Recientemente se publicó en los medios de comunicación y redes sociales el caso de la niña de tres años, Brianna Genao, que estuvo desaparecida desde el 31 de diciembre. Fue víctima de secuestro, violación sexual y homicidio por dos tíos, hermanos de su abuela.
Las violaciones sexuales contra niñas y adolescentes menores de 19 años están en aumento según los datos que ofrece la “Encuesta nacional de agresiones sexuales contra la mujer” (CIPAF 2024). El estudio evidencia un aumento significativo de la tasa de casos de violencia sexual en las niñas y adolescentes entre 10 y 19 años, pasó de 13 en 2013 y 2019 a 20 en el 2022, aumento de un 53.8%. Igualmente se presenta el aumento en la tasa de violencia sexual en niñas de 5 a 9 años con relación a 5 años anteriores.
Resulta preocupante este incremento y el ejemplo de ello son los casos ocurridos en el año 2025 de varias niñas menores de 10 años que fueron violadas por familiares y personas cercanas y este caso ocurrido en Puerto Plata de una niña de 3 años con sus tíos, depredadores sexuales y homicidas.
El tratamiento del caso de abuso sexual de la niña de Puerto Plata en las redes sociales está marcado (como en muchos casos anteriores) por la culpabilización de las mujeres cuidadoras disminuyendo e invisibilizando la responsabilidad de los que cometieron la violación sexual y el crimen contra la niña.
Este abordaje desvía la atención sobre las causas de las violaciones sexuales contra niñas y adolescentes perpetradas por hombres que son parte de su familia que aprovechan las relaciones primarias y de confianza para secuestrarlas y agredirlas sexualmente.
Como sociedad no nos cuestionamos este comportamiento reiterativo de muchos hombres que son pedófilos y están en las familias aprovechándose del permiso cultural que le da su relación familiar con las víctimas para ser ignorados, desconociéndose los riesgos desde esta cercanía cotidiana que corren las niñas y adolescentes en ese entorno, que es fundamental en su crecimiento y protección.
Los mensajes que circulan en centros educativos y en el ámbito social de prevención frente a ls violaciones sexuales no toman en cuenta a los principales perpetradores (familiares) sino que se refieren a “hombres extraños”. La existencia de multiples casos de agresiones sexuales hacia niñas y niños desde estas relaciones familiares supone una revisión de estas orientaciones.
El abuso sexual es invisible y legitimado. No se denuncia, no se registra por su normalización histórica y social. Solo aparece en escándalos públicos como el ocurrido recientemente.
El manejo de la información sobre el caso de la niña abusada y asesinada en las redes sociales y la opinión pública está afectado por los elementos señalados. El imaginario machista en el que los hombres se socializan donde la mujer se convierte en objeto sexual y el hombre tiene permiso de tocar y agredirla si ella lo provoca o está “sola” le da sostén a la impunidad histórica y continua del abuso sexual y su normalización. Seguir identificando a las mujeres, niñas y adolescentes como responsables sigue reproduciendo su victimización e invisibilizando la responsabilidad masculina de los agresores.
Erradicar los abusos sexuales es una tarea de toda la sociedad, para ello urgen procesos dirigidos a generar cambios de comportamiento en la población masculina para erradicar sus conductas de acoso y agresión sexual en las que se identifica a las niñas, adolescentes y como objeto-presa sexual. Ningún hombre o adolescente tiene permiso para agredir sexualmente a ninguna niña, adolescente o mujer independientemente de que este sola o acompañada, vestida o desnuda. Enseñar el respeto al cuerpo de las mujeres, niñas y adolescentes debe ser una prioridad de Estado y de todos los sectores de la sociedad.
La protección de niños, niñas y adolescentes le corresponde a las familias (padres, madres, personas adultas responsables), sistema educativo en la enseñanza de los derechos de la niñez y adolescencia así como de educación sexual, instituciones religiosas-comunidades y sobre todo el Estado en todas sus instancias que debe velar porque el sistema de protección sea efectivo así como romper con la impunidad ante los crímenes y delitos que se perpetran contra niñas, adolescentes y mujeres continuamente.
Este articulo fue publicado originalmente en el periódico HOY
Compartir esta nota