONAHORES, un solo complejo puede llegar a invertir hasta US$70,000 mensuales únicamente en logística de recolección. Si sumamos la instalación de barreras técnicas cuyo costo supera los US$200,000 por propiedad, estamos ante un "impuesto ambiental" que el sector privado está pagando para mantener a flote la industria más importante del país.

A pesar de los esfuerzos gubernamentales, como la inversión del MITUR en 2021 de US$6 millones para barreras y los RD$50 millones en maquinaria especializada entregados en 2023, la respuesta institucional se percibe aún como reactiva. La verdadera batalla no se ganará en la orilla, sino en la planta de procesamiento.

La industria turística dominicana ha asumido una carga económica que pone en riesgo su rentabilidad a largo plazo. De acuerdo con datos proporcionados por la Asociación de Hoteles y Turismo de la República Dominicana la gestión individual de esta plaga representa un gasto operativo que oscila entre los US$ 30-70,000 mensuales por cada propiedad hotelera. Este presupuesto se destina exclusivamente a la recolección mecánica o manual el transporte de la biomasa y su disposición final en terrenos que muchas veces no cumplen con las normativas ambientales necesarias para prevenir la lixiviación de metales pesados hacia los acuíferos.

El paradigma está cambiando hacia la Economía Circular. La versatilidad del sargazo es sorprendente si se aplica la tecnología adecuada:

-Energía: Producción de biogás y biocombustibles mediante digestión anaeróbica.

-Construcción: Fabricación de bloques ligeros y materiales sostenibles que reducen la huella de carbono.

-Moda y Cosmética: Extracción de pigmentos para textiles y compuestos bioactivos con potencial antitumoral en la farmacéutica.

-Agricultura: Fertilizantes y suplementos proteicos liderados por proyectos como SOS Biotech y BioCell Pro.


La academia, con universidades como UNAPEC a la vanguardia, y centros regionales como Carbonwave C-Combinator en Costa Rica, coinciden en que el potencial está ahí. Sin embargo, República Dominicana se encuentra en una encrucijada: continuar gastando millones en enterrar el problema o invertir en la infraestructura necesaria para industrializarlo. Lamentablemente los intentos locales han sido muy tímidos, y no serios objetivamente frente a la amenaza actual. Se han quedado en intenciones locales, pero no se han elaborado políticas estatales para resolver el problema. Se necesitan expertos, y no amaters en la materia, que asesoren al gobierno, y les orienten de los pasos a dar frente a esta situación catastrófica. 

El sargazo puede ser la plaga que destruye nuestras playas o la materia prima que diversifique nuestra economía. La diferencia radicará en la agresividad con la que el Estado y la industria turística decidan pasar de la limpieza manual a la biotecnología a gran escala.

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Cortesia: TecScince, Tecnológico de Monterrey.

La crisis del sargazo en la República Dominicana representa un desafío multidimensional que pone a prueba la capacidad de innovación del país. No podemos seguir tratando este fenómeno simplemente como una molestia estética que debe ser enterrada u ocultada. El sargazo es en realidad un recurso natural inexplorado que podría diversificar la matriz productiva de la nación.

Para asegurar el futuro de destinos como Bávaro, Punta Cana y Cap Cana, Bayahibe es imperativo transitar hacia un modelo donde la recolección se realice preferiblemente en alta mar para evitar la descomposición en las costas y la liberación de toxinas. El país tiene la oportunidad de liderar la región caribeña no sólo como receptor de turistas sino como exportador de biotecnología marina.

El compromiso debe ser total la industria turística, las instituciones gubernamentales y la comunidad científica deben unificar esfuerzos para convertir esta plaga en el nuevo oro marrón del Caribe asegurando así la protección de nuestro ecosistema y la prosperidad de las futuras generaciones. La transición de un problema ambiental a una oportunidad de negocio verde no es solo posible sino necesaria para la sostenibilidad de la República Dominicana.

Richard Moreta Castillo

Prof. Richard Moreta, Arquitecto, Urbanista del Mundo del Diseño. Seleccionado en ARCH 20 / NEXT 7 ARQUITECTOS MÁS INFLUENCIALES DEL MUNDO. El Prof. Moreta fundó RA+D (Richard's Architecture+Design) para desarrollar diseños que sean programática y técnicamente innovadores, ya que son conscientes de los costos y los recursos. Recientemente nombrado por ARCH20 en su concurso Design Award Next_7 como uno de los arquitectos globales más influyentes. Richard fue nombrado por la revista Bloomberg de Nueva York, uno de los protegidos más exitosos de Jacques Fresco, y reconocido por los ganadores de los premios Hospitality en el concurso Radical Innovation como ganadores de "¿Cuál es la gran idea?", se encuentra entre las 100 personas más creativas de Fast Company en Diseño, y ha recibido una serie de medallas y premios en varios concursos internacionales (por ejemplo, American Institute of Architecs), así como en servicios civiles. Además de supervisar su práctica en Moscú, tiene oficinas de campo en América del Norte, América del Sur, el Caribe, Europa, Medio Oriente y Asia. Ha enseñado en BAUHAUS University, University of South Florida, NABA, FUTURARIUM y otras universidades internacionales en el Caribe y México, así como profesor honorario en varias otras universidades. Es un orador público frecuente en el Congreso Internacional de Arquitectura y su trabajo ha sido publicado en todo el mundo.

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