En la práctica del Estado, no todas las decisiones se toman con información completa ni en contextos de certeza. Por el contrario, una parte importante del ejercicio del poder consiste precisamente en actuar cuando el panorama no es del todo claro. La incertidumbre no es una anomalía: es una condición permanente.

En esos contextos, la diferencia no la marca la cantidad de información disponible, sino la calidad del criterio con el que se interpreta. Gobernar no es esperar a que todo sea evidente, sino decidir con responsabilidad aun cuando no lo sea. La búsqueda de certeza absoluta suele conducir a la inacción o a respuestas tardías. Y en el ámbito público, no decidir a tiempo también genera costos: oportunidades que se pierden, vulnerabilidades que se acumulan y confianza que se erosiona.

Esto no implica actuar de manera impulsiva ni sustituir el análisis por intuición. Implica algo más exigente: sostener una dirección incluso cuando el entorno es incierto. La planificación ayuda a ordenar el pensamiento, pero no elimina la necesidad de decidir en condiciones imperfectas.

En ese sentido, el criterio se convierte en un activo central. No como una cualidad abstracta o meramente individual, sino como la capacidad de ponderar riesgos, reconocer límites y actuar con sentido de proporción. La solidez de una decisión no depende únicamente de su resultado inmediato, sino de su capacidad de sostenerse frente a escenarios cambiantes.

La experiencia de países como Japón ofrece una referencia útil. En distintos momentos, su toma de decisiones ha privilegiado la prudencia, la gradualidad y la consistencia, incluso en contextos de presión externa o de cambios acelerados. No se trata de evitar la incertidumbre, sino de no permitir que esta dicte el rumbo. Decidir sin precipitación, pero también sin parálisis.

En un entorno internacional cada vez más complejo, esta capacidad adquiere mayor relevancia. Los países están expuestos a dinámicas que no controlan por completo, pero que deben saber interpretar. En ese contexto, la previsibilidad no surge de eliminar la incertidumbre, sino de la coherencia con la que se decide dentro de ella. La reacción constante ante la presión del momento puede ser necesaria, pero difícilmente construye rumbo.

El riesgo, en estos escenarios, no es equivocarse —eso es inevitable en algún grado—, sino perder dirección. Cuando las decisiones responden exclusivamente a la presión del momento, el Estado se vuelve reactivo. Y un Estado que solo reacciona termina cediendo la iniciativa.

Por eso, decidir cuando no todo es evidente exige algo más que información. Exige formación, experiencia y una comprensión clara de lo que se quiere sostener en el tiempo. No se trata de acertar siempre, sino de mantener una lógica de decisión que permita corregir sin desorientarse.

Al mismo tiempo, ese criterio debe sostenerse en marcos que lo orienten y lo contengan. Sin referencias claras, puede derivar en arbitrariedad o en decisiones que, aun bien intencionadas, carecen de consistencia. Por eso, los Estados que logran sostenerse en el tiempo no dependen únicamente de decisiones acertadas, sino de la forma en que organizan y refinan su propio proceso de decisión.

Al final, la solidez de un Estado no se mide por su capacidad de evitar la incertidumbre, sino por la forma en que decide dentro de ella. Es ahí donde el criterio deja de ser una cualidad individual y se convierte en un atributo institucional.

Robert Takata

Embajador RD en Brasil

Robert Takata es Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República Dominicana en Brasil y diplomático de carrera, con formación en Derecho, Relaciones Internacionales, Diplomacia, así como con maestría en Alta Gestión Pública por la PUCMM y la ENA de Francia. Ha ocupado diversos cargos en el servicio exterior, incluyendo Embajador en Japón con concurrencias en Australia, Nueva Zelanda, Indonesia, Singapur y Tuvalu, promoviendo la cooperación económica, tecnológica y cultural. Su trayectoria combina experiencia en integración regional, cooperación, geopolítica, liderazgo académico, conferencista y columnista, destacándose por su visión global, capacidad de innovación y compromiso con proyectar a la República Dominicana como un actor moderno y confiable en el escenario internacional.

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