Después de referirme a la evolución de ciertas ideas en la música popular de los Estados Unidos, viene la FNL con su invitación a que Bad Bunny cante en el medio tiempo del Super Bowl y me da la oportunidad de referirme a la evolución de la valoración musical de los caribeños e hispanoparlantes en el territorio continental de los Estados Unidos.
Vamos a salir de lo político-personalista rápidamente: la animadversión pública entre Bad Bunny y Trump viene del año 2017, cuando el huracán María y el manejo menos que ideal que hizo la administración federal de ese desastre. Trump, que en eso se parece a Joaquín Balaguer, recuerda las ofensas. Así fuera una aparición en un programa de televisión, la recepción de premios o el cantar en un espacio de mucha visibilidad, nada viniendo de este hombre del espectáculo le iba a parecer bien al ocupante del despacho oval. De su lado, Bad Bunny mismo reconoce que no hace coreografías muy originales, que algunas de sus grabaciones son apenas canciones (“El apagón” lo dice hasta en la letra: “Yo creo que la gente sabe que esto es algo informal”) y las personas que lo admiran mencionan que su manejo de la voz no es excepcional. Donde él es bueno es en el reconocimiento de los sentimientos y en el apego a la patria, algo que comparte con Trump.
Ha habido puertorriqueños en Nueva York desde la época en que la isla era colonia de España. De hecho, la bandera de Puerto Rico se diseñó en esa ciudad antes de que los abuelos de Trump salieran de Alemania y de Escocia. Y porque en la gran manzana ha seguido habiendo muchos puertorriqueños fue que en 1957 un bailarín y coreógrafo que quiso hacer una versión moderna y bailable de Romeo y Julieta concibió West Side Story, un romance entre bandas rivales, una de ella compuesta únicamente de puertorriqueños. Esa década de los cincuenta trajo visibilidad a artistas de origen puertorriqueño como Chita Rivera y Rita Moreno, quienes le dieron vida a la María de West Side Story y consiguieron también otros papeles después.
En ese mismo siglo llegaron también otros caribeños que poco a poco fueron dejando su impronta en el área de la música “mainstream” como Bob Marley y Celia Cruz. Esta última es, hasta ahora, la que más ha interactuado con presidentes de los Estados Unidos (cantó para Carter, participó en eventos con ambos presidentes Bush, Clinton le entregó una medalla). Y si bien la música caribeña y en español en los Estados Unidos empezó en Nueva York y Miami, poco a poco, por decisión de sus intérpretes – que a menudo usaban el inglés como “crossover”- así como por la aceptación del público (Ricky Martín en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, Gloria Estefan donde ella quisiera, Shakira desde antes de la copa FIFA 2010), el resultado es que cuando a Benito Martínez lo invitaron a cantar en el medio tiempo del Super Bowl, no fue para hacerle un reconocimiento a los puertorriqueños en un espacio importante en su país, sino porque en estos últimos meses él ha sido uno de los cantantes más escuchados globalmente y, siendo él como es, fue más lejos que Jennifer López dieciséis años antes en su aparición en el mismo espacio.
Ella había exhibido una bandera puertorriqueña y denunciado las jaulas donde encerraban migrantes en la frontera. Lo que este artista ofreció fue un condensado de sociología, historia y geografía en 13 minutos: la caña de azúcar, los barrios, los caseríos, los pequeños comerciantes, la diversidad racial y de países, el respeto a las mujeres (ahí yo no estoy tan convencida, pero, bueno, él dice que esa es la intención de “Ella perrea sola”), el apego a la familia (mención a la abuela, inclusión de un niño durmiendo en dos sillas mientras los grandes bailan, la boda, el dominó), la bandera de la mayoría de los países del continente, algo que halagó mucho a los canadienses. ¡Y lo hizo en español!
Sorprendentemente, hasta funcionarios de Trump entendieron y acogieron el mensaje. A menos de una semana de ese espectáculo escuchamos al secretario de Energía de los Estados Unidos, Christopher Wright, hablar de “las Américas”. El mundo ciertamente está cambiando.
Compartir esta nota
