Revisando un video del presidente Joaquín Balaguer en visita oficial a la Casa Blanca cuando Ronald Reagan era presidente, pensé que el salto del mundo del espectáculo a la política no es nuevo.  

En América Latina tenemos numerosos artistas que luego se acercaron al mundo de la política: Rubén Blades pasó de cantante a candidato presidencial y eventualmente se desempeñó como ministro de Turismo de Panamá. Gilberto Gil, también músico y compositor, fungió luego como ministro de Cultura de Brasil.  Ni hablar del Caballo Mayor, Johnny Ventura, que combinó la interpretación de sus ritmos con ser miembro de la Cámara de Diputados y alcalde de Santo Domingo. También está la venezolana Irene Sáez, que pasó de ser Miss Universo a alcaldesa de Chacao y precandidata presidencial en una contienda donde resultó vencedor Hugo Chávez.  

Más al norte también tenemos ejemplos muy diversos de interacción entre el mundo de la fama y una participación posterior en la política. Cuando Reagan pasó de ser actor de películas a representar el papel de presidente, mantuvo constantemente el interés de personificar a un hombre elegante y simpático.  La capacidad de Donald Trump de identificar lo que atrae al público y su interés por los ratings ha llegado tan lejos que ha mantenido al mundo pendiente de opiniones que, en realidad, a veces son nimias y no tendrían por qué ocupar tanto espacio público.   

Al Franken, un comediante profesional que durante más de veinte años estuvo haciendo chistes en el programa Saturday Night Live, se involucraba tanto en la redacción de las escenas en las que le tocaba intervenir que eventualmente hizo una salida temporal de la comedia hacia el comentario radial.  A los pocos años cruzó el umbral definitivamente y pasó de ser simpatizante del partido demócrata a buscar y obtener el puesto de senador por el Estado de Minnesota. Durante diez años estuvo hablando frente a las cámaras en ese rol y ninguna de las grabaciones de sus múltiples intervenciones en la Cámara Alta hacían pensar en que ese hombre había sido tan divertido en el pasado. Especialmente recuerdo lo preparado, beligerante y acucioso que se le veía cuando interrogaba a una candidata a secretaria de Educación en proceso de confirmación senatorial.  En ese momento él recibía la atención de muchos, pero era consciente de que su función no era entretener sino contribuir a que el sistema educativo de su país estuviera dirigido por una persona idónea para el puesto.

Al Franken, senador por el Estado de Minnesota. Fuente externa.

Farándula y política tienen el denominador común de la facilidad del contacto con el público y la conciencia de las preferencias de la audiencia.  En ambos casos el asunto es poder unir visibilidad con un propósito encomiable y desde allí, hacer un buen trabajo.

Contrariamente a la impresión que tenemos fuera de su país natal, el Ecuador, Abdalá Bucaram (presidente legítimo por unos meses entre 1996 y 1997), no fue un cantante que se enganchó a candidato y luego generó mucho rechazo al punto de ser removido.  No, su trayectoria pública primera fue como funcionario en cargos medios que no le tuvo ningún miedo al micrófono. Así se ha mantenido.  En una de sus recientes intervenciones públicas se atrevió a distribuir por una red social su entusiasmo al cantar ¡con gallos!   Hasta se excusó por adelantado porque sabía que el resultado final no iba a ser de primera calidad.  Simplemente, no parece importarle que su desempeño no sea el mejor.

Jeanne Marion Landais

psicóloga y escritora

Jeanne Marion-Landais cuenta con una experiencia profesional importante en el mundo financiero y diplomático. Ha vivido en Estados Unidos, Francia y República Dominicana y su mirada al mundo está permeada por sus vivencias en estos países. A título voluntario colabora desde el 2014 con El Arca, asociación en torno a la discapacidad intelectual. Es madre de dos hijos.

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